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TAL DÍA COMO HOY

Ramón María del Valle Inclán fue uno de los asiduos al Café de la Montaña, antiguo Café Imperial.
Ramón María del Valle Inclán fue uno de los asiduos al Café de la Montaña, antiguo Café Imperial. (Foto: MDO)

El café en el que Valle-Inclán perdió un brazo

martes 04 de septiembre de 2018, 07:53h
El 4 de septiembre de 1864 se inauguraba en el número 1 de la Puerta del Sol el Café Imperial, conocido posteriormente como Café de la Montaña, lugar de tertulia de los intelectuales de la segunda mitad del siglo XIX, muchas de ellas tan vehementes y acaloradas como la que le costó un brazo al dramaturgo Ramón María del Valle-Inclán.

Quien hoy entra en el local del número 1 de la Puerta del Sol lo hace para inclinarse sobre la pantalla del último gadget de Apple. Sin embargo, su privilegiada situación entre la calle Alcalá y la Carrera de San Jerónimo invitaba, a mitad del sifglo XVIII más bien a mirar hacia afuera. Al menos eso es lo que hacían los clientes del Café Imperial, inaugurado el 4 de septiembre de 1864 en el bajo de uno de los nuevos edificios de la por entonces recién remodelada Puerta del Sol: sentarse a contemplar, a través de sus enormes ventanales, las idas y venidas de la vida madrileña en su centro neurálgico, acalorarse en tertulias de todo tipo de asuntos o disfrutar sin más de uno de los locales más lujosos del Madrid de la época.

El Café Imperial se instaló en el bajo del famoso Hotel París, en el edificio posteriormente famoso por lucir durante muchos años el icónico cartel del Tío Pepe, construido en el solar que dejó la antigua iglesia del Buen Suceso. En una época en la que los cafés proliferaban por la ciudad como puntos de reunión, el Imperial era el más amplio: ocupaba casi 7.000 pies cuadrados, la totalidad de la planta del edificio a excepción de una pequeña parte que albergaba una sala de juegos. De techos elevados, contaba con 16 puertas que daban a la Puerta del Sol, la calle Alcalá y la Carrera de San Jerónimo y generaban corrientes por las que se rebautizó popularmente al lugar 'Café Pulmonía'.​ Las arañas colgantes de techo brillaban con luz por gas para iluminar sus 80 mesas de mármol y sus seiscientas sillas tapizadas. Cincuenta dependientes daban vida a un centenar de cafeteras, cincuenta garrapiñeras (máquinas para hacer helado) y otras tantas teteras que funcionaban de día y de noche en el Imperial.

La decoración imitaba, a base de molduras y adornos de cartón piedra, el estilo Luis XV, con una pomposidad y un lujo que gustaba a los grupos de políticos, escritores o músicos que comenzaron a reunirse en su interior, especialmente por la noche.

Su inauguración ese 4 de septiembre tuvo tal éxito que no se pudo cerrar el local hasta las ocho de la mañana del día siguiente. Cuentan que la recaudación del día de su apertura fue de 86.000 reales -para hacerse una idea, el alquiler del local durante todo el año costaba 280.000-, aunque también que los camareros echaron en falta hasta un diez por ciento de las doradas cucharillas de café, valoradas en 20 reales cada una, sustraídas en esa maratoniana jornada inaugural.

La Antesala del Saladero, una de las más conocidas tertulias de la época, se asentó en el Imperial. Muy controvertida, adoptó ese nombre porque muchos de sus habituales eran poetas, periodistas y escritores y publicaban artículos subversivos para garantizarse alojamiento y comida en la cárcel (El Saladero de la plaza de Santa Bárbara, fue la cárcel de Madrid durante el siglo XIX).

Cierre y resurgimiento como La Montaña

A pesar abrirse a nuevas actividades, como sus afamados conciertos de música española, el Café Imperial comenzó una época de declive a partir de 1888. Poco a poco, fue reduciendo su espacio, que se iba alquilando a otros negocios, hasta desaparecer por completo en 1893. Tres años después, su germen renació en la misma ubicación, aunque con un tamaño menor, como Café de la Montaña.

Fue ya en esta época de La Montaña cuando ocurrió el suceso por el que siempre será recoraddo este café madrileño: el enfrentamiento en una tertulia entre el dramaturgo Ramón María del Valle-Inclán y el periodista Manuel Bueno, que tuvo como consecuencia la pérdida del antebrazo izquierdo del autor de Luces de Bohemia.

La disputa tuvo lugar en julio de 1899 y se centró sobre el desafío concertado entre un dibujante portugués residente en Madrid llamado Leal da Cámara y un muchacho español, López del Castillo. Valle-Inclán, presente en el café, comenzó a animar a los tertulianos con detalles del duelo que entre ambos iba a tener lugar. En ese momento entró el periodista Manuel Bueno y alegó que aquel duelo no podía producirse porque el portugués era menor de edad. Esta intervención irritó al dramaturgo, que saltó con su conocido: "¡Y usted, ¿qué entiende de eso, majadero?!", esgrimiendo una botella de agua. Bueno le golpeó en el brazo izquierdo con su bastón. La herida de Valle-Inclán se infectó hasta el punto de que hubo que amputar el brazo días después.

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