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MADRID MISTERIOSO

Colegiata de San Isidro
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Colegiata de San Isidro (Foto: Álvaro Martín)

San Isidro: un labrador muy enigmático

lunes 14 de mayo de 2018, 08:32h
El patrón de Madrid tuvo una peculiar vida llena de sucesos extraños que no cesaron a su muerte, algunos de los cuales merecen ser contados entre estas páginas.

Posiblemente nació en 1082, a punto de ser definitivamente tomada la villa por Alfonso VI, lo que da origen al primero de sus misterios: ¿de dónde procedía Isidro? Unos dicen que fue mandado a Madrid desde León por Alfonso VI, como tantos otros, para repoblar la ciudad tras las guerras de reconquista cristiana; otros le adjudican un origen árabe o mozárabe (cristianos que viven en territorios conquistados por los árabes); habiendo también dudas sobre si su origen era humilde o procedía de una cuna más noble, decidiendo dedicarse a la labranza para, como dicen las escrituras, ganarse el pan con el sudor de su frente. El segundo misterio del santo viene de su físico y salud, envidiables para la época. De ser cierto su año de nacimiento, y habiendo fallecido en 1172, vivió la friolera de noventa años, algo bastante inusual por aquel entonces, al igual que su estatura: a juzgar por sus restos debió medir más de 1,80 metros. Su longevidad constituyó todo un privilegio que aprovechó muy bien para obrar una larga lista de milagros. Además, después de muerto, su cuerpo no sucumbió a la degradación natural post mortem, gozando de una conservación relativamente buena.

Isidro Merlo, que así se llamaba, sirvió en varias casas como labrador, siendo tal vez la más famosa la de los Vargas, poderosa familia del Madrid medieval. De hecho, uno de sus milagros más narrados tiene que ver con su patrón Iván de Vargas. De Isidro se reconocen especialmente sus habilidades como labrador, siendo este santo al que se deben encomendar los creyentes cuando quieren que haga buen tiempo –especialmente los agricultores– con la plegaria «San Isidro labrador, quita el agua y pon el sol». Pero, hablando de agua, era también un experto zahorí y pocero, especialmente bueno hallando manantiales por doquier, así que no solo quitaba el agua cuando así se le requería, sino que también la ponía.

Un buen día había llegado a oídos de su amo que el labrador no estaba trabajando, sino que se pasaba las mañanas rezando en el campo, o peregrinando de iglesia en iglesia para honrar a Dios. ¿Cómo afectaría esto a su productividad? Decidido, Iván de Vargas acudió a los campos situados donde hoy tenemos el paseo de la Ermita del Santo, ocultándose tras un montículo para ver qué estaba pasando, y si era verdad que había dejado de trabajar. La respuesta era sí, y a la vez no. Efectivamente, Isidro Merlo estaba rezando, pero su labranza, lejos de detenerse, ¡estaba siendo realizada por ángeles! Otra versión del milagro nos cuenta que el campesino trabajaba a destajo, y que además a su lado había dos azadas que labraban solas, como por arte de magia, ayudando al santo y compensando haber comenzado tarde el trabajo –cuando el sol estaba bien alto– por haber ido antes a orar. Sea como fuere Iván quedó absolutamente convencido de que «el de arriba» estaba de parte de Isidro, y no pudo más que cesar toda sospecha y rendirse en un profundo respeto a su devoto trabajador.

No contento con esto, por si tuviera algo más que demostrar acerca de sus dones milagrosos, en cierta ocasión que su señor llegó preso de una acuciante sed, bastó con dar unos golpecitos en un secarral para que empezara a brotar de allí un agua magnífica que se hizo muy popular, llegando a oídos de la corte. Con el paso de los siglos, el rey Carlos I y su hijo el príncipe Felipe tuvieron conocimiento del mágico manantial, que además curó una enfermedad del futuro monarca, aplacando unas terribles fiebres que, dicen, también contrajo el propio emperador. Su madre, la emperatriz Isabel, decidió honrar la memoria del santo mandando erigir en 1528 la ermita que hoy podemos ver junto a la fuente milagrosa. Actualmente no faltan los madrileños que acuden, botella en mano, para pedir un poco de este elixir que funciona a la perfección casi mil años después. La festividad de San Isidro, patrón de Madrid, es el 15 de mayo, fecha en que muchos madrileños acuden a la pradera dedicada al santo para pasar una jornada lúdica vestidos con los tradicionales trajes de chulapos, comiendo rosquillas y probando un poco de las milagrosas aguas. Conoceremos algunos más de sus enigmas, como si fue o no un santo templario, en próximas entregas de #MadridMisterioso.

Álvaro Martín es guía de Rutas Misteriosas y autor del libro Enigmas y misterios de Madrid (Almuzara). A la venta en junio.

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