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Teatro María Guerrero
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Teatro María Guerrero (Foto: Antonio Castro)

Siglo y medio de María Guerrero

sábado 15 de abril de 2017, 23:00h
El 17 de abril de 1867 nacía en Madrid María Ana de Jesús Guerrero Torija, quien veinte años más tarde, sería conocida simplemente como María Guerrero. El Centro Dramático Nacional va a recordar el aniversario con varios actos en su sede, el teatro que lleva el nombre de la actriz. Comenzarán el lunes 17 con el descubrimiento de una placa y una ofrenda floral en el cementerio de La Almudena.

Ramón Guerrero era un maestro tapicero de origen granadino que, por razón de su negocio y oficio, estuvo muy relacionado con los teatros madrileños. El año 1868, siendo empresario Manuel Catalina, participó en una notable reforma del teatro Español. Durante el verano de 1882, se encargó de empapelar la sala y tapizar las butacas, todo en blanco, rojo y oro. Casi finalizado el siglo, en 1894, espoleado por su hija María, se presentó al concurso para la gestión del teatro municipal, consiguiéndola por el plazo de diez años. Al entrar a programar vieron que el Español necesitaba una gran reforma y se la encargaron al arquitecto Pablo Aranda. De esa época data la actual imagen y disposición de los vestíbulos del teatro. Los Guerrero se gastaron 150.000 pesetas en las obras. No llegaron a cumplir el plazo otorgado porque el Ayuntamiento les rescindió el contrato en 1899. Para entonces su hija María ya era una actriz reconocida en la capital española.

María Guerrero, la mayor de los tres hijos de don Ramón, recibió una exquisita formación francesa, además de estudiar interpretación con Teodora Lamadrid, una de las grandes divas del siglo XIX. La señora Lamadrid fue esposa del director de orquesta Basilio Basili. Quizá por esa influencia María también aprendió a cantar con gusto. La joven debutó en el teatro de La Comedia en 1885, a los 17 años. El público y los autores pronto se rindieron a su empuje y talento. Cinco años más tarde se presentó en el Español. En 1896 contrajo matrimonio con un aristócrata venido a menos: Fernando Días de Mendoza, conde de Balazote. Fernando había enviudado de la hija del José Serrano el ‘general bonito’ de Isabel II. Tenía el general en su palacete un teatrito bautizado con el nombre de Ventura, su hija y esposa del noble. Allí Fernando apareció como actor aficionado. Cuando el viudo decidió profesionalizarse, se produjo un gran escándalo en la nobleza.

El matrimonio Díaz de Mendoza-Guerrero se convirtió en el empresario más poderoso y taquillero de la escena española. Los grandes autores de final del XIX y principio del XX les dieron sus mejores comedias. Pero no solo fueron empresarios de compañías. En 1909 compraron el teatro de La Princesa, construido en 1885 y de trayectoria errática hasta entonces. Le construyeron un piso más donde montaron su domicilio suntuoso. No escatimaban gastos, ni en su vida privada ni en los montajes escénicos, con especial predilección por el Siglo de Oro. El teatro acabaría llamándose María Guerrero al comienzo de la II República.

Otra de sus empresas más osadas fue la construcción del teatro Cervantes de Buenos Aires, para el que llevaron la mayor parte de los elementos desde España. Su fachada reproduce fielmente la de la Universidad cervantina de Alcalá de Henares. La empresa americana les causó la ruina. El teatro acabaría en manos del gobierno Argentino.

No queda nadie que haya visto actuar a la Guerrero. Solo tenemos los testimonios siempre entusiastas de los críticos que la siguieron durante casi cuarenta años. Y la lista de grandes personajes femeninos que crearon para ella Echegaray, Benavente, Marquina… Fue la protagonista de La malquerida, La noche del sábado, Rosa de otoño, Mancha que limpia, Doña María la Brava, Doña Desdenes, La Alondra, Las hijas del Cid… Mujeres escritas a su medida y a las que ella no dudaba en acabar de moldear. Es fama que era capaz de meter la tijera a los textos de los grandes para conseguir el espectáculo que quería. Su esposo, casi siempre con ella en escena, fue también uno de los primeros directores españoles que se preocupó por el rigor a la hora de materializar los textos históricos.

María Guerrero falleció el 23 de enero de 1928. Hasta una semana antes había estado ensayando una comedia de Ardavín: Doña Diabla. No estaban en su teatro de La Princesa, sino en el Calderón. La compañía había estado dos años ausente de España y era el regreso triunfal. Los Reyes acudieron a su reaparición con Vía Crucis, que sería su última interpretación. La muerte a los 51 años conmocionó a España. Su viudo le sobreviviría dos años, no sin haber tenido que vender antes La Princesa por sus problemas financieros.

Los apellidos Díaz de Mendoza-Guerrero estuvieron en el teatro español hasta bien avanzado el siglo XX. El matrimonio tuvo dos hijos, Luis Fernando y Carlos. El marido, además, aportó un hijo del anterior matrimonio: Fernando Díaz de Mendoza y Serrano. Este último debutó en la escena en 1915. Carlos Díaz de Mendoza se casó con la actriz Carmen Larrabeiti. Su hermano mayor, Luis Fernando, contrajo matrimonio con su prima hermana Mariquita Guerrero, hija de Ramón, uno de los hermanos de María Guerrero.

Mariquita Guerrero, sobrina de la diva, fue una primera actriz. Quedó viuda de Luis Fernando en 1942. Este murió en el bombardeo que sufrió el buque Monte Gorbea, en el que regresaba a España. Según la leyenda, al conocer la noticia a Mariquita se le puso el pelo completamente blanco.

Todavía hubo más actores. María Fernanda Díaz de Mendoza, hija de Mariquita y Luis Fernando, debutó en 1949. Tras la muerte del actor Fernando Fernán Gómez, La periodista Rosana Torres publicó en El País un dato hasta entonces supuesto pero nunca confirmado por el difunto. Que su padre era precisamente Fernando Díaz de Mendoza y Guerrero. O sea, nieto de doña María.

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