www.madridiario.es

La venganza de Donald Trump

lunes 27 de febrero de 2017, 08:05h

La ceremonia de los Oscar ha concluido este año elevando a categoría de dogma aquello de que la realidad supera a la ficción. No había un final más sorprendente que inventarse. Quién más quién menos, creyó estar sufriendo alguna alucinación producto de los estragos de ese horario implacable. Que se termine premiando por error a la mejor película y se tenga literalmente que arrebatar la llamada estatuilla de las manos a los atribulados productores para dársela a otros, todo en pleno escenario y en vivo y en directo, ha sido, parafraseando a Woody Allen, “un final made in Hollywood” sin parangón. Y todo ante millones de espectadores, tan súbitamente sorprendidos como los protagonistas, como si esa original broma de hacer entrar por sorpresa a la gala a un grupo de turistas se hubiera llevado al paroxismo. Fue una pena porque fue probablemente de los mejores espectáculos de los últimos años, por fresco, ágil y con un buen rollo que parecía heredado de la que era la gran favorita, el musical “La, La, Land”. Tan ágil y relajado que por lo visto derivó en falta de concentración, igual que les ocurre a esos equipos que no saben mantener el resultado hasta que pita el árbitro. Y fue una pena también porque ni los ya renqueantes Faye Dunaway y Warren Beatty merecían protagonizar ese ridículo ante el mundo entero y menos cuando subían al escenario con motivo del cincuenta aniversario de su legendaria “Bonnie and Clyde”.

Nunca es tarde para una última fechoría.

Y fue también una pena porque, a esa misma hora, Trump, el malvado presidente enfrentado con el gremio, celebraba una fiesta justamente organizada para pasar de todos ellos. ¡Cómo son los americanos ricos y famosos! ¡Saldan sus diferencias a base de saraos! Los cómicos, empero, no habían pasado de Trump y en la ceremonia se metieron hasta con su bronceado sin que faltaran los discursos reivindicativos ante la deriva xenófoba de un mandatario al que, visto lo visto, quizá los americanos también hayan dado ganador por algún error. Así pues, Warren Beatty dando a leer a la Dunaway el sobre equivocado no hizo más que elevar a metáfora espectacular la esquizofrenia en la que vive el país. Lo cierto es que el presidente debe estar descojonándose a estas horas y en los próximos días el cachondeo y el cruce de mensajes pueden ser memorables.

El despropósito debería también rebajar la espontánea acritud con la que a veces juzgamos, con cierta ligereza, malas copias de Hollywood. ¿Qué pasaría aquí si en los Goya se cometiera un error de esas características? Pero lo peor de todo es que, después de esto, ya nadie se fiará de los sobres ganadores ni de los recuentos. En el PSOE ya se lo están currando. ¿Se imaginan?

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios