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CRÍTICA DE CINE

Fotograma de 'Moonlight'
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Fotograma de 'Moonlight' (Foto: BDI)

Moonlight o cómo tumbar el cliché ‘gangsta’ con poesía (y un reparto a la altura)

viernes 10 de febrero de 2017, 08:02h
Llega a las salas madrileñas uno de los títulos favoritos en la carrera de los Oscar: Moonlight, de Barry Jenkins.

MOONLIGHT

Director. Barry Jenkins
País. EEUU
Guión. Barry Jenkins (Historia: Tarell McCraney)
Música. Nicholas Britell
Fotografía. James Laxton
Intérpretes. Trevante Rhodes, André Holland, Janelle Monáe, Ashton Sanders, Jharrel Jerome, Naomie Harris, Mahershala Ali, Shariff Earp, Duan Sanderson, Edson Jean

Sinopsis. Chiron es un joven afroamericano con una difícil infancia, adolescencia y madurez que crece en una zona conflictiva de Miami. A medida que pasan los años, el joven se descubre a sí mismo y encuentra el amor en lugares inesperados. Al mismo tiempo, tiene que hacer frente a la incomprensión de su familia y a la violencia de los chicos del barrio.

Si hay una película que está haciendo una considerable sombra a la aparentemente imbatible La La Land en las quinielas de los Óscar, esa es Moonlight, que viene rodeada de la magia del éxito inesperado. El director Barry Jenkins –que debutó en largo con Medicine for Melancholy en 2008- ha tomado prestados capítulos de su propia biografía –y de la de Tarell McCraneyl, autor de la obra en la que se basa la cinta- para llevarnos por la vida de Chiron, un niño afroamericano de familia desestructurada que crece en los suburbios de Miami. Un consejo: no quedarse con la primera impresión de la sinopsis. Porque lo que podría haber sido una película más de un chico negro que termina convertido en lo que mama inevitablemente de su entorno, es en realidad un ejercicio extremo de ruptura de moldes, un vaciar sentimientos –de forma muy sutil, nada de melodramas- que se encontraban silenciados, un visibilizar personas cuyas historias no se cuentan en el cine. Todo, con un sentido de la poética audiovisual que brilla por su simplicidad.

Jenkins ha hecho un triple salto mortal. Primero, ha conseguido colar una película modesta en primera línea del campo de batalla de Hollywood. Segundo, y después de la polémica racial levantada por las nominaciones de Selma en 2015 y los #OscarSoWhite de 2016, ha posicionado una cinta dirigida por un afroamericano, protagonizada por afroamericanos y sobre un universo –siempre extrapolable- eminentemente afroamericano, como una de las favoritas en la próxima gala de la Academia. Y tercero –el más difícil todavía-, ha retorcido el propio concepto de lo que es el cine afroamericano, indagando precisamente en los márgenes de las historias que los actores y actrices negras suelen protagonizar en la gran pantalla.

Jenkins propone una de las mejores construcciones de personaje del cine de los últimos años

Moonlight estructura la vida de Chiron en tres capítulos: la niñez, la adolescencia y la madurez, en los que habla de la arquitectura de la identidad y propone una de las mejores construcciones de personaje vistas en cine en los últimos años. Las elipsis entre capítulos, sugeridas sin desarrollar, son casi más importantes que lo que se muestra, al menos en lo que sería una narrativa convencional. Y, pese a privarnos de ver en pantalla momentos clave en la vida del protagonista –o quizás precisamente por eso-, entendemos a Chiron y nos importa. Nos quedamos, de hecho, con ganas de más Chiron. Especialmente porque el delicado diseño del personaje en los dos primeros capítulos desemboca en un brillante tercer pasaje, con un protagonista magnético, apasionadamente contradictorio y plagado de rincones en los que perderse una vez irrumpen los créditos y se enciende la luz de la sala. Adiós al estereotipo del ‘gangsta’.

Además del guión, Jenkins se sirve de dos armas fundamentales para que aparezca la magia. En primer lugar, una factura técnica milimétrica. La realización, trufada de primeros planos y cámara en mano, se pega a la piel de los personajes para pasar de puntillas por las historias de barrio conflictivo e ir a lo relevante. Los movimientos de cámara meten al espectador en las entrañas del protagonista y le hacen saber antes de oír o ver. La fotografía y la banda sonora terminan de componer el lienzo. Especial mención merece la escena del baño en el mar de Chiron con el traficante que lo ‘apadrina’, una metáfora visual de la calma en medio de la tempestad, de la mano amiga inesperada que mantiene el cuerpo a flote, a pesar de tener el agua permanentemente al cuello.

Por otro lado, el equilibrio de la cinta hubiera sido imposible sin unas interpretaciones que saben estar a la altura. Ese traficante que habíamos dejado en el agua con Chiron, la doble moral hecha carne cien por cien humana, le ha valido a Mahershala Ali (en un papel en las Antípodas del Remy Danton de House of Cards) la nominación al Oscar como actor de reparto. Igual que a Naomie Harris (Belleza oculta, Sakyfall) en el apartado femenino de la misma categoría, una madre sobrepasada por su adicción al crack. Mientras, los tres actores que interpretan a Chiron en las distintas etapas, Alex Hibbert, Ashton Sanders y Trevante Rhodes, bordan el necesario trabajo de contención que exige el personaje: contar sin apenas frases.

Una joya sorprendente.

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