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El fin de la confusión

En diciembre de 2015 se celebraron las elecciones generales, después de cuatro años en los que el Gobierno presidido por Mariano Rajoy recortó más que nunca los derechos sociales, económicos y de todo tipo de los españoles. Además de dejar las listas del paro repletas de despedidos y a muchos de los desempleados sin prestaciones de ningún tipo, el Ejecutivo de España recurrió a la ‘recortada’ para disparar contra todo lo que representase gasto social. Y lo hacía, ya fuese dejando a la población con menos médicos y a éstos con menos derechos, o a los estudiantes con menos profesores y a éstos con menos medios para educar e impedir que los alumnos con más necesidades no saliesen del sistema. Además de todo esto, salieron a la luz casos de corrupción política más parecidos a métodos de la mafia calabresa (´Ndrangheta) que a equivocaciones de criterio.

El PP perdió más de 60 escaños en el Congreso de los Diputados (de 186 a 123) y el PSOE, de manera incomprensible, pasó de 110 escaños a 90. Los nuevos, conocidos como emergentes, irrumpieron en el panorama político español con 40 diputados de Ciudadanos y con 69 de Podemos y demás aliados coyunturales. Después de repetir todas las formaciones nuevas y viejas aquello de que lo importante era desplazar al PP y a Rajoy de la gobernabilidad y del Palacio de la Moncloa, cuando se presentó la ocasión se desaprovechó porque el que quería ser investido, el hoy ya exsecretario general del PSOE Pedro Sánchez, fue repudiado por Podemos por no escoger a la formación de Pablo Iglesias en vez de a los naranjitos para acordar y por no ser considerado por los que dan carnet de rojo suficientemente de izquierdas. Rajoy, que no aceptó la investidura que recogió Sánchez, podría haber pasado a la historia como el recortador oficial del Reino de España y dejado su puesto a otro.

Desde esas elecciones de diciembre todo se ha visto envuelto en un manto de confusión, que ahora parece que desaparece con la decisión del PSOE de abstenerse en la investidura de Rajoy después de 311 días sin Gobierno en España. Los que no apoyaron a Sánchez en su momento dicen ahora que se podría haber intentado otro gobierno con la presencia de todos menos el PP, pero incluyendo a lo que ellos denominaron “marca blanca” de la derecha y a los que consideran más derechistas que Cánovas del Castillo. Después de las segundas elecciones, en las que la derecha creció en votos y escaños y la izquierda se hizo más enana, todos declararon que cualquier cosas sería mejor que una terceras elecciones. Incluso la candidata de Podemos en el País Vasco dijo que mejor un Gobierno de Rajoy que terceras elecciones.

Eran otros tiempos. Ahora todo lo que parecía confusión se aclara y habrá más PP gobernando y lo que eran consignas de todos contra todos se convierte en el verdadero motor de esta historia. Los que querían echar al PP, dejaron esto en tercer o cuarto lugar y se dedicaron a lo suyo: buscar acomodo en la oposición y desalojar a los que consideran aliados de la derecha para tener más espacio, con lo que las posibilidades de confusión serán menores, porque solo habrá que mirar si cierra el puño o hace el signo de victoria con dos dedos en forma de V para ver su grado de compromiso con la izquierda. En fin, que hay tanta confusión que es difícil aclararse. Además, casi todo es mentira y espectáculo y muchos no le dicen la verdad ni al médico.

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