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Cómplices de Manuela Carmena

Por Fernando González
viernes 14 de octubre de 2016, 08:29h

Los socialistas madrileños deberían tomar buena nota de lo acontecido en Badalona y aplicarse el cuento. Como saben, en esa ciudad barcelonesa, la tercera más poblada de Cataluña, el Partido Popular ganó las elecciones municipales con un respaldo muy amplio de sus habitantes. Una conjunción de toda la oposición, tan disparatada como antinatural, impidió al ganador revalidar la presidencia de la corporación municipal.

Pues bien, la Alcaldesa de Badalona, de nombre Dolores Sabater y militancia en la versión catalana de Podemos, decidió que la Fiesta Nacional del 12 de Octubre no tenía raigambre popular en su municipio. Apoyándose en ese supuesto, la señora Sabater decretó que el Ayuntamiento abriera sus puertas y que los funcionarios que quisieran trabajar lo hicieran, cambiando la festividad por otra distinta.

Un juez desautorizó la ordenanza, pero los concejales centuriones de la regidora se personaron en el Consistorio y atendieron a los farsantes que se acercaron por allí. La protagonista del evento no estaba con ellos: aprovechó la ocasión para viajar a las Américas. Consumada la provocación, los socialistas locales, compañeros fraternales de los socialistas madrileños, han condenado la iniciativa. Advierten de que el pacto gubernamental excluía los planteamientos secesionistas y radicales. Afirman también que la decisión adoptada no se corresponde con los sentimientos de la ciudadanía de Badalona.

En Madrid, sin embargo, el Partido Socialista, sin cuyos votos no podría gobernar Manuela Carmena, continúa ignorando los desplantes institucionales de la Alcaldesa y las provocaciones políticas del grupo que sustenta su mandato. El último de los episodios protagonizados por la señora Carmena es muy elocuente: la buena señora, ni corta ni perezosa, coincidiendo con los actos oficiales conmemorativos de la Fiesta Nacional, cerró sus maletas y se marchó al extranjero. Así se evitó, pienso yo, representar a la ciudadanía madrileña en el tradicional desfile de las Fuerzas Armadas y en la recepción que los Reyes organizaban en el Palacio Real. Una ausencia deplorable.

No es la primera vez que Carmena incumple sus obligaciones representativas. Tampoco asiste, según me cuentan, a los recibimientos protocolarios que se organizan en Madrid cuando llegan los mandatarios extranjeros. Los sillones que nuestra Alcaldesa deja vacíos parecen formar parte de su forma de entender el cargo. Sus ausencias resultan muchas veces clamorosas. No creo que exista en Europa un caso de pasotismo ilustrado tan llamativo.

A la dejadez de funciones, Carmena añade enormes dosis de descortesía. Su actitud no se corresponde con el carácter acogedor y cortés de los madrileños. Por mucho que le disguste, el cargo que desempeña trae aparejado la representación de todos los vecinos de Madrid, piensen como ella o no. Todo esto no sería posible si el PSOE de Madrid estuviera en su sitio. Nunca volverán a ser una alternativa viable de gobierno si siguen sacando brillo a las botas ideológicas de Ahora Madrid.

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