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lunes 21 de marzo de 2016, 14:35h

Consejería y sindicatos nos hemos puesto de acuerdo 10 años después. Desde un lejano entonces hasta el cercano ahora ha pasado tiempo, hemos hecho un gran esfuerzo para resistir y hemos convivido con el enorme sufrimiento de miles de personas. La negociación empezó porque la Asamblea de Madrid derogó el fatídico decreto 42/2013 de Figar y encargó iniciar el diálogo hasta alcanzar un acuerdo. Llegamos a la negociación con la representatividad otorgada por el profesorado madrileño en las últimas elecciones sindicales y la fuerza acumulada tras 14 huelgas, decenas de masivas manifestaciones, centenares de concentraciones, encierros de juntas de personal, una huelga de hambre, denuncias públicas y miles de recursos en los tribunales. Empezamos la negociación con la dignidad y el orgullo de quienes resisten y no cejan en la lucha por lo que creen, por una causa justa.

Aunque la melancolía es humana y nada humano nos es ajeno, los problemas no se resolvían con volver a la casilla de salida. El 2016 no es el 2006. En este periodo cientos de millones de euros han sido recortados y más de 8000 empleos han sido perdidos. A ello se unen ingentes agravios a la profesionalidad y el honor. Demasiadas tragedias acumuladas. La vida de muchas personas y muchas historias profesionales truncadas. Exclusión de las listas seguida de exclusión social. La precariedad laboral como primera estación hacia a la pobreza. Inestabilidad en el empleo acompañada de inestabilidad vital. Han sido intensas semanas de negociaciones y de una exhaustiva campaña de asambleas centro a centro, con colectivos específicos, con unas personas sin empleo, sin subsidio, sin casa, con otras con miedo a perder el trabajo. Aflorando la indignación y también el dolor.

Los objetivos estaban claros. Por una parte, había que acabar con las consecuencias del ERE encubierto que se había aplicado en la enseñanza pública; por otra desarrollar medidas para la estabilidad del profesorado que acabaran con la rotatividad. Además había que alcanzar la equiparación en las condiciones laborales y en las retribuciones. Restablecer la normalidad y recuperar la dignidad del profesorado interino equilibrando el valor de la nota de examen, con el valor de la experiencia y de otros méritos. Todo ello acompañado de una Oferta de Empleo Público (OPE) por encima del 100% de la tasa de reposición pues, sin una oferta suficiente de plazas, no hay opción de bajar la alta tasa de interinidad (21%) y así generar empleo estable. Igualdad, mérito, capacidad, dignidad y derechos son los principios que articulaban nuestras propuestas.

La negociación ha sido real y por tanto intensa y dura. Hemos contado con la información necesaria que ha documentado que teníamos razón. Cada una de las medidas de Figar tenía por objetivo el ahorro. Pero, además, formaban parte de un argumentario ideológico armado alrededor de una supuesta excelencia, basada en la estigmatización del profesorado interino. Desde esos principios y valores las medidas fueron un éxito: 26 millones ahorrados cada año más lo acaparado en la pérdida de derechos acumulados en antigüedad por parte de miles de profesores y profesoras (trienios y sexenios); muchos millones ahorrados en el abaratamiento de los salarios y la moral minada de un colectivo fragmentado y atomizado en una multiplicidad de casuísticas. Para ello valió todo. Actuaciones inhumanas, asociales, ineficientes y en realidad despilfarradoras. Sí, este desastre salió muy caro porque se perdieron muchas profesoras y muchos profesores para el sistema público madrileño que se habían formado en Madrid. Se perdió calidad, capacidad de innovar, confianza y motivación.

En ese contexto nos pusimos a la tarea. Esta es la situación que tiene que revertir un primer acuerdo. ¿Cómo? Con el equilibrio entre nota y experiencia, con una lista única, con la incorporación de colectivos específicos (mayores de 55, con más de 15 cursos de experiencia, excluidos por falta de habilitación, aspirantes por el turno de discapacidad), con la vigencia de las notas de oposición durante 10 años o un mínimo de 5 convocatorias; con la valoración de quien ha conseguido aprobar más de una vez sin obtener plaza; con el reconocimiento del trabajo en Madrid; con la limitación de las medias jornadas e inferiores; con la recuperación del derecho a la formación continua o a la habilitación lingüística; con la práctica equiparación en licencias y permisos; con un sistema justo de permanencia en las listas y reserva de plazas; con el cobro de oficio de los trienios.

Todas estas medidas están recogidas en un acuerdo muy equilibrado e inclusivo firmado tras ser ratificado por 3 de cada 4 profesores que han votado en la consulta convocada al efecto. Un acuerdo que es bueno en el buen sentido de la palabra porque está hecho pensando en los miles de profes, en su alumnado y con el firme propósito de que no nos vuelva a ocurrir lo que nos ha pasado. Son medidas conjugadas en tiempos verbales certeros. Para ello, se refuerza la negociación colectiva al recoger que sólo otro acuerdo sustituirá al firmado y poner el énfasis en su seguimiento, así como la búsqueda de soluciones para los diferentes casos y situaciones. Eso es fuerza para el profesorado que tendrá una vía abierta para conseguir resolver sus situaciones y concretar sus reivindicaciones. Eso es reconocimiento del imprescindible papel de las organizaciones sindicales y de la negociación colectiva en un estado social y de derecho.

Pero no es un acuerdo perfecto. Todo no está conseguido. La equiparación retributiva ha quedado coja. No hemos aceptado conjugar el cobro del verano en condicional y condicionado. No están los tiempos para vendedoras de humo. Por ello, las partes se emplazan a tener el 30 de junio de este curso una propuesta pactada para el cobro del verano y los sexenios vinculada al proyecto de presupuestos de 2017. La OPE de 1500 plazas que acompaña este nuevo modelo de regulación de acceso y mantenimiento de listas supone el 115% de las jubilaciones. Es un gran avance pero tampoco es el plan de empleo plurianual que queremos para recuperar el empleo perdido y la reposición de los próximos años.

La situación de la Educación Madrileña tiene muchos temas urgentes que necesitan de lucha y solución: bajadas de ratios, recuperación de horario para tutorías, proyectos de innovación y otras actuaciones de mejora en los centros, desdobles, refuerzos y otras medidas de atención a la diversidad, el derecho a la formación de todo el profesorado, la construcción de centros, la ampliación de plazas públicas, la bajada de tasas o la recuperación de las becas.

Sin embargo, tenemos un acuerdo que refuerza seguir acordando. Un acuerdo que recuerda que para conseguir acuerdos hay que seguir luchando en la calle; denunciando en los tribunales; exigiendo a la oposición que haga uso de su mayoría parlamentaria para revertir recortes y restablecer derechos; sensibilizando a la opinión publica de que sin educación no hay futuro. Porque este que hemos firmado es un buen acuerdo de más y mejor empleo, un paso para seguir avanzando en más y mejor educación pública de [email protected] y [email protected]

Isabel Galvín es profesora de Didáctica y Organización Escolar, y secretaria general de la Federación de Enseñanza de CCOO de Madrid.

Isabel Galvín

Secretaria general de la Federación de Enseñanza de CCOO de Madrid

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