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Madrid, ciudad pancartera

lunes 14 de marzo de 2016, 10:18h
Madrid se ha convertido en una ciudad pancartera, y no lo digo porque sus calles, plazas y edificios hayan sido desde hace muchas décadas el espacio abierto para la reivindicación escrita sobre tela, pero siempre por parte de colectivos sociales, culturales y políticos, pero de un tiempo a esta parte, desde que Ahora Madrid gobierna, el pancarteo tiene carácter institucional, es decir, que nace en las instituciones y se expresa en ellas.

El pasado domingo, en un rápido paseo por el centro de nuestra ciudad, puede ver el pancarteo al uso, en tres edificios principales de titularidad municipal. En el Palacio de Cibeles, actual sede del Ayuntamiento de esta villa, donde en la fachada se exhibe desde hace meses el pancartón dando la bienvenida a los refugiados; en el edificio municipal de la calle Mayor, 72, otro enorme cartelón de tela, que ocupa buena parte de la fachada, contra la violencia machista, sellado con el escudo municipal, y enfrente, en la plaza de la Villa, en el balcón principal de lo que hasta que por capricho de Gallardón dejó de ser el Ayuntamiento de Madrid, otra pancarta apoyando la causa del pueblo saharaui.

Todas estas reivindicaciones son justas, y me sumo a ellas, pero me parece que hay otras formas de manifestarlas sin necesidad de tenderlas al sol. Si las ordenanzas prohíben tender ropas al exterior, de igual manera debería estar prohibido, tender pancartas, grandes extensiones de tela en las fachadas de los edificios municipales. Sólo falta que en el salón de plenos se coloque un pancartón que diga: “Salón de asambleas. Coto privado”, o que en cada una de las fachadas de las juntas de distrito, se cuelguen pantallas de tela donde se especifique: “Madrid, capital europea de la pancarta oficial”. Claro que tampoco debería extrañarnos cuando muchos de los que gobiernan son hijos de la pancarta, que la han mamado desde jovencitos y que la llevan en la sangre como el sarampión. Esta forma de expresión de reivindicaciones, protestas y eslóganes, es natural, siempre y cuando no se adorne con ella, y de forma permanente, las fachadas de los edificios públicos.
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