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Hace 15 años, en 1995, el Ministerio de Obras Públicas puso en marcha a un tiempo el carril bus-VAO de la antigua Nacional VI y el intercambiador de Moncloa. La infraestructura, muy necesaria dada la importantísima congestión que la vía ya acumulaba entonces, nació con dudas. No todos estaban convencidos de que una plataforma cerrada, exclusiva para vehículos de transporte público, autobuses y coches privados con dos o más ocupantes fuese segura o llegase a funcionar. Un año más tarde, los datos de circulación alejaron cualquier sombra de duda.
Las cifras 'cantaban': el bus-VAO llevaba más del doble viajeros a pesar de albergar hasta un tercio menos de vehículos y había multiplicado el uso de los medios de transporte colectivos en el corredor. "La ventaja competitiva que se obtenía era enorme. No había discusión posible", apuntala Pradillo, “porque de hecho, el intercambiador de Moncloa logra en la actualidad hasta cuatro veces más de aprovechamiento del transporte colectivo”. ¿Por qué no se extendió entonces la fórmula al resto de las radiales? La respuesta es una completa incógnita, aunque el alto coste (pudo superar los 4.500 millones de pesetas) tiene muchas papeletas.
La Consejería de Transportes y el Consorcio han trabajado con previsión, de manera que
Más velocidad






































