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Entre los ilustres personajes que disfrutaron de la gran afición de la duquesa por el arte y la naturaleza, así como de sus excentricidades, destaca uno de los mayores pintores españoles de todos los tiempos, Goya, quien era asiduo a las reuniones organizadas en el El Capricho. El genial artista realizó varias obras —que en la actualidad están en el Museo del Prado— para las distintas dependencias que alberga el jardín de esparcimiento de la noble familia.
Así, a causa de la invasión francesa se derivó el exilio del matrimonio a Cádiz y la presencia de las tropas del general Belliard en el jardín. Además, pueden verse las entradas a los búnkeres y los respiraderos construidos por el republicano Ejército del Centro durante la Guerra Civil.
Estos caprichos convierten el jardín en casi un parque temático creado a partir de las posibilidades que ofrecía XVIII, según apunta con toda razón la monitora de la visita. Para empezar, al entrar en el recinto lo primero que encontramos es una plaza circular donde incluso se celebrarán pequeñas corridas de toros. Después, un paseo por el parque permite descubrir cada uno de los caprichos, esculturas y rincones que hicieron que este parque fuese declarado Jardín Histórico en 1934.
Llegó a construir una ermita y contrató a un ermitaño para que permaneciera en ella y mantuviera la vida austera y solitaria propia de los monjes. Y a crear la Casita de la Vieja —sin anciana en este caso— a imitación de una construcción rural que evocaba la vuelta a la naturaleza.




































