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Ayuntamiento de Perales de Tajuña
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Ayuntamiento de Perales de Tajuña (Foto: Ayuntamiento de Perales de Tajuña)

Vivir el confinamiento en un pueblo: organización, apoyo y algo de normalidad

jueves 19 de marzo de 2020, 07:30h

En un tiempo en el que ciudadanos de la denominada 'España vaciada' piden soluciones a las instituciones gubernamentales para acabar con las dificultades por las que atraviesan debido al olvido que sufren a diario, la llegada de una pandemia mundial como la del coronavirus ha puesto en valor para muchos la vida rural.

Son cientos las personas que la pasada semana decidieron coger carretera y manta y volver a sus casas familiares, las mismas que solo pisan en temporada de verano para huir del calor que emana del asfalto de la capital. Y precisamente eso es lo que cuenta a Madridiario una vecina del municipio de Moralzarzal (de poco más de 12.000 habitantes), Lara Lussón, cuando le preguntamos sobre cómo ha cambiado la vida del pueblo estos días: “La gente ha huido, literalmente, de la ciudad. Ahora mismo creo que incluso tengo más vecinos que en verano”.

La pasada semana, antes incluso de que se decretara el estado de alarma por parte del Gobierno de Pedro Sánchez, los capitalinos acudieron a los supermercados y llenaron carros enteros de provisiones para, después, viajar a las localidades más apartadas de la ciudad. El por entonces previsible “encierro” en Madrid, y en especial con niños, se antojaba mucho más duro que en el entorno natural, algo que Lara Lussón señala cuando relata que “no tiene nada que ver estar en un piso en medio de la ciudad que en una casa en la que tienes la posibilidad de salir al jardín o donde estás rodeado de campo y por lo menos puedes pasear al perro en un entorno más natural”.

La masiva salida de Madrid, para muchos lógica, ha enfadado a otros. Jaime Alonso, vecino de Garganta de los Montes (de 350 habitantes) y dueño de la casa rural El Capriolo, confiesa a este diario que en “a mucha gente del pueblo nos ha molestado que ahora hayan venido a pasar aquí la epidemia, es muy poco cívico”. Para Alonso “no solo nos han podido traer el virus a los que vivimos aquí, sino que además ahora somos más gente y eso se está notando en el stock que normalmente tienen las tiendas. No va a faltar de nada, pero da rabia que haya personas que tengan que irse a su casa sin poder comprar lo que necesitan”, indica.

A esto se suma, además, el hecho de que muchos se han trasladado hasta estas pequeñas localidades atraídos por la idea del posible libertinaje que se puede vivir en ellas, ya que en algunos casos no hay ni efectivos de la Policía Municipal o de Protección Civil. Este es el caso del municipio de Alalpardo, pero ni mucho menos es la realidad, comenta su alcalde, Miguel Ángel Medranda: “Por un lado, la Guardia Civil se encarga de patrullar a diario y por otro, los vecinos están cumpliendo estrictamente con las medidas de prevención, ahora mismo veo como la gente está guardando cola en la calle para entrar a la farmacia”, asegura.

Alalpardo es una localidad madrileña que pertenece al municipio de Valdeolmos-Alarpardo, “dos municipios en uno”, como dice su regidor. A día de hoy, Valdeolmos cuenta con 900 habitantes, mientras que Alalpardo tiene en torno a 3.500. Este último es un pueblo en el que habitan en especial vecinos jóvenes y con niños, por lo que el confinamiento está siendo especialmente restrictivo, ya que la mayoría de sus habitantes ha tenido que recurrir al teletrabajo para poder cuidar de los más pequeños.

También lo han hecho los trabajadores y empleados municipales, a quienes su alcalde ha organizado por turnos para que puedan pasar el mayor tiempo posible en casa. “Hemos hechos grupos y turnos y todo lo que se puede hacer desde casa se hace. En el Ayuntamiento cada día estamos de manera presencial dos personas, una que se encarga de coger el teléfono, contestar y gestionar el correo y yo. Nadie más”, comenta. Además, según dice, cada mañana le toca a un funcionario estar con él en la Casa Consistorial y por las tardes todas las llamadas se redireccionan al teléfono personal de esa persona para que se mantenga el contacto con el Ayuntamiento todo el día. Los fines de semana, es el propio Miguel Ángel Medranda quien asume ese trabajo.

Lo mismo pasa con el personal de limpieza, instalaciones y jardinería: “Se han organizado turnos de tres personas y cuando toca trabajar se sale a la calle, pero si no es así todo el mundo en casa”, sentencia el alcalde. Es otra de las tareas que ningún municipio ha querido dejar de lado, menos en tiempos de epidemia. Un portavoz del Ayuntamiento de Villar del Olmo (de 2.000 habitantes) comenta de manera anecdótica que “les hemos dicho a los vecinos que no utilicen esta cuarentena solo para hacer limpiezas generales en sus casas, porque el primer fin de semana nos estaban sacando mueblos y muchas bolsas a los cubetos” y los encargados de limpieza no dan a basto en su recogida.

Más allá de eso, en Perales de Tajuña (de 3.000 habitantes) se está realizando la desinfección de las calles a través de los operarios municipales, a cuyos efectivos “los vecinos agricultores del pueblo les han dejado los tractores y las cubas para poder realizar la desinfección más fácilmente”. Tanto en Perales de Tajuña como en el pueblo vecino, Morata de Tajuña (7.800 habitantes), la solidaridad entre sus habitantes marca el día a día. Según comenta el portavoz, los habitantes se han organizado entre todos para que a nadie le falte de nada y todo aquel que lo necesite tenga ayuda a su disposición.

“El bibliotecario de Morata de Tajuña dispone de un móvil al que los vecinos llaman para pedir aquellas cosas que necesitan, y a partir de eso se coordina la ayuda”, cuenta. Así, la Asociación Animalista Morateña se encarga de pasear a los perros de aquellos vecinos que no pueden salir de casa, la dueña de Psicología Tajuña ofrece de manera gratuita recomendaciones y terapia a los que lo necesitan en estos momentos de aislamiento vía telefónica y, entre otras cosas, la Asociación Jóvenes en Movimiento. Este último recurso permitirá que un cuerpo de voluntarios haga la compra y recoja las medicinas de los más mayores del pueblo y se lo lleve hasta sus casas.

Asimismo, algunos restaurantes y bares del pueblo -que han tenido que cerrar sus puertas al público a causa de las medidas de aislamiento- van a diseñar un menú diario para personas impedidas que no pueden cocinar. En este caso, serán también voluntarios los que recogerán cada día los pedidos y los repartirá a quienes lo necesiten por todo su pueblo, pero en otros casos es el propio Ayuntamiento el que ha facilitado esta labor. En Estremera (con 1.400 personas censadas), su alcaldesa, Carmen Sánchez, se ha organizado con los profesionales de Protección Civil para hacer este tipo de labores. “Llaman al Consistorio y nosotros nos organizamos con Protección Civil para ir a las tiendas del pueblo y llevarlo a las casas”, indica.

La regidora comenta a Madridiario que, “quizás de manera precipitada”, todos los puntos neurálgicos de Estremera fueron cerrados incluso antes de que lo ordenara el Gobierno Central o lo recomendase la Comunidad de Madrid. “Cerramos el parque y la plaza, todos los puntos de concentración de gente, y la verdad es que al principio los vecinos no lo llevaron bien y pensaron que era una locura. Al final les habíamos quitado el banco en el que se sientan cada día para encontrarse con la gente, pero ahora nos damos cuenta de que era necesario”, relata Sánchez.

Si bien explica que al principio ha costado que sus vecinos dejaran de salir a la calle de manera rutinaria, ahora las medidas de confinamiento sí se están respetando. A día de hoy, dice la alcaldesa, se nota más que la gente está “viviendo la situación con nerviosismo, miedo y tensión”, en especial porque la mayor parte de los habitantes del pueblo son “gente muy mayor” que se preocupan por los suyos.

La soledad a la que muchos de estos mayores están acostumbrados en su día a día es algo que tienen muy en cuenta en Madarcos (de 51 habitantes), “hoy más que nunca”, cuenta su regidora , Eva Gallego Bersal.

“En los pueblos tan pequeños el cuidado de los mayores lo tenemos asumido en nuestro día a día, pero ahora somos un poco más conscientes de que tenemos que estar pendientes de ellos, tenemos que convertirnos en ese hijo que vienen a verlos de vez en cuando”, comenta Gallego. Además, asegura que “la gente mayor lo lleva mucho mejor que el resto de la gente, se nota que han vivido los tiempos de posguerra”, y señala que por lo general tienen las despensas muy bien nutridas y unos métodos de organización “que ya querríamos el resto”. En estos tiempos y circunstancias, dice la alcaldesa, “no hay que irse muy lejos para saber lo que hay que hacer, solo hay que preguntarles a ellos”.

En cualquier caso, en el pueblo han tratado de organizar un protocolo de compras, en especial porque debido a las medidas de prevención solo el panadero continúa acudiendo a diario a la localidad. Para el resto de servicios los vecinos tienen que desplazarse hasta la población más cercana, Buitrago del Lozoya, algo que desde el Ayuntamiento quieren tratar de evitar para no exponer a nadie y hacer “viajes innecesarios”.

“En los pueblos tan pequeños tenemos el aislamiento mucho más interiorizado que en las ciudades, hay que tener en cuenta que nuestro entorno normalmente siempre es el mismo, no cambia. Nosotros salimos a la calle y muchos días no te encuentras con ningún vecino, por eso vivir esta situación en un municipio tan pequeño es totalmente diferente”, explica Eva Gallego a Madridiario, y comenta: “Además, tenemos patios y jardines a los que salir a respirar, y eso se nota”.

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