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REAL MADRID 1-0 ATHLETIC

Fede Valverde, jugador del Real Madrid
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Fede Valverde, jugador del Real Madrid (Foto: Real Madrid)

Valverde rescata una vida extra

Resumen del Madrid-Athletic

Por Hugo García Reina
lunes 21 de abril de 2025, 08:22h
Actualizado: 27/04/2025 18:19h

Tras la ruina europea, el Madrid regresó al Bernabéu con sólo dos defensas en el once y la (vieja) novedad de Ceballos. Valverde y Camavinga ocuparon los laterales y la ausencia de Mbappé rescató el 4-4-2 en rombo con un Bellingham oscilando entre la mediapunta y el falso nueve. Con lo que se le ha criticado, sería injusto desaprovechar la ocasión de elogiar el partido de Tchouameni en el pivote. Desde aquella pitada, es uno de los jugadores en mejor estado de forma del equipo.

Enfrente, el Athletic se guardó un puñado de titulares. Aún sin los hermanos Williams (Nico, lesionado; Iñaki, de suplente), Adama Boiro y Álvaro Djaló mantenían la representación negra en el aniversario de la “conversión” de Sabino Arana. Ya había dicho Aitor Esteban en el Aberri Eguna que no sabe si el próximo presidente se apellidará “Agirregomezkorta, Martínez, Hassan, Diop o Popescu”.

Durante la primera parte, el Real Madrid mantuvo el control absoluto del partido, pero no fue capaz de generar ni una sóla ocasión clara de gol. Fue la enésima representación de la nulidad de ideas que lleva sufriendo el equipo durante toda la temporada. No es que los jugadores no quieran correr, es que no saben hacia dónde hacerlo. No existen triangulaciones, ni diagonales, y todos reciben el balón al pie y con la marca encima, nunca en situación de ventaja.

Perdido en el páramo de ideas colectivas, al Madrid sólo le queda el inconsistente remedio de entregarse a la individualidad. Y ahí es donde apareció Vinicius, con el ímpetu y la finura de la pasada temporada. En los primeros 45 minutos él solito fue todo el equipo. Recortó, dobló y partió a Gorosabel de todas las formas imaginables y a la media hora casi mete un gol de cerrar el estadio. Él mismo recuperó, se quitó a dos con sendas fintas y pegó un zurriagazo desde 25 metros que se fue alto por poco.

Todo lo contrario que la –muy al pesar del cronista, insoportable– apatía de Rodrygo: recibe pegado a banda, hace como que encara a su rival, lanza un par de amagos que ya no se cree ni él, y regresa de nuevo sobre el lateral. Ya se sabe que está más cómodo entrando por izquierda y, de hecho, casi hace un gran gol desde ese perfil nada más empezar la segunda parte.

Porque a la vuelta de vestuarios salió otro equipo. Con los mismos jugadores, sí, pero otro equipo. El Madrid encerró al Athletic y acabó chutando veinte veces. La mayoría de ellas, contra el cuerpo de los defensas y el portero rival.

Primero Camavinga, con una conducción box to box, tras taconazo de Vini. Luego Ceballos y Valverde, los dos desde fuera del área. Y antes y después, unas cuantas de Bellingham, de nuevo con el olfato agudizado: un cabezazo, un par de remates sucios… Y un posible penalti. De esos que dependen del capricho (o quizás…) del árbitro de VAR y, desde luego, no muy distinto al que ayer se pitó en Montjuic.

Sí había estado pendiente el VAR para anular un golazo de Vinicius en el 80’, por un fuera de juego posicional, de una talla de bota, de Endrick. Ancelotti le dio media horita al delantero brasileño. No tuvo especial protagonismo pero aportó dinamismo al ataque, y ya es inevitable sentir que algo va a pasar cuando toca el balón cerca del área.

Más tarde entraron Güler, Brahim y Lucas, que empujó a Valverde al centro del campo. Rozando el minuto 90 Bellingham volvió a tener una clara que se fue arriba por poco. Controló bien con el pecho pero la presión le obligó a chutar con precipitación.

Ya hacía unos minutos que no estaba claro si lo inevitable era que llegara el gol (el Madrid lo merecía) o terminar de descolgarse de la Liga de una vez por todas. Resolvió la duda Valverde en el 93’ con una volea a la escuadra. Aún hay vida.

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