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R. MADRID 2-1 ATL. MADRID

Brahim en el partido de Champions contra el Atlético de Madrid
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Brahim en el partido de Champions contra el Atlético de Madrid (Foto: Real Madrid)

Brahim pone al Madrid un paso por delante

El primer asalto madrileño en Champions es para el Real Madrid

Por Hugo García Reina
miércoles 05 de marzo de 2025, 07:46h
Actualizado: 11/03/2025 15:14h

Al primer round de este derbi madrileño europeizado llegó el Atlético espoleado por la buena dinámica que atraviesa y el Real avalado por la historia. Fue un partido tan igualado como se esperaba, muy de ida, con mucho peso de la táctica, roto sólo por algunos destellos.

El primero de ellos llegó muy pronto, con un golazo de Rodrygo (4’). Valverde, que ocupó el lateral derecho, dibujó un pase en profundidad paralelo a la banda derecha a favor de la carrera del brasileño. Recibió por detrás de Javi Galán, cortó hacia dentro y pegó un zurdazo seco a la derecha de Oblak.

El Madrid mantuvo la inercia durante el primer tramo y generó otro “casi” desde la izquierda, tras una preciosa pared entre Vinicius y Brahim. Sin ni siquiera una presión muy alta, ni mucho menos agobiante, logró forzar varias pérdidas en la salida de balón rival, pero no tardó demasiado en replegarse y contemporizar.

A partir de entonces, el Atlético encontró su lugar en el partido y fue ganando cada vez más peso. Los rojiblancos ya habían dado un par de sustos cuando llegó el chicharro de Julián (31’). El argentino se deshizo de Camavinga (que en esta y en casi todas, pudo estar más sólido) y colocó el balón en uno de los pocos lugares a los que no alcanza a llegar ni Courtois.

Desde la distancia, Vinicius y Mbappé contemplaron cómo la pelotita trazaba una parábola hacia la misma escuadra. Con dos jugadores desentendidos de la presión, no se va a ningún lado. Más aún si lo que ofrecen a cambio está tan lejos de la excelencia, como ocurrió anoche. Apáticos y desacertados. El partido de Kylian fue tan pobre que, de no ser porque hace dos días que demostró que puede ser el mejor del mundo, más de uno se habría preocupado.

El empate no provocó un subidón en el Atleti, ni tampoco una respuesta en el Madrid. Los blancos mantuvieron ese bloque bajo pasivo, de trote cochinero, tan desesperante para el espectador (el equipo de Simeone llegó a encadenar posesiones de casi minutos). Ya hacía un rato que dolía en el alma la ausencia de Ceballos, lo que, sumado a la exhibición de poderío de Asencio, inducía a reflexión: Dos de las piezas más importantes de este Madrid no habrían sido ni una posibilidad de no ser por una cadena fatídica de lesiones.

Con tanto merodeo rojiblanco, se hacía raro el poco protagonismo de Griezmann y la dificultad para entrar en juego de Lino. Esto último hay que agradecérselo a Valverde, que estuvo excelso en defensa, y a Rodrygo, muy comprometido sin balón.

El Atlético se fue acercando (era más una amenaza que verdadero peligro) y, ya en el segundo tiempo, tuvo De Paul una muy clara. Sólo unos segundos después, Brahim cambió el rumbo del partido. El hispano-marroquí se plantó en el área e hizo ese baile suyo de paso corto. En uno de sus amagues, se medio torció un tobillo que provocó el lance en falso del defensor y pudo encontrar ese metrito (no más) para colocarla con delicadeza en el palo largo (54’). Se lanzó a la grada a celebrarlo y acabó el partido con los gemelos en la garganta. Con Valverde, fue el mejor del Madrid y la razón que hizo soportable la baja de Bellingham.

El 1-2 le sentó al Atlético como un puñetazo en el hígado y el Madrid recuperó el dominio, gracias también a la entrada de Modric. Del gol de Brahim en adelante, el Real Madrid acaparó el 70 por ciento de la posesión. Simeone, desde luego, tenía más miedo de que cayera el tercero del Madrid que ambición de ir a por el empate. Así lo demostró con los cambios: sacó a Le Normand por Griezmann y colocó una defensa de cinco hasta el final.

La realización enfocó a Marcelo bromeando con Pintus: “Sácame a mí”. La nostalgia se multiplica al ver a Mendy. El problema no es tanto su compleja relación con el esférico, sino su nula aportación al ataque. Tiene menos maldad que un japonés en un bazar turco. Mientras pensaba esto, se puso a buscar a quien dársela y, casi sin querer, se plantó en la frontal del Atleti. Cargó la pierna derecha y, por un instante, todos regresamos a aquel extraño (casi mitológico) instante de luminosidad en Bérgamo… Pero el balón llegó manso a las manos de Oblak.

La sensación es que, en el último tramo del partido, ambas partes daban por bueno el resultado, y se cuidaron mucho de no sacar los pies del tiesto. La mejor noticia para el Atlético es que la eliminatoria llega abierta a la vuelta y se decidirá en el Metropolitano; y para el Madrid, el haber conseguido una victoria (a punto estuvo de poner el 3-1, ya en el descuento) con una puesta en escena muy mejorable.

Además del resultado, Ancelotti puede agarrarse a tres motivos para la esperanza de cara a la vuelta: Valverde ha sobrevivido, Bellingham estará sobre el campo y Mbappé no puede jugar peor de lo que lo hizo anoche.

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