Una comunicación interna sorprendía el pasado 7 de noviembre a los trabajadores de la Agencia de Seguridad y Emergencias Madrid 112 (ASEM 112): los vestuarios y aseos de la planta -1 pasaban a ser mixtos, un modelo que se extendería de manera gradual al resto de este tipo de dependencias. De este modo, dejarían de estar segregados por sexo los espacios donde habitualmente se ponen y quitan el uniforme los gestores de emergencias y el resto de profesionales instalados en la emblemática sede circular del ente en Pozuelo de Alarcón, -Summa 112, Samur-PC, Guardia Civil, Policía Nacional, Agentes Forestales, Bomberos de la Comunidad y Protección Civil, entre otros cuerpos-. La primera fase de las obras ya había comenzado en octubre sin aviso previo ni reuniones o planos que mostraran la nueva distribución a sus usuarios.
Según sus promotores, la remodelación busca adaptar los vestuarios y aseos al marco legal vigente en materia de igualdad y no discriminación. El propósito es que en marzo de 2026 todos estos espacios puedan ser utilizados por cualquier empleado independientemente de su género. La Dirección se escuda en la Ley 4/2023, para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos LGTBI y la Ley 15/2022, integral para la igualdad de trato y la no discriminación. En aras de la inclusión, esta normativa busca eliminar la segregación, permitiendo que personas trans, no binarias o de género fluido usen instalaciones acordes a su identidad.
Sandra García, gestora de emergencias y una de las 2.700 personas que trabajan en la sede de ASEM 112, recuerda su desconcierto al enterarse del cambio. “La Ley habla de no discriminación, pero no discriminar a unos no implica discriminar a otros. Y la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, que sí es de obligado cumplimiento, exige vestuarios y baños segregados, por intimidad e higiene”, traslada a Madridiario.
El desconcierto inicial mutó a indignación cuando comprobó el resultado de esa primera adaptación de los hasta entonces vestuarios femeninos de la planta sótano, los menos utilizados por la gente de sala del 112. “Habían arrancado las bocas de los inodoros, tapado las tuberías con cemento a la vista y, sobre esa zona improvisada, se habían colocado cuatro cubículos como los probadores de un centro comercial”.
Cabinas cerradas para “garantizar la privacidad individual”
Según la Consejería de Medio Ambiente, Agricultura e Interior, de quien depende este organismo, “la adaptación progresiva de estos espacios tiene como objetivos garantizar privacidad individual mediante cabinas cerradas, taquillas personales y separaciones físicas adecuadas; asegurar instalaciones inclusivas, no discriminatorias y alineadas con la normativa actual; optimizar la organización y distribución de espacios comunes, y minimizar posibles riesgos psicosociales o situaciones de falta de intimidad”.
Sin embargo, a juzgar por la reacción de quienes van a tener que usar los nuevos espacios mixtos, esos objetivos parecen fallidos. “Cuatro cubículos de vestuario para 200 taquillas y turnos de 50 personas”, resume Sandra García anticipando el caos que puede provocar esta restructuración que se les comunicaba acompañada de una solicitud. “Nos pedían que nos comportáramos con decoro, una palabra que suena al siglo pasado”, comenta la gestora. “¿Qué decoro con cuatro cabinas para cincuenta personas? ¿Qué hacemos? ¿Sacar número?”, ironiza.

La nueva configuración mantiene las taquillas y a continuación, las nuevas cabinas de vestuario al lado de urinarios, lavabos y, a la vuelta, duchas. Según describen estos trabajadores, las cabinas no llegan al techo, de modo que quien se cambia puede oír a quien usa el inodoro y al salir encontrarse a quien sale de la ducha, sea del género que sea.
Para las mujeres, la reforma implica situaciones que nunca antes habían tenido que considerar. Hasta ahora, el vestuario femenino era un espacio íntimo y seguro en el que, aunque no había cubículos cerrados, salvo en baños y algunas duchas, se ponían y quitaban el preceptivo uniforme sin incomodidad. Pero, sabiendo que con el cambio deben compartir espacio con sus compañeros hombres, sienten que pierden libertad. “¿Tengo que salir de la ducha vestida?”, se pregunta Sandra para añadir: “No tengo por qué estar pensando si tengo que ponerme una toalla para cambiarme”.
Reforma vinculada a la llegada de una persona trans
Entre la plantilla circula la teoría de que la reforma acelerada de los vestuarios no es casual y la vinculan en el tiempo con la llegada de una personas trans procedente de Samur-PC, trasladada al 112 tras generar incomodidad en su antigua base, en particular en los vestuarios femeninos, por tener aspecto físico de hombre pero identidad de género femenino.
La gestora de emergencias subraya que no tienen nada en contra de esta persona, sino ”a favor de que haya vestuario masculino, femenino y mixto, y que cada uno vaya donde quiera. Pero ¿por qué eliminar los masculinos y los femeninos si hay espacio de sobra para mantenerlos?”, remarca deslizando que si fuera por la ley LGTBI nacional otros cuerpos de seguridad y emergencias también deberían hacerlo. Incluso los aseos de la “parte noble” del edificio, donde están los despachos de los directivos. Ahí sospecha que no llegará la aplicación de la ley.
Tras consultar con un abogado, Sandra y otros compañeros decidieron manifestar su oposición por escrito. Recopilaron 200 firmas de empleados de los distintos cuerpos agrupados en el edificio que compartían su sentir, fundamentaron sus quejas y citaron en el escrito los artículos de la Constitución y de la normativa vigente que les amparaban, “a diferencia de la comunicación interna de la Dirección en la que no se menciona ni un solo artículo que diga que hay que cambiar a mixtos los vestuarios”.
Ese texto fue enviado al Comité de Empresa, a la Dirección del centro y a la Dirección de Protección Civil. “Nadie respondió. Ni siquiera un acuse de recibo. Ellos siguieron con sus obras”, lamenta la gestora.

El caso, en el defensor del Pueblo
Benjamín Pilo, supervisor de sala del 112 y uno de los promotores del escrito, es además el remitente de la queja que han elevado al Defensor del Pueblo convencidos de que se están vulnerando sus derechos fundamentales y discriminándoles por razón de sexo al obligarles a compartir completamente los espacios íntimos.
La institución ya ha registrado la solicitud de intervención y la está tramitando. A Ángel Gabilondo le cuentan lo que ya relataban en su escrito inicial. Que los trabajadores no se oponen a la presencia de baños mixtos, sino que su implantación como única opción vulnera la normativa vigente, “en particular la Ley de Prevención de Riesgos Laborales y su desarrollo reglamentario, que obliga a disponer de vestuarios y aseos separados por sexo cuando conviven colectivos diversos y actividades de distintos servicios”.
"La igualdad no se garantiza eliminando opciones"
Según los trabajadores denunciantes, la Dirección no ha aportado ningún informe técnico de Prevención de Riesgos Laborales que avale este cambio, ni ha hecho referencia a la normativa de obligado cumplimiento. Advierten, por ello, que esta situación además de afectar al derecho a la intimidad del personal, genera inseguridad jurídica. “La igualdad no se garantiza eliminando opciones, sino asegurando que todas las personas, independientemente de su cuerpo o servicio, dispongan de instalaciones adecuadas, seguras y conformes a la ley”, manifiestan en su comunicado.
El personal ha solicitado formalmente a la dirección de Madrid 112 restablecer, como mínimo, un baño masculino y uno femenino, tal y como marca la normativa; mantener, si así se desea, baños mixtos adicionales para garantizar opciones inclusivas para todos, y presentar el informe de Prevención de Riesgos Laborales que debe acompañar cualquier modificación en aseos o vestuarios.
Un cambio con consenso sindical
Desde la Consejería sostienen un relato radicalmente distinto. Fuentes del departamento afirman que todo se ha hecho con el cien por cien de consenso sindical, un extremo que sorprende a Benjamín Pilo: “A mí me ha dicho personal de sindicatos que no sabían nada”, una versión que coincide con la de los representantes de CSIT Unión Profesional entre el personal funcionario de la Agencia, que dicen haberse enterado por el mismo comunicado a la plantilla del día 7 de noviembre.
Sin embargo, los representantes del personal laboral de CSIT en el Comité de Empresa sí conocían el proyecto. Les informaron en una reunión el día 6 de mayo. “Fuera del orden del día, de manera informal, como un inciso, el director del centro nos comentó que iban a acometer unas reformas y a modificar todos los vestuarios y los aseos por una persona que había cambiado su sexo registral y había solicitado acceder a un vestuario femenino”, explica su portavoz Óscar de Castro añadiendo que les pidieron “especial cuidado por lo sensible del tema”, por eso no lo comunicaron a sus compañeros.
Tampoco cuestionaron los planes. “No le dimos importancia, nosotros entendimos que era una reforma del centro”, incide el representante sindical, aclarando que la reorganización de espacios de aseos y vestuario es una decisión de empresa y no requiere de la negociación con los representantes de los trabajadores ni del beneplácito de estos”. En cualquier caso, el foro al que correspondería tratar estas modificaciones técnicas conciliando las normativas vigentes sería el Comité de Seguridad y Salud en el Trabajo, que no está constituido aún para ASEM 112, “a pesar de que CSIT lleva dos años intentando que se active”.
En aquella reunión, los sindicatos presentes en el Comité solo transmitieron que las modificaciones se realizaran conforme a la ley y, cuando la empresa les anunció que informarían a la plantilla sobre estos cambios, recomendaron que lo hiciera adjuntando el protocolo para casos de agresiones y violencia en el trabajo “por ser un tema tan sensible y tan controvertido”. Así lo hizo la Dirección, pero cuando las obras ya habían comenzado.

El malestar generado entre el personal de sala del 112 provocó un comunicado del Comité de Empresa, al que se remite la Consejería para demostrar el apoyo sindical, donde todos los representantes de los trabajadores de CSIT, CSIF, Co.Bas, UGT y CCOO defienden la aplicación de la Ley 4/2023, respaldan a la dirección y apelan al respeto a la diversidad.
Llamamiento a evitar conflictos
Esa declaración del Comité reconoce que los cambios en hábitos personales y sociales requieren tiempo de adaptación y pide que el proceso se desarrolle con tranquilidad manifestando que la ampliación de derechos no debe generar conflictos entre trabajadores ni con la Administración que los impulsa y asegurando que colaborarán para que la transición sea un ejemplo de respeto a todas las sensibilidades.
Nada menciona, sin embargo, sobre por qué no se informó previamente a los trabajadores, que son quienes tendrán que utilizar esas dependencias, ni por qué no se han planteado simplemente incorporar las cabinas individuales tanto en vestuarios masculinos como femeninos para quienes deseen mayor privacidad, sin necesidad de eliminar la segregación, o por qué se considera imposible mantener las estructuras actuales y sumar espacios neutros.
“El problema es que va contra la ley”, apunta Óscar de Castro. “Es discriminatorio hacia la persona que tiene que ir a un mixto porque tiene una identidad no clásica”, plantea el representante sindical para concluir que ”si una persona que se autodenomina mujer teniendo todos los atributos de hombre se cambia el sexo registral, tiene todos los derechos de la mujer y entonces puede acceder al vestuario de mujeres. Con estos cubículos se dota a los vestuarios de intimidad individual”.
Lo sucedido en el ASEM es un ejemplo del reto que afrontan las administraciones públicas y las empresas para integrar a mujeres trans con características físicas masculinas en vestuarios femeninos. La ausencia de protocolos claros, unida al temor a reacciones negativas tanto de otras usuarias o trabajadoras como de las personas trans afectadas y la ambigüedad legal sobre la gestión de espacios segregados por sexo, genera conflictos prácticos y tensiones entre derechos.
"Creo que en esta ocasión la Dirección ha actuado de muy buena fe, intentando solucionar un problema que veía que se le venía encima", afirma el portavoz de CSIT, quien considera que la medida, "mientras haya seguridad para las personas y haya cabinas que les les les aseguren la intimidad, será conforme a ley. Yo no creo que la Administración se embarque en un viaje así, con el coste que tiene, si no se han asesorado legalmente".
Desde la Consejería aseguran que la polémica inicial se ha reducido una vez que los trabajadores han sido informados, y ponen en duda que los contrarios a la medida sean 200, como la cifra de firmas que aseguran haber recogido los promotores de la protesta entre el personal de distintos cuerpos. “Pues que vengan a verlas”, responde la gestora del 112. “Las enviamos a Dirección y al Comité de Empresa. Nadie dijo ni mú”, apostilla.
Fuentes del departamento que capitanea el consejero Carlos Novillo también manifiestan que el trabajador que promovió el escrito fue citado a una reunión por el Director General de Protección Civil, de quien depende la infraestructura, pero “no acudió. Se le indicó que propusiera otro día para mantener la citada reunión, pero hasta el momento la Dirección no ha obtenido respuesta”.
"Una reunión no es que te digan cuando puedas, vente"
El aludido se defiende. “¿Dicen que me citaron? La ‘cita’ fue un mensaje diciendo: Cuando estés por la mañana en sala, sube y en menos de tres minutos te explico por que no es viable", comenta Benjamín Pilo. "Yo trabajo casi siempre en turno de noche y los cuadrantes de horarios son públicos. Contesté que no llegaba hasta las ocho y cuarto y que tenía que descansar. Y ya. Nunca hubo reunión. De todos modos, una reunión no es que te digan cuando puedas, vente”, reprocha.
Hoy, en la sede del 112 en Pozuelo hay dos realidades paralelas: la oficial, que habla de consenso, igualdad y cumplimiento normativo, y la que se escucha en los pasillos, donde una parte de la plantilla siente que la reforma se ha impuesto sin diálogo, sin transparencia y sin sensibilidad hacia su intimidad.