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Centro de Atención de Teleasistencia de Clece
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Centro de Atención de Teleasistencia de Clece (Foto: Eduardo Diéguez)

Teleasistencia avanzada: tecnología y cercanía para cuidar a las personas mayores

jueves 18 de junio de 2026, 10:20h

La tecnología está transformando el cuidado de las personas mayores. Sensores inteligentes, dispositivos conectados, análisis de datos y algoritmos de inteligencia artificial permiten anticiparse a situaciones de riesgo y ofrecer una atención cada vez más personalizada. Así es el servicio de teleasistencia avanzada de la Comunidad de Madrid que gestiona Clece en la zona suroeste de la región, combinando innovación tecnológica con atención personalizada para mejorar la calidad de vida de los usuarios, personas mayores de 65 años con dependencia reconocida.

La teleasistencia ha sido durante años una herramienta fundamental para que las personas mayores puedan permanecer durante más tiempo en el entorno habitual de su hogar con seguridad, manteniendo su autonomía e independencia y con la tranquilidad de contar con un servicio de atención telefónica permanente ante emergencias.

Sin embargo, el modelo tradicional, basado en la llamada del usuario cuando necesita ayuda, ha dado un salto tecnológico para evolucionar hacia una teleasistencia avanzada que mantiene la atención permanente 24 horas al día, los 365 días del año, e incorpora además un ecosistema de dispositivos inteligentes que detectan el riesgo incluso antes de que se produzca la emergencia.

Como explica Carolina Gómez, jefa del servicio de Teleasistencia de Clece, “la teleasistencia básica consiste, simplemente, en que el usuario pulsa el terminal y nosotros reaccionamos ante esa pulsación. Con la modalidad avanzada incorporamos dispositivos que permiten anticiparnos a situaciones de riesgo, es decir, pasar de un modelo reactivo a uno más predictivo y proactivo”.

Sergio de la Iglesia, responsable del Centro de Atención de Teleasistencia de Clece y Carolina Gómez, jefa de este servicio

Sensores que cuidan sin invadir

Una de las principales diferencias de la teleasistencia avanzada con respecto a la tradicional es la incorporación de dispositivos tecnológicos instalados en el domicilio del usuario: aparatos para detectar humo, gas o agua, sensores de movimiento o herramientas de telemonitorización, para vigilar posibles riesgos sin interferir en la vida cotidiana de la persona.

Sergio de la Iglesia, responsable del Centro de Atención de Teleasistencia de Clece explica que estos sistemas funcionan de forma prácticamente invisible: “Los detectores apenas se ven. Muchos están instalados en el techo, como los de los locales comerciales, y otros tienen el tamaño de un teléfono móvil. No son invasivos y los usuarios los perciben como una herramienta que les da seguridad y les ayuda a seguir viviendo en su casa”.

Otra ventaja de esta teleasistencia en relación con la tradicional es el GSM (Sistema Global de Comunicaciones Móviles). “Los dispositivos van con tarjeta SIM, como un móvil, en vez de ir por línea de teléfono fija”, precisa De la Iglesia, lo que permite su instalación independientemente de que el domicilio del beneficiario cuente o no con línea telefónica.

Entre los dispositivos más habituales se encuentran detectores de humo, gas o inundación, elementos de seguimiento de la actividad diaria, como pulseras o relojes que además monitorizan parámetros biomédicos, y sensores de movilidad o pasividad, que detectan si una persona lleva demasiado tiempo sin moverse del sillón. Como indica este profesional de Clece, “la tendencia es aprender los patrones de conducta del usuario y generar una alarma cuando algo se sale de lo normal”.

Así, estos sistemas ayudan a identificar anomalías en los hábitos de la persona. Por ejemplo, “si un usuario no se levanta un día dentro del horario en que suele hacerlo o sube mucho la temperatura en la casa o se abre menos la nevera, el sistema lanza una alarma y hay que comprobar si el usuario está bien”, añade el responsable del Centro de Atención. A partir de ese momento, todo el equipo se activa. “Enseguida llamamos al domicilio, nos movilizamos, controlamos la situación y evitamos un mal mayor”, resume.

Detrás de esta tecnología hay una plataforma de gestión que recopila los datos procedentes de los sensores instalados en los domicilios. La inteligencia artificial permite optimizar los recursos, mejorar la calidad de la atención y anticipar situaciones de vulnerabilidad. Por ejemplo, el análisis de los patrones de movilidad puede ayudar a detectar de forma temprana signos de deterioro cognitivo o cambios en los hábitos que alerten de un posible problema de salud.

Atención personalizada y centrada en la persona

Cada una de las personas usuarias de la teleasistencia avanzada recibe una atención adaptada a sus necesidades. Cuando se inicia el servicio, un profesional -generalmente un trabajador social o psicólogo- realiza una valoración integral de la persona: su situación funcional, cognitiva, emocional y social. En función de esa evaluación se recomienda la instalación de determinados dispositivos o la participación en programas específicos.

“Hay personas que prefieren no tener dispositivos en casa”, explica Carolina Gómez. “Por eso siempre hacemos una valoración previa y se lo ofrecemos en función de sus necesidades. Normalmente siguen nuestras recomendaciones, pero siempre respetamos la decisión del usuario”. Este enfoque permite que la atención sea completamente personalizada, poniendo a la persona usuaria en el centro del servicio.

Además de aportar una sensación de seguridad y tranquilidad a usuarios y familiares, la teleasistencia avanzada también proporciona compañía y apoyo emocional, al tiempo que juega un papel importante en la detección y prevención de la soledad no deseada, uno de los grandes retos sociales asociados al envejecimiento.

Muchas veces es la propia interacción con el servicio lo que permite descubrir estas situaciones. “Cuando un usuario llama muchas veces y simplemente quiere hablar, nos está dando una pista de que esta persona puede sentirse sola”, explica Gómez. De hecho, animan a los usuarios a pulsar el botón no solo en caso de emergencia, sino también cuando sientan la necesidad de que alguien les escuche. “Entonces hacemos un seguimiento más frecuente, evaluamos su situación y, si es necesario, derivamos su caso a programas municipales de acompañamiento”, añade la responsable del servicio.

Cada miembro del equipo es una herramienta fundamental para detectar posibles situaciones de riesgo, pero “son los técnicos quienes tienen una ventaja por su contacto directo en el domicilio”, apunta De la Iglesia. Además, estos profesionales pueden descifrar señales que no se perciben por teléfono y “dar la voz de alarma si ven algo anormal”. A partir de ahí, suelen elaborar informes para evaluar la situación con más profundidad. Con esa información, se puede enviar a otro profesional para una valoración más formal y, finalmente, trasladar el caso a servicios sociales o a la administración correspondiente para que tomen las medidas necesarias.

Dentro de esta atención personalizada, el servicio impulsa diferentes iniciativas para fomentar la participación y el envejecimiento activo de los usuarios: encuentros intergeneracionales, talleres con gafas de realidad virtual, clases de yoga adaptado o actividades orientadas a promover hábitos saludables y estimular la actividad física y cognitiva.

Un apoyo también para las familias y cuidadores

La teleasistencia avanzada no solo beneficia a las personas usuarias, también a sus familias y cuidadores. Muchos usuarios viven acompañados por familiares que asumen su cuidado diario. El servicio ofrece orientación y apoyo a estos cuidadores, ayudándoles a gestionar mejor la situación y a cuidar también de su propio bienestar.

“Es importante que la persona que cuida también se cuide”, señala Carolina Gómez, quien subraya que “desde el servicio ofrecemos recomendaciones y apoyo para que puedan hacerlo”.

La teleasistencia es hoy uno de los servicios sociales más consolidados y valorados en la Comunidad de Madrid. En la zona suroeste de la región, el número de usuarios ha crecido de forma notable desde que Clece comenzó a gestionarlo en julio de 2024. “Cuando empezamos había en torno a 8.000 titulares del servicio y actualmente hay cerca de 14.000. Es un servicio con mucho recorrido y cada vez más necesario”, explica Sergio de la Iglesia sobre esta atención que prestan en 16 municipios, entre ellos Boadilla del Monte, Las Rozas, Majadahonda, Móstoles, Navalcarnero o Pozuelo de Alarcón.

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