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VALENCIA 1-2 REAL MADRID

El Madrid reina también en el infierno
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(Foto: Real Madrid)

El Madrid reina también en el infierno

Por Hugo García Reina
sábado 04 de enero de 2025, 09:53h
Actualizado: 09/01/2025 21:22h
Si algo bueno tienen los últimos días de la Navidad es que regresa por fin el fútbol. Una vez cerrado el paréntesis de la bondad obligatoria, la gente vuelve a comportarse con normalidad. Y la normalidad del valencianista consiste, entre otras cosas, en odiar al Real Madrid. Así fue siempre, así será en este recién estrenado 2025 y así seguirá siendo dentro de cien vidas.

La noche se fue calentando horas antes del partido. Una multitud de aficionados ché se había congregado fuera de Mestalla para recitar el “Lim go home” y, como no podía ser de otro modo, los valencianistas no perdieron ocasión de mentar al Madrid. Especialmente a Vinicius –el héroe-villano de la historia moderna de este clásico–, al que cantaron “Balón de playa”, en burla por su no-galardón. La cosa acabó con cargas policiales, no por los cánticos sino por la conducta violenta de los más radicales, que obligaron al autobús del Real Madrid a entrar por la puerta de atrás.

Algunos madridistas recordaron los homenajes y donaciones del club tras la DANA (a la Comunidad en forma de un millón de euros y al Valencia CF en forma de senyera gigante) para recriminar el agravio, pero es preferible huir de la demagogia. En primer lugar porque la solidaridad debe ser desinteresada y, en segundo, porque un Valencia-Madrid sin aquelarre antimadridista sería algo así como una hamburguesa vegana.

Esta clásica rivalidad se ha enardecido en los últimos años y cada visita del Madrid a Valencia es una promesa de espectáculo futbolístico en su totalidad. Goles, regates, contragolpes, polémicas, patadas, protestas, insultos, expulsiones. El Real Madrid ha terminado el partido con diez jugadores en sus últimos tres partidos en Mestalla: dos rojas a Vinicius (2023 y 2025) y una a Bellingham (2024).

El inicio del partido estuvo a la altura del ambiente que lo envolvía. Muy pronto hubo sustos en ambas áreas y en el 26’ Hugo Duro puso el 1-0 al cazar un rechace tras parada de Courtois. Pidió una falta Rodrygo al inicio de la jugada, pitable en directo pero muy ligera para anular un gol. En la primera parte el Valencia se cerró muy bien y no dejó que el Madrid encontrara ningún hueco para atravesar la muralla.

Excepto los últimos diez minutos (Ceballos enderezó el timón en el centro del campo), los visitantes estuvieron flojos, con la honrosa excepción de Bellingham, dispuesto siempre a tirar del carro. Tuvo una clara Vinicius (las rastas no le sientan bien ni estética ni futbolísticamente) y Valverde chutó a puerta cuatro veces. Una golpeó contra el pecho de Dimitrievski; otra rebotó en un defensor; y las últimas no cogieron puerta por poco.

En un momento dado, Tárrega, sin interés alguno por el balón, empujó a Vinicius dentro del área y lo mandó a la grada. Son infracciones grotescas que ocurren en cada partido pero que, inexplicablemente, nunca se sancionan. Tampoco cuando ocurren en el área del Madrid.

Después del descanso el Real Madrid mejoró bastante y consolidó el dominio del centro del campo. Empezó a generar ocasiones con mayor facilidad y, sobre todo, no concedió ni una en su propio campo (Tchouameni, por cierto, hizo un partido notable de central). Sólo se necesitó un poco de rodaje para encontrar ese ritmo que vaticina el gol inevitable e invita a pensar en la remontada.

El primer aviso serio fue un golazo de Mbappé… En fuera de juego. Un par de centímetros echaron a perder una jugada memorable: pared con Bellingham dentro del área y definición cristianesca del francés, que regateó al portero con el escorzo agilísimo que le permiten sus piernas, entre las del guepardo y las del avestruz (la camiseta por dentro se las alarga más si cabe).

Poco más tarde, el propio Mbappé provocó un penalti que el árbitro sí señaló (lo fue, pero menos que el del primer tiempo). No fue ni Kylian ni Vinicius, sino Bellingham, quien lo tiró. Y lo mandó al palo. Dimitrievski adelantó sus dos pies más allá de la línea de gol, pero el penalti no se repitió. La norma es equívoca: “Si el portero comete una infracción y el balón no entrara en la portería o rebotara en el larguero o los postes, únicamente se repetirá el tiro penal si la infracción del guardameta influye claramente en el lanzador”.

El infierno de Mestalla abrasó a Vinicius

Carletto sacó a Camavinga por Mendy (siempre inofensivo en ataque y cada vez menos robusto en defensa) y a Brahim por Rodrygo (muy discreto). Si las oportunidades desaprovechadas y el paso de los minutos disminuían las posibilidades de remontada del Madrid, el acontecimiento del 78’ lo hizo parecer una quimera. Vinicius cayó (de forma natural y accidental) dentro del área y Dimitrievski fue a buscarle las cosquillas. El brasileño reaccionó de forma exagerada y empujó-golpeó al guardameta ché con las dos manos entre el hombro y la cara. Dimitrievski se desplomó –tal y como figuraba en el guion– y Soto Grado enseñó la roja a Vinicius a instancias del VAR.

La provocación de Dimitrievski es innegable y la reacción de Vinicius, inexplicable.

La tensión del ambiente, la frustración ante el marcador, y las de sobra conocidas dificultades de Vinicius para templar sus impulsos fueron el mejor aliado del Valencia justo cuando más difícil lo tenía sobre el verde. Otra vez los arrabales del fútbol marcando el partido. Cada año, Mestalla se prepara para recibir al Real Madrid convertido en un infierno y siempre lo consigue. En este caso, el fuego ché consiguió devorar a Vinicius, pero no fue suficiente para derrotar al Madrid, ni siquiera con un jugador más y el marcador favorable.

El Valencia no supo sacar ventaja de la expulsión, que tampoco afectó al ánimo de los visitantes. En el 86’, Brahim robó cerca del área rival y Bellingham filtró un pase precioso para Modric, que definió bajo presión como un auténtico nueve. Control con la derecha y punterazo con la izquierda. Empate y el partido caliente, caliente.

No se puede luchar contra la inercia de la historia y fue el destino el que obligó a Foulquier a dar un mal pase a Guillamón, y a Guillamón a no saber qué hacer con la patata caliente. Sir Jude Bellingham, Comandante en Jefe del ejército blanco (ayer, vestido de naranja), recogió el balón suelto y certificó la remontada en el 94’. Alguno se acordó del silbato de Gil Manzano al ver al inglés celebrar con esa pasión redentora. Aún hubo tiempo para un coletazo agonizante del Valencia y Luis Rioja estrelló el balón en la parte interna de la cruceta, causando más de un infarto en ambas trincheras.

Esta fue una victoria de las que ganan campeonatos. El 1-2 final coloca al Real Madrid líder de la Liga, al menos hasta que el Atlético recupere el partido que le falta. El Valencia, sin embargo, se mantiene en penúltima posición, a cuatro puntos del descenso. Dios quiera que se salve. Los precedentes inmediatos hablan por sí solos, y el Valencia-Madrid se ha convertido en algo casi teatral. Historias dramáticas con sus batallas, sus conspiraciones, sus bajas pasiones, sus aversiones atávicas. "Fútbol, sigan".

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