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Olor y esencia Madrid

martes 06 de febrero de 2024, 12:07h
Actualizado: 06/02/2024 12:22h

Bromhidrosis. Es el olor característico de cada persona. En él no influyen los perfumes, nos da identidad y nos individualiza.

En palabras de Jean- Paul Sartre: “Cuando olemos otro cuerpo, lo poseemos al instante, como si fuera su sustancia más secreta, su propia naturaleza”.

Somos únicos e individuales, pero: ¿Qué ocurre cuando la individualización se convierte en colectivo? Un colectivo de cultura, sentimiento, vivencia, de ciudad, casa o vínculo. Pues ocurre que creamos una identidad compartida, un olor característico de cada tierra, de cada ciudad, de cada territorio. De Madrid.

Madrid es su gente, su cultura, sus tradiciones, los sueños de aquellos que nos visitan, de los que están de paso y de los que se quedan. De los estudiantes, los emprendedores, trabajadores y aventureros. Madrid es la ciudad de todos ellos y posee un olor tan característico que, si cierras los ojos y haces volar tu mente, afirmarás, con total certeza, que: Madrid huele a palomitas cuando pasas por la Plaza de Jacinto Benavente y los 107 años de historia de los cines Ideal, huele a ilusión cuando visitas Cortylandia en la calle del Maestro Victoria, huele a libros, historia y pasado cuando caminas por las inmediaciones del Museo Arqueológico y la Biblioteca Nacional de España. Y cuando comienzas a bajar por la calle de Guillermo Rolland, desde la Plaza de la Marina Española, te abofetea un olor a aguarrás proveniente de la escuela de restauración, para pasar, casi de inmediato, al olor a cocido del emblemático restaurante La Bola.

Madrid huele a cánticos y afición cuando caminas por los alrededores del estadio Santiago Bernabeu, y a nostalgia cuando pasas por el Paseo de los Melancólicos y el Manzanares.

Madrid huele a almendras garrapiñadas cuando paseas por el Parque del Buen Retiro, a pintura cuando pasas por la Puerta del Sol y, mágicamente, te topas con el maestro Antonio López y sus pinceles. Huele a pasión cuando ocupas una silla de cualquier tablao flamenco de su capital, y a curry cuando callejeas por Lavapiés y la magia de su multiculturalidad.

Madrid huele a chotis y chulapas en la pradera de San Isidro. En otoño, Madrid huele a castañas asadas cuando sales de la estación de Atocha y caminas hacia el Museo Reina Sofía.

En Madrid, la Navidad comienza cuando visitas la Plaza Mayor y huele a esperanza e ilusión. Huele a perfume caro cuando subes por la calle de Serrano hasta Ortega y Gasset, y a historia cuando bajas en la parada de metro de Tribunal y te adentras en el Museo del Romanticismo o en el Museo de Historia. Madrid huele a ajetreo un lunes en hora punta y a descanso cuando coges el metro de vuelta a casa.

En un día de sol, Madrid huele a terrazas, cerveza y vino; si llueve, a bibliotecas y café. Huele a diversión y familia cuando llegas a la Casa de Campo y escuchas las risas y gritos del Parque de Atracciones. Madrid huele a vitoreo y tradición cuando sales de la M-30, pasas por el puente de la calle Alcalá y te absorbe la majestuosa Plaza de Toros de Las Ventas.

La estación de Chamartín huele a despedidas y reencuentros. Madrid huele a nuevos comienzos y culminación de sueños. Ciudad Universitaria huele a oportunidad y futuro, con un toque de miedo e incertidumbre. Madrid huele a noches sin dormir y días sin fin.

La víspera del 1 de enero, Madrid huele a nuevo en la Puerta del Sol.

Madrid huele a historia: pasado, presente y futuro. Esencia y olor a Madrid, huele y se siente. Te atrapa y te enamora.

Sandra Samboal

Diputada del Grupo Parlamentario Popular en la Asamblea de Madrid

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