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Un plan de Recuperación para restaurar Europa

Por Paloma López Bermejo
jueves 23 de septiembre de 2021, 15:28h

Cuando se nos queda ‘colgado’ el ordenador y no funciona, no responde, es habitual que apretemos el botón de ‘reset’ para reiniciarlo, para restaurar su funcionamiento y poder seguir trabajando con él. Creo que esta metáfora es muy ilustrativa de lo que, a mi juicio, podrían suponer los fondos del plan de Recuperación para Europa, dotado aproximadamente con 800.000 millones de euros, para sacar a los estados miembros de la crisis en la que la pandemia los ha hundido.

Los fondos del llamado plan Next Generation UE pueden suponer un salto cuantitativo y cualitativo para Europa y para sus millones de habitantes. Pero no sólo serán un impulso decisivo para recuperar las economías de los países de la Unión Europea, maltrechas tras los efectos de la crisis sanitaria provocada por el coronavirus, sino también para recuperar Europa y su identidad. Una identidad pervertida y difuminada en los últimos tiempos debido a las políticas promovidas por las instituciones comunitarias.

Europa y sus principales organismos tendrán un papel fundamental en la distribución de esos fondos que llegarán a cada país, y que en España tendrán que ser administrados de forma coordinada por el Gobierno central, las comunidades autónomas y los municipios. Ese papel será determinante para recuperar la confianza de la ciudadanía en una Unión Europea que, desafortunadamente, lleva defraudando sus expectativas desde hace años.

Esta semana, en CCOO de Madrid hemos celebrado la escuela sindical con la que cada año arrancamos el curso y la actividad sindical. Durante tres jornadas hemos podido analizar, reflexionar y debatir en torno a los fondos europeos y al nuevo paradigma económico y social que podrían significar. Allí señalé algo que suele comentarse, que se rumorea en los pasillos de las instituciones en Bruselas, y es que dicen que Europa se construye en base a las crisis. Y, de hecho, en los últimos años hemos tenido una clara demostración de esto, con la crisis económica de 2007 y 2008, a la que debemos añadir una crisis migratoria y de refugiados y, por último, una crisis que considero especialmente grave, la de la desafección política por parte de la ciudadanía europea.

Las políticas de austeridad que pretendían salvar a Europa de la crisis económica y financiera sirvieron para estrangular aún más a los estados y deteriorar los servicios públicos de los que se beneficia fundamentalmente la clase trabajadora. Esa frialdad en la aplicación de las medidas, la actitud de los llamados hombres de negro –por suerte inexistentes en la solución a la crisis actual- y los sucesivos recortes y empeoramiento de las condiciones de vida, convirtieron Europa en una especie de ente etéreo, alejado de los problemas reales de la gente. Pero ese ente que parece difuso, lejano, está formado por instituciones y organismos en los que personas de carne y hueso, procedentes de los países miembros, toman decisiones en función de la posición que mantienen los estados a los que pertenecen.

Sin embargo, la diferencia entre las soluciones, las medidas y políticas puestas en marcha para dar respuesta a las crisis que mencionaba antes, estriba en que ahora, con la crisis sanitaria, Europa parece haber cambiado radicalmente su planteamiento y su posición con respecto a los errores cometidos en tiempos pasados, aunque todavía muy frescos en nuestra memoria.

En este sentido, el plan de Recuperación para Europa es una excelente oportunidad para restaurar esa Europa social que siempre hemos reivindicado. Más de dos tercios de los recursos económicos del plan irán destinados a planes relacionados con la transformación verde y la transición digital. Unos planes a partir de los cuales es imprescindible acometer, ahora sí y de una vez por todas, la transformación de nuestro modelo productivo hacia una transición más justa y que tenga en cuenta los derechos y necesidades de la clase trabajadora. Es una doble oportunidad para sacar a España y al resto de países de la Unión del bache económico en el que la COVID-19 los metió. Y así, mejorando la vida de la gente, recuperar también la confianza en un proyecto común pensado en su ciudadanía y no en los mercados.

Desde CCOO somos razonablemente optimistas con respecto a lo que los fondos europeos pueden implicar si se hacen las cosas bien. Porque, además, desde Europa se han establecido algunos elementos que consideramos relevantes para el ámbito sindical, como es la importancia conferida al diálogo social para la implementación de las diferentes medidas adoptadas.

La Conferencia sobre el Futuro de Europa ya deja claro que la UE no puede continuar así, lo cual es, como poco, un punto de partida significativo para tratar de acabar con esa desafección. La puesta en marcha de estos fondos constituye una apuesta económica que hace un paréntesis con las reglas fiscales y la condicionalidad que imperaron en las crisis anteriores y que tanto dolor causaron a la clase trabajadora europea.

En la escuela sindical celebrada esta semana hemos aprovechado para explicar de una manera más exhaustiva en qué consisten los fondos, cuáles son sus objetivos y cómo afectarán al modelo productivo, a la industria, a los procesos de digitalización, a las políticas de género, al empleo y a la cohesión territorial. Tenemos la convicción de que son una ocasión que no podemos dejar pasar para reiniciar, para restaurar Europa y recuperar la seguridad y la certidumbre en torno a un proyecto muy necesario.

Paloma López Bermejo

Secretaria general de CCOO Madrid

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