Hace unos días, debatíamos en la Asamblea de Madrid sobre el papel de la mujer en la creatividad artística.
He de reconocer que es un debate, a mi juicio, que solo obedece a presupuestos ideológicos de una izquierda anclada en viejos tópicos, de espaldas a la realidad en la que vivimos. Y desde luego, en las antípodas de lo que pensamos en el PP Madrid.
Nosotros rechazamos por completo esa dicotomía maniquea de unos contra otros, hombres contra mujeres, creadores frente a creadoras, acentuado por el falaz lenguaje inclusivo que, a mi juicio, empobrece nuestro idioma y que no sirve sino de chanza.
Milito desde hace muchos años en el Partido Popular y nunca (y repito, nunca) he sentido que la opinión de una mujer valiera menos que la de un hombre; que mi opinión sobre aquello de lo verdad entendía, se tuviera en menos consideración de lo que pudiera opinar un compañero.
No creo necesario enumerar aquí los puestos de altísima responsabilidad que ya ejercieron Loyola de Palacio, Rita Barberá, Luisa Fernanda Rudí, Esperanza Aguirre y muchas otras, cuya estela siguen hoy Isabel Díaz Ayuso, Cuca Gamarra, etc. El ejemplo de la evolución que se ha seguido en la política es perfectamente trasladable al ámbito de la creación artística.
Desde mi ventana, desde mi propia experiencia personal, he podido observar la transformación de nuestra sociedad.
Tiempo atrás, las mujeres éramos una singularidad en las aulas universitarias y hoy las copamos abrumadoramente. Era una cuestión de tiempo y del esfuerzo de quienes nos antecedieron en romper una a una las barreras que ellas no pudieron salvar.
De igual modo, las orquestas sinfónicas, las compañías teatrales, las galerías de arte, los grandes museos reflejarán también la composición del talento de aquéllas que, por su calidad, por su talento se ganen en número y valía su papel. Y lo mismo reza para ellos. Sin distinciones de género.
El Gobierno de la presidenta Díaz Ayuso siempre apoyará el talento, la calidad del hecho creativo en sí, sin mirar quién sea su creador ni por sexo, credo, color o raza.
Nuestra política no va de compartimentos estancos ni de equilibrios sociales. Ni del intervencionismo en todos los órdenes de la vida que tanto le gusta a la izquierda.
Los madrileños queremos vivir en libertad, una libertad para vivir sin corsés, sin tantos por ciento de representatividad.
Libertad para crear. Libertad siempre.
Lo de las distracciones de género se lo dejamos a la izquierda. La sociedad madrileña no paga la luz ni las hipotecas con perspectiva de género.
No estamos en eso.
Estamos en seguir creciendo, en llevar a Madrid a lo más alto entre todos.