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Hospital del juguete
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Hospital del juguete (Foto: Mireya Santiago)

El Hospital del Juguete dice adiós tras más de 50 años: su cirujano se jubila

Adiós al 'Hospital del juguete'

domingo 27 de noviembre de 2022, 09:00h

Antonio Martínez Rivas tiene 75 años y lleva más de 50 años reparando juguetes en su taller, primero en el distrito de Tetuán y desde hace 15 años en el barrio de Pacífico de Retiro. Muñecos cojos (o mancos), coches de exposición hechos a mano en los años 60, payasos, trenes fuera de las vías y peonzas son algunos de los ‘trastos’ que vemos nada más entrar en este especial sanatorio de juguetes. Nos adentramos hasta el quirófano donde trabaja el único ‘cirujano de juguetes’ que queda en España, para escucharlo, un mes antes de que cierre sus puertas para siempre.

Martínez Rivas comienza a operar las piernas de una muñeca del siglo pasado cuyo mecanismo dejó de funcionar. “Cuando esté lista, la muñeca podrá gatear y sentarse”, nos indica el doctor mientras trabaja de pie en su operación. El hombre, más conocido como el 'Geppetto del 2.000', se encuentra luchando contra su tercer cáncer y una neuropatía en las manos. Antes de la pandemia, superó uno de colon. Después pasó uno de peritoneo y ahora está en tratamiento por uno de pulmón. “Antes entraba a las 8:00 de la mañana y me iba a las 21:00 de la noche. Ahora ya me voy cansando, aguanto hasta el mediodía”, añadía.

Madrileño de nacimiento, Martínez Rivas heredó este entrañable negocio de sus padres que se dedicaban a la venta e invención de juguetes: “Cuando salía del cole, según acababa de hacer los deberes, me ponía con ellos hasta que cerraban. Al final aprendí todo lo que sé”. Pero no solo se empapó de aprendizaje, también adquirió la maña que este tipo de trabajos requieren: “Puede ser que sea herencia. Mi padre era muy manitas”, asegura.

La evolución del juguete

Antonio Martínez Rivas en el Hospital el Juguete (Foto: Mireya Santiago)

¿La fórmula para este tipo de trabajos? La vocación. “Los beneficios son mínimos”, asegura el doctor que dice haber vivido del oficio a base de “echarle muchas horas”. Con el paso de los años, el juguete ha ido cambiando hasta incorporar mecanismos electrónicos: “Tuve que estudiar para ir avanzando al mismo tiempo que los juguetes”. Informándose, leyendo libros sobre carpintería, electricidad, bellas artes, así fue aprendiendo y evolucionando.

El cirujano de juguetes no solo los repara, a veces pinta partes de los muñecos o coches que pierden color con el paso del tiempo. Incluso fabrica piezas si alguno carece de estas. “A esta muñeca le hice un dedo del pie que le faltaba y lo pinte. Ahora está secándose”, explica mientras sostiene una muñeca Cayetana.

“Los menores no se interesan por los juguetes como antes”

Las manos de este experimentado doctor han pasado por numerosos muñecos y coches pero los que más ha arreglado han sido juguetes emblemáticos de las firmas Rico y Payá. “Por ejemplo de Payá fue el tiburón y el ferrari, y el camión, volquete que tuvo mucho éxito y se vendió mucho. Rico también hizo un montón pero el que más el Mercedes”, explica mientras mira uno de esos juguetes. Pero sus favoritos son los autómatas: "Son los que más están llegando al taller".

Por otro lado, el bautizado por los medios como el ‘geppetto del 2000’, ha reparado todo tipo de ‘trastos’. Desde una muñeca de tamaño natural de la niña del exorcista para Halloween hasta un niño Jesús de un convento. “Este último ha sido de los juguetes más raros que he arreglado. La cara se levantaba, movía los ojos y después se acostaba, cerraba los ojos y se quedaba dormido”, detalla. Uno de los arreglos que le llevó más tiempo: casi un año en reparar la muñeca.

Un trabajo que llega a todo el mundo

Pero este curtido doctor no solo recibe juguetes de los vecinos de Madrid, también rescata juguetes en las peores condiciones que le envían desde el resto de España y el extranjero, aunque cuesta más el viaje que repararlo. “Tengo paquetes de Badajoz y Murcia y, de fuera, me han llegado de Uruguay y Argentina”, añade. “Lo trajeron en avión, la reparación costaba 50 euros y el porte para mandarlo costaba 70 euros. Le costó más el viaje que lo que valió arreglar el juguete”, explica.

El cirujano, rodeado de herramientas y cajas, nos enseña uno de sus pacientes del momento: un juguete autómata de 1890, que le ha traído un coleccionista. “Me llevará 30 días arreglarlo pero no puedo cobrarle un mes de trabajo porque lo iré haciendo a ratos”, añade el experto. Asimismo, señala que la mayoría de las piezas las tendrá que fabricar él mismo porque “ya no existen”.

En sus estanterías y cajones ya no caben más moldes con los que fabrica piezas que ya no se hacen en España. “Antes estaba todo hecho y había toda clase de respuestos. Muchas piezas han dejado de hacerse y tengo que ir fabricándolas con moldes” cuenta mientras sujeta tres moldes. “Por eso digo que este trabajo es vocacional”, añade mientras se le dibuja una sonrisa.

El rechazo de los niños hacia los juguetes

Algunas de las muñecas y juguetes que se encuentran 'ingresados' en el hospital (Foto: Mireya Santiago)

A este curioso Hospital entran pocos niños. “Cada vez vienen menos niños. Los que más son padres que se empeñan en un juguete que tenían de pequeños y quieren arreglarlo para que lo use su hijo”, explica, pero como dice el doctor: “Los menores no se interesan por los juguetes como antes”. Con la llegada de Internet, los más pequeños han ido perdiendo el interés por los juguetes y apenas están más de media hora con ellos porque “se aburren”.

Un hombre irrumpe en la tienda. Se llama Miguel y lleva bajo su brazo el último juguete que le queda por reparar. Este coleccionista señala que el adiós del Hospital del Juguete es “una reliquia que lamentablemente perdemos”. “Esto es una riqueza que tenía Madrid y a partir de ahora a ver donde arreglamos nuestros juguetes”, reflexiona apenado por el cierre. Al igual que Miguel, muchos se preguntan: ¿dónde arreglarán sus juguetes cuando cierre?. “Si en el futuro me compro uno y se estropea ya me buscaré la vida como pueda, buscaré por internet o algo”, explica Miguel con incertidumbre.

"Este trabajo es vocacional. Los beneficios son mínimos"

Martinez Rivas se jubila y su taller dice adiós tras no encontrar ningún relevo para su oficio. “Tengo hijos, pero a ninguno les convence”, confiesa un poco emocionado porque los juguetes han sido su vida. Ahora, el Hospital del Juguete dice adiós para despedir el año pero está convencio que con tanto tiempo libre “algo hará”. “Por ahora, disfrutaré de mis nietos y después tengo un taller en casa, donde haré algo para entretenerme claro, porque no puedo estar sin hacer nada”, señala entre risas.

Jornadas de puertas abiertas
Los días 3, 4, 5 y 6 de diciembre se celebrarán unas jornadas de puertas abiertas en el Hospital del Juguete, en la calle de Granada 36, para que el público y los coleccionistas de todas partes puedan visitar el taller y comprar los juguetes que se encuentran allí expuestos. Museos del Juguete, como el de Ibi en Valencia, o personas que cedan algún hogar para los juguetes serán los destinatarios de aquellos ‘trastos’ que no se vendan.

El comercio cerrará sus puertas el 31 de diciembre, pero Antonio Martinez Rivas seguirá ligado a este mundo como organizador de mercadillos y exposiciones de juguetes periódicas.

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