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¡Quiero salir!

martes 05 de mayo de 2020, 08:03h
Vamos con un nuevo día. Y ahora ya me empiezo a liar, no sé si sumamos días de desescalada o restamos días de fases o no sé muy bien qué cuentas llevamos ¡la verdad!

El caso es que seguimos un poco menos confinados, pero aún secuestrados. Unos estamos con la condicional y otros con la libertad vigilada. Y nunca mejor dicho, porque ahora ya no salimos a la calle con miedo por el coronavirus. Ahora el miedo se lo tenemos al vecino. Al que nos encontramos por la calle o en el súper, o en el banco... A ese que ha sacado el policía, incluso el detective que lleva dentro y está deseando acusarnos o al menos regañarnos por no llevar mascarilla o guantes. O estar paseando sin perro o con perro. O sin niños o con niños o a una distancia que no considera la correcta. Todo comienza con una mirada desafiante, para pasar al reproche público de “ciudadano ejemplar”. Y porque no puede, pero se queda con las ganas de acercarse y pedirnos el DNI, para ver si estamos paseando en el tramo horario que nos corresponde.

El COVID 19 ha venido a instalar un “estado policial” en casi todos los sentidos y ya veremos cómo y cuándo salimos de él o si somos capaces de hacerlo.

Y esto es como todo, lo suficiente que no puedas hacer algo, para que tengas más ganas de hacerlo. Al principio, como esto vino de manera tan inesperada, tan de repente, no tuvimos ni tan siquiera capacidad de reacción. “Hay que quedarse en casa” pues lo asumimos, primero porque no era opcional y además lo que estaba en juego era nuestra vida. La incertidumbre y el miedo se hicieron insuperables. En un primer momento, quince días los veíamos casi como unas vacaciones. Luego nos quitaron la Semana Santa y ya no nos gustó tanto... Pero luego ese estado de alarma se prolongó quince días más y aquí ya comenzó la ansiedad, ya necesitábamos un plan, ya empezamos a no ver luz y fue entonces cuando nuestra resignación, nuestro optimismo y nuestros buenos propósitos se fueron desvaneciendo...

Y ahora en este momento, que se supone que es un avance y que deberíamos estar contentos... Empezamos a no saber ni cómo estamos ya. Nuestra particular montaña rusa de emociones tiene otra bajada. Y ese miedo, esa incertidumbre, esa ansiedad se va transformando en impaciencia. Hemos tenido toda la paciencia del mundo, estamos hasta sorprendidos de nosotros mismos y de nuestra capacidad. Hemos sido obedientes, haciéndolo todo sin cuestionar nada... Pero estamos llegando al límite. Ya necesitamos fechas, fechas concretas... Ya oímos “Estado de Alarma” y nos suena a prórroga infinita. Y seguimos con miedo, pero necesitamos salir.

Salir como si fuéramos responsables, como si fuéramos los primeros que no nos queremos contagiar ni contagiar a nadie. Salir a ver a los nuestros, sabiendo que si estamos en riesgo no vamos a ser tan inconscientes de exponer a los que más queremos. Salir a tomar una cerveza aunque sea a casa de un amigo, que ya nos cuidaremos de mantener las distancias. Ver a nuestros padres, a nuestros amigos. Reírnos y que no sea por videollamada. Que no se preocupen, que ya tenemos interiorizado que de momento lo de tocarnos queda lejos, pero que nos den la oportunidad de demostrar que somos personas sensatas, que yo creo que hasta el momento lo hemos demostrado, al menos eso le contestó el Ministro Illa al periodista holandés. Ya necesitamos que nos hablen como si fuéramos adultos capaces de entender lo que nos dicen.

Por eso cuando esto pase, que pasará... Recordaremos que hubo un virus que le tomó el gusto a monopolizar nuestras vidas y cada día veíamos más lejano recuperar el control. Y se dirigía a nosotros en tono paternalista, para que si la cosa salía mal, ese gran país del que habían presumido hasta ahora, sería el culpable. Y fue entonces cuando despertamos y fuimos conscientes de que éramos adultos y responsables y que para salir teníamos que cuidarnos y cuidar a los demás, porque ya sabíamos que no hacerlo traía enfermedad y la cara más cruel del virus, la muerte. Y fue entonces cuando exigimos certezas. Porque ya no sólo estaba en juego nuestra Salud sino nuestra libertad y con ella, nuestro futuro económico y social.

Esther Ruiz
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