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Las carga el diablo

lunes 26 de abril de 2021, 09:04h

Empezamos semana, recta final de la campaña electoral del 4M y temblando estoy... Hace tiempo que el discurso político se diluyó dejando paso al espectáculo, lo estamos comprobando cada día y más ahora que estamos en campaña y parece que todo vale.

No se habla de programas, ni de las soluciones a los problemas que tenemos los ciudadanos, ni de ideas, ni tan siquiera de ideales. El mensaje se pierde en el ruido, que cada vez es más ensordecedor, una batalla por ver quién escupe más lejos. Ahora la lucha está en demostrar quién es más demócrata, se les llena la boca de democracia y algunos parece que tienen la máquina de hacer carnés de demócrata, sin caer en la cuenta que todos los candidatos que están en los debates han sido elegidos democráticamente. No sé si los votantes perdemos o ganamos con el hecho de que no haya debates electorales, porque desde luego, con el nivel que están demostrando es muy cuestionable, como en el de Telemadrid donde se tiraron los muertos a la cara sin ningún pudor. El y tú más”, a veces es realmente vergonzoso.

Todavía está dando vueltas (y las que que le queden) la amenaza de muerte y las balas que recibió el señor Iglesias, que fue quien lo hizo público, un acto deleznable y condenable y que ya conocíamos en este país, cuando Albert Rivera recibió un paquete con una bala clavada en su frente por parte de las juventudes de Esquerra, ese partido que ahora es aliado del gobierno de España. No se puede frivolizar con estos actos en un país como el nuestro, que ha vivido 50 años de terrorismo con amenazas, balas, bombas y tiros en la nuca. “El condenar todas las violencias” como hizo Rocío Monasterio, nos lleva a esa equidistancia que ya conocíamos por esos otros que saben mucho de balas y que ahora también son socios de gobierno. La violencia, aunque sea dialéctica, sólo trae violencia y su condena debe ser expresa, rotunda y sin peros, aunque sea contra quien la jalea.

Quizás Pablo Iglesias debe pararse y darle un pensamiento a algunas de las frases que ha dicho con enorme ligereza como que “Madrid, será la tumba de Abascal” o que había que “naturalizar el insulto” o cuando hablaba de los “escraches como jarabe democrático” o que a los que agreden con adoquines es “porque han ido a provocar” incluso esa emoción que le producía “cuando agredían a un policía”...

Ahora sólo vale el conmigo o contra mi y el problema es que habrá quien piense que de aquellos barros vienen estos lodos o que las balas, como las palabras, las carga el diablo, justificando así lo injustificable.

Esther Ruiz

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