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Cuando empieza a llover ¡Siempre para!

viernes 03 de abril de 2020, 09:15h

Seguimos en nuestra particular cuenta atrás, sumado días y restándoselos al calendario...

Y hoy después de días tristes, grises y fríos ¡Ha salido el sol! Y es la maravilla de la naturaleza, que cuando llueve por muy fuerte que lo haga, por muy oscuro que vuelva el cielo, por muchos días que dure esa lluvia... al final siempre para y es capaz de regalarnos un cielo azul con un precioso sol como el de hoy.

Y eso es lo que nos está pasando ahora... Nuestra vida era como disfrutar de un tiempo más o menos apacible, con algún día gris, con lluvias, con frío incluso con algún relámpago, con algún trueno pero nada que no se pudiera llevar con un buen abrigo y un paraguas. Y cuando estábamos soñando con el momento en que llegara el sol para quedarse, con esa tranquilidad que añoramos en nuestro día a día, lo que llegó fue la peor de las tormentas con toda la fuerza de lo imprevisible, con toda la energía de lo incontrolable y además con nombre, como cuando se lo ponen a las borrascas más agresivas: COVID 19. Y Llegó como esas tormentas del Caribe, en las que estás disfrutando un día precioso y de repente miras al cielo y ves como se va llenando de nubes, como el azul se va tornando en gris y ese gris en negro y ves un rayo a lo lejos y un relámpago más cerca y acto seguido un trueno que comienza a descargar con fuerza la lluvia y sin esperarlo, te ves inmerso en una tormenta de esas que dan miedo, de esas que te estremecen, de esas que piensas “así debe ser el fin del mundo”.

Y esto nos da la dimensión de lo equivocados que estábamos... Nos sentíamos seguros, porque a pesar de todo, creíamos llevar el control de nuestra vida. Con todos nuestros problemas, nuestras insatisfacciones, hartazgos, disgustos, desengaños, discusiones, nuestras “tormentas internas”... Pero aún así, creíamos saber el cómo, el cuándo, el dónde incluso dar respuesta a los por qués. Aunque no conociéramos el futuro lo proyectábamos y hacíamos planes, porque pensábamos que nada se podía escapar a nuestra razón, que todo tenía una explicación... y de repente, nos damos cuenta que hay cosas que la razón no entiende, que no tenemos respuesta ni siquiera para saber cuándo vamos a poder salir de nuevo a la calle, que el futuro es hoy...

Es verdad, las tormentas destrozan y se llevan por delante muchas cosas, incluso muchas vidas y traen desolación, pero también airean y limpian y hacen que respires mejor y cuando definitivamente pasan traen calma y sol... Y es que no hay otra, para ver la luz tenemos que conocer la oscuridad y para valorar un día soleado tenemos que haber vivido una día gris y si son muchos seguidos, más agradeceremos cada rayo de sol.

Por eso, cuando esto pase que pasará... seremos conscientes de nuestra fragilidad y que no siempre podemos ponerle razón a todo. Y no olvidaremos que hubo un día en el que vivimos una tormenta en forma de virus que nos zarandeó tan fuerte que nos hizo sentir incertidumbre, miedo... pero que no venció, porque ese miedo no consiguió paralizarnos sino que nos transformó, nos enseñó a valorar y agradecer muchas cosas y momentos y sobre todo a las personas. Y a la vez nos hizo sentir, emocionarnos, vibrar, sentirnos vivos... Y sobre todo nos enseñó que por mucho que llueva por muy fuerte, por muy larga que sea la tormenta, al final... ¡Siempre para!

Esther Ruiz

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