Rafael Aguado (1954-2023) responsable de ceremonial del Ayuntamiento de Madrid nació en la calle Toledo, pegado a la Iglesia de la Paloma, pared con pared. No es de extrañar su devoción por la Virgen que tantas veces, y tantos años hubo de atender en su oficio cada 15 de agosto y casi a diario en lo personal. Tanto sudaba en esas ceremonias que su traje y sus zapatos quedaban inservibles para otra puesta según Esperanza, su viuda.

Rafa ha sido parte de la Institución de la Villa y Corte. Tan eficaz, como presumido luciendo sus trajes de Gala junto a los centenares de autoridades que han visitado la Plaza de la Villa 5 (donde su cargo le obligaba a residir) para recoger las llaves de la Ciudad o las medallas de Madrid. Alcalde tras alcalde, sus funciones de “guardián” de la llave de la Villa le llevaron a no tener jornada, ni horario. Desde tener que levantar la caída del Ibercom que dejaba incomunicado el Ayuntamiento un fin de semana, hasta asistir en el operativo y ceremonial de un atentado o una Filomena.

Su muerte repentina ha puesto la Villa de luto y el 25 se celebra su funeral, como no, en la Iglesia de la Paloma y San Pedro el Real en el último adiós de la Virgen. Quizá sea el momento de honrar a Rafa por sus servicios a Madrid y descubrir que además se convirtió en oficioso embajador de la capital por el mundo. Su bolsita de pines con el oso y el madroño ha recorrido medio mundo. Así no se extrañen si algún día ven uno de ellos en la “manta masai” tradicional llamada “shuka” que significa envoltorio del cuerpo. O en el pecho de un bailarín ruso en Moscú o de un jugador de futbol de equipo extranjero que se enfrentará al Real Madrid (su otra devoción) en alguna final europea.

Atendió el palco municipal de la Monumental de las Ventas con mano izquierda y por derecho, ubicando y reubicando autoridades. Amigo de sus amigos, buscaba escapadas para terminar de aprender a jugar al Mus. Y soñaba que algún día podría acoger la plaza de la Villa un museo del Protocolo y Ceremonial que desde hace 400 años ha ido variando, obviamente, y que Rafael contribuyó a preservar recuperando y clasificando uniformes de Macero, ornamentos y estandartes o tapices. Su familia, Esperanza a la cabeza y sus hijos Rebeca y Rafael con sus tres nietas saben también mucho de esta Villa y Corte y de esa Plaza de la Villa que han compartido tantos años. Rafa ya Descansa en Paz y la Villa guarda luto.
