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Una ciudad medio abierta, o medio cerrada

viernes 24 de julio de 2020, 11:16h

Resulta difícil recuperar el viejo eslogan de: “Madrid, ciudad alegre y confiada”, porque buena parte de la alegría bullanguera de sus calles, se la ha llevado el maldito bicho del coronavirus, y la confianza está en periodo de hibernación, por miedo al rebrote.

Así las cosas, y por mucho que lo lamente, Madrid es hoy una ciudad medio abierta, o medio cerrada, según se mire. El turismo, elemento fundamental de la economía madrileña, se asoma tímidamente a las plazas, monumentos, ocio y comercio de esta vieja villa y corte, que ahora parece más villa en sus calles desangeladas, que corte en su capacidad de atracción. Se me cae el alma a los pies cuando en estos días veo el paisaje de la Plaza Mayor, de la Puerta del Sol, el paseo del Prado y el casco histórico, habitualmente abarrotado de turismo de todas las razas, nacionalidades y procedencia, que ahora es frecuentado por un puñado de visitantes, que parecen desafiar con sus cámaras fotográficas al clima de incertidumbre, inquietud y desconfianza que ha conquistado el covi 19.

Nada más lejos de la voluntad de este cronista, madrileño y madrileñista, que trasladar una imagen triste del Madrid de mis entretelas, pero es lo que hay, lo que se ve, lo que se manifiesta, lo que nos aleja de imágenes tan recientes como el de una ciudad invadida por el turismo, una infraestructura hotelera siempre ocupada, unos lugares de ocio abarrotados y una algarabía callejera que hablaba de gozo y confianza. Hoy la inmensa mayoría de los hoteles están cerrados, y los que están abiertos, apenas cubren el 30 por ciento de su capacidad. Hay restaurantes populares, con sus fogones apagados, y otros que funcionan a fuego lento. Grandes superficies comerciales parecidas a las de un mes de agosto de los setenta, cuando el mes veraniego por excelencia, dejaba a esta ciudad “cerrada por vacaciones”, o trabajando bajo mínimos. El aeropuerto de Barajas no es en estas fechas el colmo del frenesí en las llegadas y salidas, el de los paneles excitados por tanta actividad aeroportuaria.

Son imágenes para el desaliento, por mucho que nos cueste admitirlo, pero la evidencia es contundente, implacable. Madrid es una ciudad medio abierta, o medio cerrada, diría que con sus puertas entreabiertas, pero todo tiene que volver a la normalidad algún día, todo tiene que empezar a salir bien y regresar al tumulto del turismo, ese que testimonia el sentimiento de una ciudad alegre y confiada.

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