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Isidro se piensa si bajar a sus fiestas

Por Ángel del Río
jueves 13 de mayo de 2021, 16:41h

El año pasado, San Isidro no pudo cumplir con la tradición de bajar a Madrid cuando sus paisanos celebran su onomástica. Se tuvo que quedar en las alturas, en el escaño celestial que le corresponde en el senado de todos los santos, porque España estaba confinada por culpa de la pandemia, y ni siquiera un santo patrón como él, podía entrar a la ciudad, por muy tildada de milagrera que fuera su fama.

Este año la Villa y Corte no está confinada, pero sí limitada por esa pendemia que no cesa, por ese bichito tan destructor como las plagas de langosta que arrasaban los campos de los Carabanchelesm cuando en ellos faneaba el santo labrador.

Isidro no está muy seguro de que le merezca la pena el viaje en estas circunstancias, porque la pradera será una extensión vacía, sin comidas en la manta ni menús castizos; ni madrileños vestidos de chulapos, chulapas y algún chulape. No habrá verbenas a las orillas del Manzanares, sólo el ruido del tráfico de la M-30. No ha lugar a la presencia de chiringuitos, puestos de fritanga de gallinejas, de botijos, barquillos y barbacoas; tampoco venderá sus rosquillas la sobrina de la Tía Javiera, ni el anciano rey de los pitos pondrá sus chifles de barro a disposición del pequeño soplador. No habrá misa de campaña en la pradera, ni siquiera, y esto es lo más importante, se podrá ir a beber el agua de la fuente del santo, esa que: “Si con fe la bebieres y calenturas trujieres, marcharás sin calentura”. Por que este año los fieles no llevan botijo, sino un frasco con gel hidro-alcohólico; los mozos, no llevan el safo al cuello, sino una mascarilla, y las manolas no lucen un clavel reventón en el pelo, sino una diadema de melancolía.

A pesar de todo, los devotos madrileños le han pedido a su patrón, que se baje de la nube celestial desde la que otea el horizonte, y acuda a festejar con sus paisanos las fiestas más castizas de Madrid, porque, habélas, haylas, eso sí, lejos del foro, de la pradera, de la ermita: en los recintos de IFEMA, allá donde el Ayuntamiento ha encontrado espacio para el divertimento seguro, controlado, perimetrado… y despersonalizado.

Pero el santo patrón no está muy convencido, porque tan importante como el paisanaje chulapón, es el el paisaje castizo, y unas verbenas, la pradera, los puestos y las notas de un organillo repicando un chotís retrechero, fuera de su entorno y de su paisaje tradicional, quedan tan descafeinados que al bueno de Isidro quizá no le merezca la pena tan largo viaje. Otro año será...Esperemos.

Ángel del Río

Cronista Oficial de Madrid y Getafe

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