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Pasados los fastos del 2 de Mayo

Pasados los fastos del 2 de Mayo

Por Rafael Martínez-Simancas
lunes 05 de mayo de 2008, 00:00h
Se acabaron los homenajes, así que regresen los héroes a sus tumbas y los prebostes a sus ocupaciones. Hasta dentro de cien años nadie se volverá a acordar de la heroicidad de un pueblo que supo morir a pesar de que la monarquía no merecía semejante apoyo. Ellos, los que fueron arcabuceados por las tropas de Murat, anónimos seres de esta ciudad cuando era más villa que corte, lucharon pidiendo libertad y Fernando VII les devolvió absolutismo y más Inquisición.

Pasados los fastos del 2 de mayo será mejor que borremos algunos discursos que fueron de rápido olvidar. Como el de Esteban Parro, alcalde de Móstoles, que se vio al pie del cañón junto a los tenientes Daoíz y Velarde, quizá en una interpretación particular de la Historia. También es para olvidar la alusión del rey al noble pueblo madrileño, cuando fueron sus antepasados reales los culpables de la cesión de la corona a Napoleón y la posterior represión de los liberales de Cádiz. Mientras aquí se moría en el exilio de Bayona se vivía muy bien.

Pasados los fastos nos queda el recuerdo a los anónimos madrileños cuyos nombres están en las paredes de la exposición del Canal de Isabel II. No iban para héroes pero la Historia no les dejó otra solución. Apenas aguantaron un par de horas a la mayor maquinaria de guerra del mundo, pero con gran arrojo. El enemigo podría ser más numeroso pero nunca superior, y con esa voluntad se lanzaron a pie descalzo contra los molinos de Murat, quijotes por cuestión genética. Cien veces que hubiera repetido la batalla, cien que habrían perdido, ¿y qué?, ¿qué importa la victoria cuando uno está dispuesto a dejarse el corazón?

Ellos, nuestros paisanos, los que han sido utilizados en discursos oficiales con la alegría del que lleva prisa. Ellos, el pueblo de mayo de 1808. ¡Qué gente!
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