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Javier Fernández-Lasquetty, consejero de Inmigración y Cooperación

'Los madrileños afrontan la inmigración con naturalidad'

"Los madrileños afrontan la inmigración con naturalidad"

martes 08 de abril de 2008, 00:00h
El consejero de Inmigración y Cooperación analiza para Madridiario la convivencia en la nueva sociedad madrileña y se somete a las preguntas del último Barómetro de su Consejería. Firme defensor de la idea del 'contrato de integración', considera que este "primer año de crisis económica" será decisivo para conocer la tendencia migratoria de los próximos años.
¿Cree que la convivencia entre extranjeros y madrileños es buena?
En líneas generales sí, porque todos han puesto de su parte. Los madrileños han acogido a más de un millón de personas en un plazo de diez o doce años con solidaridad e inteligencia, conscientes de que hacían falta para seguir impulsando la economía. Los inmigrantes en su inmensa mayoría también han demostrado voluntad de integrarse.

El 16,6 por ciento de la población de Madrid son extranjeros. ¿Cree que este porcentaje seguirá aumentando?
No lo sé. Hay factores que seguirán haciendo aumentar la población extranjera, como la reagrupación familiar, pero un deterioro de la situación económica española también tiene sus consecuencias. A veces las llegadas se producen porque en el país de origen se les dice que aquí hay oportunidades, y si estas no existen, aunque ojalá sigan existiendo, puede ralentizarse el proceso. Es pronto para saberlo, pero a lo largo de este año lo sabremos.

¿Tan decisivo será este año?
La inmigración en nuestro país se ha producido en un período muy breve de crecimiento económico y creación de empleo. Lo que no sabemos es qué sucederá cuando haya una crisis económica, se destruya empleo y ya exista un alto porcentaje de inmigrantes.

Usted llamó la atención sobre el incremento de los inmigrantes desempleados. ¿Cree que ha llegado el momento de reforzar la red de atención social?
Yo no diría que la crisis económica se está cebando con los inmigrantes, pero sí constaté los datos de desempleo, que ha crecido como consecuencia, en buena parte, del parón de la construcción, un sector donde trabajan muchos extranjeros. Creo que hace falta una política a nivel nacional para poder remontar esta crisis, y también formación para el empleo, que es nuestra prioridad para este año. La red de asistencia social tiene que estar a la altura de las posibles necesidades y, en ese sentido, la red regional se ha fortalecido y se ha habituado a trabajar con inmigrantes, al igual que la de los ayuntamientos. Nosotros, como consejería, hemos decidido dar a los CASI (Centros de Asistencia Social a Inmigrantes) una estabilidad para llegar a donde no llega la red regional de servicios sociales o los propios ayuntamientos.

Ahora están abriendo muchos Centros de Participación para Inmigrantes (CEPI). ¿A qué se debe este cambio de rumbo?
Esta novedad la empezó mi predecesora, Lucía Figar. Nosotros hemos abierto tres en lo que llevamos de legislatura e inauguraremos pronto otros tres. Los CEPI han demostrado ser una plataforma útil para la convivencia. Las personas de origen y los madrileños están juntos en las actividades, lo cual permite que se entablen relaciones personales e incluso proyectos conjuntos. Unas 130.000 personas han tomado parte en sus actividades, de los cuales aproximadamente el 30 por ciento son españoles, lo cual es la mejor señal.

¿Se encuentra usted entre ese 25 por ciento de madrileños que tienen algún amigo extranjero?
Sin ninguna duda. Lo normal es que con las personas con las que trabajo tenga una relación que va más allá de lo puramente laboral y conmigo trabajan estrechamente un colombiano, una colombiana, una ecuatoriana, una rumana y un peruano.

Hay quien dice que la integración efectiva podría tardar algunas generaciones. ¿Cree que es así?
Una inmigrante me planteó una pregunta llena de sentido: ¿cuándo deja uno de ser inmigrante? El drama de países como otros europeos es que nacidos allí, incluso hijos de nacidos allí, no están integrados, y eso es lo que creo que no va a pasar en Madrid. Lo más común es que una persona que lleva aquí diez años ya es un vecino más de Madrid, con su acento, gustos musicales y con un interés por su país y sus compatriotas, pero un madrileño más.

'Mójese' con algunas de las preguntas que su Consejería planteó a los ciudadanos para elaborar el Barómetro de la Inmigración. ¿Cree usted que la mayoría de los inmigrantes ha venido a nuestra región para quedarse?
Hay un porcentaje importante que dice que quiere regresar, pero con el tiempo pueden quedarse. Me parece muy pronto para saberlo.

¿Cree que la convivencia entre españoles y extranjeros ha mejorado o empeorado en el último año?
Yo no tengo la percepción de que haya empeorado; más bien, según el propio barómetro, ha mejorado.

¿Cree que los españoles tratan a los extranjeros en condiciones de igualdad?
En líneas generales, sí. Yo no veo un trato discriminatorio institucionalizado y la inmigración se trata con bastante naturalidad.

¿Es partidario de la contratación en origen como política de extranjería?
Creo que es lo idóneo, pero hay que hacerla posible. Un pequeño o mediano empresario no creo que vaya a contratar a nadie, sea inmigrante o no, sin haberlo conocido, haber charlado un rato con él y tener una impresión. Por eso creo que deberían buscarse fórmulas que facilitaran a las pymes la contratación en origen, algo que ahora mismo no existe.

Seguimos con el Barómetro. ¿Cree que la llegada de más extranjeros puede afectar a quienes ya están aquí, tanto madrileños como inmigrantes, a la hora de encontrar trabajo, acceder a una vivienda, esperar más en los hospitales, la calidad de la enseñanza o afectar a la seguridad ciudadana?

Me llamó la atención la similitud entre las respuestas que dieron a esas preguntas tanto los inmigrantes como los madrileños de origen. Pensar que si viene más gente puede haber más dificultades es una reacción humana. Esas preguntas además están bien hechas y pretenden pulsar estados de ánimo, pero luego hay que contrastarlas con la realidad. En Madrid se acaban de poner en servicio ocho hospitales y se ha ampliado la red de transporte público, y eso tiene que ver con que en Madrid vive un millón de personas más. Los servicios públicos tienen que estar a la altura de una región en la que viven seis millones de habitantes.

¿Cree que lo están?

Sí, y además ha cogido el ritmo como para seguir así, tanto los servicios regionales como los municipales. Nosotros contribuimos a ello con los convenios que firmamos con los Ayuntamientos para lo que cada uno considere más importante para los inmigrantes en su demarcación.

Últimas preguntas del Barómetro. ¿Si alguien comete un delito, debe ser expulsado?
Cualquier país que le ha dado permiso a una persona para que viva y trabaje en él tiene todo el derecho a decirle que no le dio permiso para que viniera a infringir las leyes, en caso de que delinca gravemente o de forma sistemática.

¿Cree que con la inmigración ha aumentado la delincuencia?

Entendemos por inmigrante aquella persona que se desplaza aquí para vivir, trabajar y salir adelante, y otra cosa distinta son otras personas que en un número muchísimo menor, pero apreciable, han venido a cometer delitos atraídos por una legislación penal más suave que en otros países europeos. Para mí una banda organizada de asaltos a chalés es un problema de delincuencia y de extranjería, no de inmigración.

¿Debería tenerse en cuenta el tiempo de residencia para acceder a los servicios sociales?
No. Lo que creo que debería mirarse es si el inmigrante ha contribuido con sus impuestos y con sus cotizaciones a la Seguridad Social, más allá de lo que son servicios sociales básicos. Para ese otro tipo de cosas como, por ejemplo, las becas de comedor, habría que destacar que quienes las perciben están en situación regular. A partir de ahí, si usted quiere discutir cómo de grandes deberían ser los servicios sociales, es otro asunto distinto. No soy partidario ni de la discriminación de las personas que están trabajando y cotizando como los demás que hemos nacido aquí, ni de dar ningún tipo de ventaja para nadie.

¿Cree que el carácter madrileño ha contribuido a la integración entre españoles y extranjeros?
Los tópicos, que normalmente no son más que ideas preconcebidas, en este caso responden a la realidad. Es que lo cuentas fuera y no dan crédito: una región de cinco millones de habitantes que en tan poco tiempo ha acogido a otro millón más, y se haya producido unos grandes niveles de normalidad, es algo de lo que podemos sentirnos muy orgullosos, tanto los madrileños de origen como los que han venido de fuera. El esfuerzo y la responsabilidad ha sido doble y en eso sí que tiene que ver que en Madrid nadie apostó nunca por políticas identitarias, por demostrar y dejar claro que somos diferentes. Además, buena parte de la población madrileña no ha nacido aquí, o sus padres son de fuera, y eso también es importante.

¿Qué opina del famoso ‘contrato de integración’ que propuso el candidato de su partido a la presidencia del Gobierno, Mariano Rajoy?
Me parece una propuesta seria que fue distorsionada hasta el extremo de la manipulación por parte de los socialistas y de algunas entidades. Era una idea sencilla que respondía a lo que más o menos, de una manera espontánea, están haciendo la mayoría de los inmigrantes que viven aquí. Creo que se hacía con la experiencia de lo que ha sucedido en los países europeos que durante décadas, y de forma deliberada, pensaron que lo mejor era no hacer ningún esfuerzo por la integración. Ahora tienen segundas y terceras generaciones de personas que viven en lugares donde no queda nadie del país de acogida y que sienten que el país en el que nacieron no tiene nada que ver con ellos, y este a su vez tampoco los considera ciudadanos suyos. Lo ideal sería que esto no ocurriera en España.
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