Así lo desveló este martes el inspector de
la Udyco que dirigía el operativo de vigilancia sobre Andrés Marcel B.M., uno de los presuntos cabecillas de la banda, y Rolando A.S. El agente testificó en la segunda sesión del juicio contra los secuestradores, que se enfrentan a 10 años de prisión, y Borney, para quien se pide 12 años de cárcel por homicidio y lesiones.
Sobre la supuesta víctima del secuestro pesa una condena por tráfico de drogas que se le impuso en Francia, aunque nunca llegó a cumplirla. Su condición como agente antidroga le mereció un "trato de favor", según los abogados, en el país vecino para eludir la prisión. En la sesión del pasado lunes, Borney aseguró que seguía colaborando con la DEA desde la prisión, lo que certifica el diario de visitas de la cárcel.
La tesis de la fiscal choca con la que defienden los letrados de los extorsionadores. La primera sostiene que Borney y su mujer fueron secuestrados a cambio de 2 millones de dólares a sabiendas de que su víctima era de "alto standing". La segunda, se basa en que Borney propuso a sus captores hacer un negocio de tráfico de drogas, como crear un laboratorio en un chalet. "Algo salió mal" y acabó en un crimen.
El enrevesado relato de esta historia se enmarañó aún más con el testimonio de los agentes de la Udyco que comparecieron en la sesión de este martes. El inspector explicó que los seguimientos a Andrés y Rolando comenzaron ante las sospechas de que podrían estar implicados en una serie de robos con violencia registrados en la región.
El 20 de diciembre, una patrulla vigilaba el domicilio de Rolando, situado en la calle Duque de Pastrana de la capital. El acusado cogió su vehículo y se dirigió hacia el chalet de San Martín de Valdeiglesias, donde había tenido lugar el crimen. En concreto, el asesinato de Carlos Mario S. se produjo delante de Andrés, quien huyó del lugar saltando por el balcón de la primera planta.