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... Y además le regalo un jamón

... Y además le regalo un jamón

martes 05 de febrero de 2008, 00:00h
Actualizado: 11/02/2008 14:05h
Pasen y vean, señoras y señores. La precampaña está servida, y ha venido con una fiebre por el merchandising y un tufillo de zoco que tira para atrás. Los políticos de los principales partidos parecen afanarse, cada día, en lanzar la oferta más sorprendente, en epatar al contrario con golpes de efecto casi siempre dirigidos al bolsillo del ciudadano. Ese, por cierto, cada día más vacío por efecto del euribor y de la inflación.

¿Dónde ha quedado aparcado el debate sobre las ideas, el de las grandes cuestiones que marcan el modelo de sociedad? Parecemos clientes ante la puerta de un Corte Inglés el primer día de rebajas. ¿Quién dará más? La política como espectáculo me parece, cada día, más peligrosa, y terroríficamente parecida a ciertos programas del corazón y otras vísceras. ¿Qué hay de los grandes oradores, del intercambio de argumentos a favor y en contra de los asuntos polémicos? ¿Quién anuncia que va a retirar leyes concretas, quién que va a modificar otras, cuántos aclaran qué se hará con el mercado inmobiliario, con las inquietantes cifras del paro, con la falta de médicos en hospitales y centros de salud?¿Qué modelo de sanidad defienden unos y otros?

En los pueblos y en los barrios de la periferia madrileña era fácil ver, décadas atrás, a vendedores ambulantes que llegaban con su camión cargado de mercancía, elegían una plaza estratégicamente situada y comenzaban a vocear, megáfono en mano, su mercancía. Colchas, almohadones, paños de cocina, mantas, ropa de señora y caballero, retales de tela, utensilios de cocina, zapatos … de todo cabía en aquellos camiones y en aquellos discursos interminables, que aturdían de puro largos, rápidos y repetitivos.

Igual que entonces, hay líderes políticos que a día de hoy reproducen el papel del charlatán mercachifle, que se suben a la tarima con su interminable lista de ofertas, sus chiquiprecios y sus “dos por uno”. Convirtiendo el arte de gestionar lo público en una subasta, y a los votantes y electores, en meros clientes.
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