Pocas son las ciudades, grandes o pequeñas, que no tengan una comparsa de gigantes y cabezudos para que desfilen en las fiestas principales. Madrid, con sus más de tres millones de habitantes, también la tiene, aunque seguramente será desconocida para muchos ciudadanos. Las fiestas de San Isidro dan la oportunidad de verlos bailar y desfilar por distintas rutas del centro. Estuvieron presentes durante el pregón en la Casa de la Villa y hoy han recorrido el Madrid de los Austrias para rendir un homenaje especial a San Isidro en sus fiestas. Y este se ha producido ante la catedral de la calle Toledo, donde han formado todos los gigantes. En la comparsa hay dos singularmente reconocibles: una chulapa y un manolo, el Julián y la Mari Pepa. Ellos han sido los protagonistas del homenaje, bailando el chotis ¡Madrid, Madrid!, ante el delirio de los madrileños.
Han llegado al templo después de pasar ante el Palacio Real, la calle Bailén o la de Segovia, donde han coincidido con la romería madrileña del Rocío, en su camino hacia la Casa de Campo. La temperatura suave ha hecho menos duro el trabajo de los porteadores, una cuadrilla perfectamente organizada para relevarse a lo largo de todo su desfile. Para recuperar esta tradición se creó en 2010 la asociación Comparsa de gigantes y cabezudos de la ciudad de Madrid. Sus componentes se esfuerzan en hacer de cada desfile una demostración de bailes, siempre precedidos por los cabezudos. Estos, con sus verdugones, intentan espantar a los niños, con poco éxito, la verdad. Algunos pequeños se acercan a ellos con un poco de temor mientras que los turistas se los reparten para fotografiarse con ellos.
Los gigantes madrileños son ocho: La Mari Pepa, el Julián, La Latina, el Alcalde Móstoles, Manolita Malasaña, Mohamed I, La Arganzuela y el Rey Alfonso VI. Una galería de madrileños de pura cepa, con casi cuatro metros de altura.
No menos populares son los cabezudos: Luis Candelas, el Francesillo, Cúchares, la Marizápalos, la tía Javiera, Lola La Naranjera y el picador Melones. Una banda de dulzaineros -los de Estella son muy apreciados- acompaña a la comparsa y marca sus ritmos.
La moderna comparsa fue adquirida en 1967 para recuperar la tradición que se asocia a la festividad del Corpus Christi. Las figuras fueron encargadas al artista fallero Regino Más, quien falleció al año siguiente. La comparsa madrileña y los ninots indultados durante las Fallas, son las únicas obras suyas que pueden admirarse. Más fue también el escenógrafo de producciones cinematográficas monumentales como 55 días en Pekín y La caída del Imperio Romano.
En sus más de cincuenta años de vida, los gigantes madrileños han pasado por épocas de ostracismo pero, avanzado ya el siglo XXI, vuelven a la vida, perfectamente restaurados y gozan del favor popular. Su última salida, si el tiempo lo permite, será el día de San Isidro para ir a la Pradera. Allí, frente a la ermita del Santo, bailarán a mediodía. Después regresarán a su hogar en el Rastro, en el Museo de Artes y Tradiciones Populares de la calle Carlos Arniches.