Cuando alguien habla de “perder el tiempo” obviamente quiere decir “tiempo productivo”. Frente al suspenso de la normalidad en este 2020, nos entregamos a ver series y películas, entramos a juegos de casino y casas de apuestas, las cifras de youtubers y danzantes en Tik Tok subieron a niveles estratosféricos. Una pérdida de tiempo.
¿Cómo perdemos algo que más bien nos posee? Es posible, sin embargo, vivir en dos tiempos, como en el cuento “El perseguidor”, de Cortazar. Ya nuestros abuelos griegos no se ponían de acuerdo sobre la percepción del tiempo y formularon una santísima trinidad: Cronos era tiempo como duración, el que va de la cuna a la tumba; Aión, dios de lo eterno, tiempo que nos precede y que seguirá; el tercero, Kairos, no era tanto un dios como lo que llamaban un “daimon”. Es curioso porque Kairos es el momento oportuno, la validación del tiempo en el espacio.
Más que átomos, somos a tal grado espacio y tiempo que nos cuesta valorar el segundo sin justificarlo en el primero. Actuar en el plano físico, atarearse en la transformación del mundo, a eso llamamos aprovechar el tiempo. Quizá llegó la hora de reconsiderarlo.
La pandemia exhibió lo prescindible de la mayoría de las actividades humanas y resaltó lo esencial de otras. Estuvo bien. Demostró que el acceso a la trivialidad es mejor indicador de bienestar humano que los reportes de la OCDE. Claro, están las consecuencias económicas, pero un replanteamiento de sistema parecía urgente a estas alturas de la historia.
Los obreros tienen que ir a las fábricas, los médicos al hospital, los encargados de limpieza deben salir a las calles. Pero otras profesiones, ¿qué tanto necesitan una oficina con la tecnología del siglo XXI? Subirse al coche, luz, agua y demás servicios, con las afectaciones ambientales que esto implica. ¿Cuánto de vanidad hay en ello?
Meditación, jardinería, mejorar la alimentación al cocinar en casa, reconstrucción de la vida familiar, incluso la reiteración de lavarse las manos han representado provechosas maneras de emplear el tiempo, aun si no producíamos.
La ociosidad, madre de todos los vicios, también puede incubar la más portentosa imaginación. ¿De cuántos maravillosos artistas nos habríamos privado si no hubieran sucumbido a la tentación de perder el tiempo?
Para el pensador francés Georges Bataille dos mundos entrecruzados definen la experiencia humana. El mundo del trabajo y el mundo de lo sagrado. Tiempo con fines de lucro y tiempo dilapidado. Abandonarse a uno solo conduce a la locura. Su coterráneo Pascal Quignard ha dicho que un hombre sentado en el rincón de su jardín leyendo un libro puede tener una vida interior más rica que quien sale a la calle todos los días . Defendamos el derecho a la ficción.
Después de todo, la ciencia advirtió hace mucho que no era cuestión de si sucedería, sino de cuándo sucedería una emergencia epidemiológica como la que atravesamos. Solo el terreno de la ficción la tomó en serio con películas distópicas como Contagio. Los gobiernos del mundo estaban ocupados siendo productivos. ¿Quién perdió más el tiempo?