Esto es un sin vivir. Primero fue la solución túnel. Luego, marcha atrás porque era imposible. A continuación reducción al mínimo de los carriles para coches; más tarde fueron las protestas y los amores encadenados a los árboles. La respuesta ha sido una solución que no convence a quienes ya veíamos todo el Salón del Prado dedicado al peatón, pero que tampoco convence a los ecologistas que siguen viendo la agresión de los coches al arbolado.
Y, aunque fue la principal promotora del cambio del proyecto original, tampoco satisface a la baronesa Thyssen que sigue viendo estrecha la acera que corre por delante de su museo a pesar de haberla duplicado sobre el plano y que tacha de "autopista" el carril bus y los cuatro carriles -dos por sentido- que discurrirán ante el museo, aunque las plataformas peatonales y las limitaciones de velocidad vayan a aminorar la marcha de los coches hasta la desesperación de los conductores.
Y llega la Comunidad y, como si once años de debate no existieran, saca de nuevo la solución túnel. Cierto es que en este tiempo nos hemos hecho unos expertos en túneles pero ello no significa que quepa un túnel por donde hoy pasa el de la risa. La prueba más evidente es que Fomento intentó abrir otro paralelo al que hay y terminó desechando la idea, por lo que está proyectado por Serrano-Alfonso XII. Eso sin contar con la línea 2 de Metro, el búnker del Ministerio de Defensa existente bajo Cibeles, las correntías que recorren la zona, el impacto de los respiraderos que habría que abrir en pleno Salón del Prado, el impacto de las obras de un túnel de estas caracerísticas y el efecto que tendría sobre el arbolado.
Volvemos por tanto a la bronca sobre un espacio tan sensible como el Prado. Otro aspecto a destacar es que aunque el proyecto original afectaba al tramo Colón-paseo de María Cristina, la realidad es que parece que los extremos se han olvidado y sólo parece prreocupar la parte central. Se recorta así un ambicioso proyecto que iba a devolver la importacia que tiene el cerrillo de san Blas, donde se levanta el Observatorio Astronómico; que llegaba a proponer la demolición del Gobierno Militar y de varias viviendas para abrir una nueva entrada al Retiro por el Sur; y que iba a poner en valor el Panteón de Hombres Ilustres y la Basílica de Atocha tras la demolición del colegio de los dominicos que sería trasladado a otra parcela de la zona.
La polémica nos ha hecho dejar en una segunda fila la filosofía que movió a los convocantes y a los autores del proyecto ganador, limita el objetivo último de la reforma y nos devuelve a la bronca como si, en esta ciudad, fuera imposible poner en marcha un proyecto consensuado desde el inicio.