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Defendamos Europa, defendamos la alegría

jueves 09 de mayo de 2019, 08:31h

En esto que ahora se denomina “arte urbano” y que en un tiempo no tan lejano eran “pintadas”, hay una frase que recorre las redes sociales y que es especialmente contundente: “Lo más revolucionario hoy en día es conservar la alegría”. Una máxima que me viene a la cabeza cuando acabamos de celebrar el 195 aniversario, el pasado 7 de mayo, del estreno de la famosa y popular Novena Sinfonía de Beethoven, cuyo cuarto movimiento todo el mundo ha tarareado o silbado alguna vez, incluso en versión de Miguel Ríos: El himno a la alegría, o más correctamente La oda a la alegría.

El paso del tiempo quiso que un siglo y 365 días después, esta pieza musical fuera elegida como himno de la Unión Europea, cuyo día conmemoramos hoy, 9 de mayo. Un viejo sordo y con fama de cascarrabias tuvo la capacidad de componer una música vibrante, vanguardista y alegre. Quizá el propio Beethoven es una metáfora de nuestra variopinta y clásica pero moderna Europa.

El 9 de mayo de 1950 echaba a volar como ave Fénix que renace de sus cenizas una nueva Europa. Una Europa que sólo cinco años antes quedó arrasada por la Segunda Guerra Mundial, encolerizada herencia de una mal resuelta Primera Guerra Mundial. Herencia de una Europa de orgullos y vanidades que involucionaron en autoritarismos y nacionalismos enfermizos, genocidas, egoístas intereses particulares, envidias, venganzas seculares y un sinfín de heridas sin cicatrizar.

El Día de Europa coincide con la denominada “Declaración Schuman”, en honor al primer ministro francés de Asuntos Exteriores que empujó el primer paso para la integración de países europeos. En realidad Robert Schuman era un político francés de origen germano-luxemburgués, una mezcla que seguramente influyó en su forma de ver el mundo. Aquella declaración supuso que enemigos históricos, Francia y Alemania, se sometieran a una administración conjunta sobre la producción de carbón y acero: la CECA.

Quizá esta unidad hoy nos pueda parecer algo exclusivamente mercantilista, pero era fundamentalmente una generosa solución en favor de una paz duradera, sin humillaciones que reabrieran heridas como sucediera en 1914. El carbón y el acero eran las producciones indispensables para producir armamento y esa administración conjunta evitaba una carrera que llevara a la tragedia entre países europeos, entre vencedores y vencidos.

Desde aquella fecha, Europa fue creciendo en países, en progreso y bienestar, con empresas racionales y sindicatos sensatos. Una Europa observada desde el otro lado del Atlántico con una Gran Bretaña que no ha sabido desprenderse de sus ínfulas de isla imperial -que ha parido un Brexit ingobernable - y una inmensa Rusia con similares ínfulas y riquezas naturales. Diré, como paréntesis, que la soberbia del viejo imperio español hoy simplemente lo representan señores que se colocan cascos de los tercios de Flandes para reconquistar tierras visigodas o algo así, emulando la propaganda franquista de país ungido por el dedo divino.

Seguramente, a día de hoy, aún no seamos conscientes de la relevancia que tiene la Unión Europea en nuestro día a día y por tanto de la importancia que tiene participar en las elecciones europeas del próximo 26 de mayo. En el Parlamento europeo se crea legislación de obligado cumplimiento para los países miembros, como son los Reglamentos, las Directivas y las Decisiones. Sin ánimo vinculante, pero creando tendencia, se redactan las Recomendaciones y los Dictámenes, un instrumento que pueden ser emitidos por cualquier institución europea además del Parlamento (la Comisión y el Consejo), el Comité de las Regiones y el Comité Económico y Social.

En la legislatura que acaba de concluir se han aprobado más de 700 actos legislativos que sirven de marco y condicionan las legislaciones nacionales. Asuntos como la inmigración, el cambio climático, el desempleo juvenil, la protección de datos frente a gigantes tecnológicos, la seguridad laboral, los derechos de autor…, se están legislando en Europa

Por otra parte, según el Portal Europeo, los fondos europeos para España (en 2017, último año disponible) supusieron 9.664,12 millones de euros. De ellos, un 54,13 por ciento fueron para agricultura; un 32,60 por ciento, para políticas regionales, fondos estructurales y de gestión; un 10,76 por ciento para investigación y desarrollo y el 1,58 por ciento para ciudadanía, libertad, seguridad y justicia. El 0,92 restante es para la Administración.

Con todo, ya vamos haciendo el oído a Europa con asuntos como el austericidio padecido bajo la Gran Recesión y que ha ralentizado no sólo las políticas de igualdad y reequilibrio sino también de la propia construcción europea. Circunstancia que ha despertado viejos monstruos previos a 1950.

Monstruos que engordan con personajes como el presidente húngaro, Viktor Orbán y el italiano Matteo Salvini que buscan la unión de fuerzas populistas y ultraderechistas como con Marine Le Pen. También en Europa hay que parar ese ultraderechismo que en España tiene alma franquista. Son fuerzas paradójicas ultranacionalistas que ningún sentido tienen en Europa salvo reventarla desde dentro.

Por ello la izquierda tiene que votar masivamente. Por ello y porque la “derecha civilizada” está siendo arrastrada por lo ultra que, como hemos visto en las últimas elecciones españolas, la lleva a la autodestrucción en lugar de poner cordones sanitarios a la locura crispadora, violenta, xenófoba, homófoba, extremista…

En España acabamos de hacer resurgir la esperanza de la estabilidad política y económica en Europa con votos mayoritariamente de izquierdas, progresistas. Y España ya está marcando caminos interesantes en materia fiscal para hacer frente a posibles recesiones que necesitan de la complicidad de nuestros vecinos. Tal sería el caso de impuestos europeos sobre determinados servicios digitales, impuesto sobre transacciones financieras e impulso a la fiscalidad ambiental que luche contra el cambio climático, la contaminación y favorezca la transición ecológica. Tampoco podemos perder el horizonte de una armonización fiscal entre los estados de la Unión Europea aunque…, claro, previamente habría que acometer una armonización fiscal entre comunidades autónomas y no es ese asunto baladí.

El próximo 26 de mayo tenemos que luchar contra la desidia. Somos Europa, tenemos que seguir construyendo Europa y llenar las urnas con votos de izquierdas que paren al frente ultra y que tome medidas económicas progresistas estables ante posibles ciclos críticos. Defendamos Europa, su modelo social, su esperanza y su alegría al ritmo del sordo cascarrabias Beethoven porque lo viejo muere, pero lo clásico perdura.

Jaime Cedrún
Secretario general de CCOO de Madrid

Jaime Cedrún

Secretario general de CCOO Madrid

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