La misma acreditada fuente que destapó el caso Cifuentes acaba de publicar una documentación que prueba un fraude académico semejante o aún mayor de Casado en la misma desprestigiada Universidad. Peor aún, sin duda, es que ahora se trata del presidente de todo el PP, recién elegido después de negar descaradamente esa ya rumoreada corrupción y gracias al explícito apoyo de Cospedal y Aznar, tan ignorantes, desesperados o malignos como para comprometerse con él.
Santamaría, como vicepresidenta, fue la perfecta yes-woman, secretaria y cómplice de Rajoy. Quizá por eso mismo daba oídos a quienes ya pedían abandonar la sede del PP, manchada incluso ella de corrupción y hasta cambiar el nombre del partido. Medidas al parecer drásticas pero que se han mostrado inútiles en su partido cómplice catalán, CDC. Ahora, para bien de la misma derecha y de España, tras la forzada y vergonzosa dimisión de Rajoy, el caso Casado debería ser la más rápida indolora puntilla posible, sin más parches contraproducentes, para un ente corrompido hasta los tuétanos.