Ambas autonomías, han declinado asistir al encuentro del gobierno y monarca de España aglutinando las otras 15 al objeto de debatir sobre sus financiaciones y llegar al acuerdo en el que todas queden "satisfechas" con el consabido "café para todos", en lo que los catalanes y vascos no han creído necesario participar, convencidos que debiera de haberse propuesto cuando el PP tenía mayoría absoluta y movía arbitrariamente cuantos hilos le venía en gana, incluída su callada corrupción.
El President Puigdemont y el Lehendakari Urcullo, desean encuentros bilaterales con un trato de "tú a tú", en los que podrían aclararse cuestiones que ahora, con ese pretexto de unidad española, intentan confundir sus soberanías históricas, olvidándose del descalabro económico que tantos recortes han significado en sus gestiones competenciales autonómicas.
Por ambas ausencias, en el gobierno de Rajoy hay un cierto malestar, y ya comentan en sus filas y en otras de la oposición, que el President y el Lehendakari han abandonado a sus ciudadanías catalana y vasca, al no aprovechar esta oportunidad "de oro" para mejorar sus autogobiernos.
Como catalán yo me pregunto: "¿¿Se acuerdan de lo que nos hicieron en el Estatut??" y desde el balcón de la Generalitat, las promesas formuladas por Zapatero si le apoyábamos, que no se cumplieron?
Qué ética política pueden defender desde Moncloa, utilizando desde sus cloacas fondos reservados para desacreditar políticos, exigiéndonos obediencia a "su estado de derecho", utilizando sólo tribunales y negándose a debatir políticamente los derechos democráticos de la libertad de expresión?
Por ello y muchísimas cosas más, ya no convencen y no son creíbles, y sólo pueden esperar que los procesos catalán y vasco, sigan adelante hasta su independencia.