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La libertad de Pippo Delbono, en el Festival de Otoño a 'bombo y platillo'

La libertad de Pippo Delbono, en el Festival de Otoño a "bombo y platillo"

miércoles 31 de octubre de 2007, 00:00h
El Festival de Otoño presenta, "a bombo y platillo" y después de casi 10 años de ausencia de los escenarios madrileños, al italiano Pippo Delbono y su compañía con dos espectáculos que revelan la absoluta libertad de este artista.
"Il silenzio" y "Guerra", dos de las 11 piezas en repertorio que tiene que la compañía, estarán en cartel en el Centro Cultural de la Villa, el primero este jueves, y el segundo los días 3 y 4 de noviembre.

Pippo Delbono es un singular artista que construye los espectáculos desde la absoluta libertad, con un tipo de lenguaje inventado como un juego y que luego se fija en montajes de apariencia totalmente lúdica, aunque nada queda al azar.

Actores muy particulares
Preguntado por su apuesta por actores "no profesionales", algunos procedentes de un hospital psiquiátrico de Nápoles, Pippo Delbono aclara que no se trata de un trabajo social, sino de haber sentido el deseo enorme de compartir con gente que tenía el fuego del arte, y de los que descubrió que eran grandes actores, que destilaban verdad y fuerza.

Así es como define a Bobo, sordomudo y analfabeto, con quien lleva trabajando desde hace 11 años, protagonista de muchos de sus montajes y al que prácticamente raptó de su internamiento hospitalario.

"Me parece absurdo llamarlos no profesionales, yo tengo más problemas con los actores", comenta este artista que utiliza la danza y el movimiento, el gesto y la sensibilidad.

El terremoto de 1999
"Il silenzio" es un espectáculo que habla de las consecuencias del terrible terremoto que sufrió la ciudad italiana de Gibellina en 1999, que la cubrió de una gran capa de ceniza blanca.

"Hago un teatro muy cerca de la narración poética y hablo de un lado de la muerte, y de otra del amor y de la pasión, pues ambas cosas van siempre juntas", precisa Pippo Delbono.

"Guerra", que recibió el premio de la crítica italiana en 1998, es una reflexión sobre la monstruosidad que llevamos dentro, de los que no quieren entrar en esa categoría y la lucha que se desarrolla por ello.

Ambos espectáculos son apropiados para la "particularidad" del Centro Cultural de la Villa, porque apenas tienen escenografía, una costumbre en la trayectoria de este director de escena que atribuye a tantos años de hacer teatro sin recursos.

Crítico con la situación de su país, señala: "vivimos en un momento en el que no importa lo que eres, sino lo que pareces". Italia, creadora de gran belleza en el arte, parece haberse instalado en el conformismo, lamenta.
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