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Leña del árbol caído

miércoles 18 de noviembre de 2015, 19:11h

He visto en Madridiario la entrevista en la que Inés Sabanés habla sobre el arbolado en la ciudad. Supongo que, por la extensión del espacio disponible, no entra en detalles sobre el mismo que son muy preocupantes. Madrid presumió durante mucho tiempo de ser una de las capitales del mundo con mayor masa arbórea. Pero eso intuyo que comienza a no ser totalmente verdad. En los últimos años Madrid pierde árboles cada día, sobre todo de los existentes en calles y plaza céntricas. Los pierde por el vandalismo, por las condiciones meteorológicas, por la no reposición de especies, por la acción de las propias brigadas municipales.

En Madridiario hemos informado varias veces sobre la supresión de alcorques en calles como Montera, Augusto Figueroa o Pérez Galdós. El sistema ha sido el mismo: se seca un árbol y, tras arrancarlo, se ciega y pavimenta su hueco para que no se pueda volver a plantar otro. Así se han perdido varias decenas en los enclaves citados. Y se perderán más porque hay algunos en proceso de muerte y, casi con seguridad, serán sustituidos por el cemento y el adoquín. Esto es especialmente sospechoso en zonas susceptibles de ser ocupadas por terrazas de hostelerías. Se seca un árbol, se pavimenta el alcorque y crece una mesa de terraza… En estos momentos hay cientos de agujeros vacíos en los que hasta hace poco crecían árboles. Esos huecos constituyen un peligro para los peatones y, generalmente, acaban convertidos en basureros, cuando no es pequeñas láminas de aguas cenagosas.
No soy experto en botánica, pero creo que se acerca la época en la que se deben plantar nuevos ejemplares. Hay que aprovechar el ciclo de los vegetales de invierno para plantarlos, esperando que arraiguen y puedan crecer en la próxima primavera. Pero no tenemos ninguna noticia –ni esperanza- de que veamos una plantación masiva en las próximas semanas que restañe las heridas del pavimento y recupere el volumen de arbolado.

El cuidado y mantenimiento del arbolado que sobrevive es cada vez más deficiente. La tierra donde crecen es cada vez más escasa. En Lavapiés, por ejemplo, hay decenas de alcorques en los que la tierra está más de veinte centímetros por debajo de la rasante de la acera. Son también socavones propicios a causar esguinces y otras lesiones, además de pozos de mierda. Por otra parte, al perder más de un palmo de la tierra, la sujeción del árbol es más precaria. Eso por no hablar de las agresiones que sufren los soportes o protecciones que se colocan alrededor de los ejemplares más jóvenes. Vehículos y vándalos se ocupan de hacerlos inútiles con inusitada rapidez. El arbolito perece.

Otras agresiones constantes que sufren los ejemplares de menor altura en las calles estrechas, son las de los camiones que recogen cartones y los del servicio de limpieza. Los primeros suelen elevar la altura de sus cajas con somieres y otros hierros, que arrancan de cuajo las ramas más bajas. Así, el crecimiento de la copa se hace en una dirección solamente. El empleo de camiones de basura de gran tonelaje suele causar el mismo efecto.
Me permito sugerir a la señora Sabanés el estudio de estos problemas y la vigilancia en plazas y calles peatonales para evitar que las terrazas se impongan a los árboles.

Antonio Castro

Cronista Oficial de la Villa

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