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La urna y el Barrio de la Letras

jueves 11 de junio de 2015, 14:31h

Acudo a la presentación del monumento funerario a Cervantes con más curiosidad que emoción. Se supone que tras la nueva lápida se guarda la urna con restos de las personas enterradas en la cripta de las Trinitarias, entre ellas los de don Miguel. La urna no se ve. Una ceremonia sobria, que hubiera firmado don José Tamayo encantado, sirve para oficializar este homenaje a la gran figura de las letras españolas. El próximo año será el cuatrocientos aniversario de su enterramiento en la vieja iglesia. Me queda la duda de si este nuevo hito pasará a ser invisible, otro gran desconocido. Porque la iglesia de las Trinitarias Descalzas de San Ildefonso es uno de los muchos tesoros madrileños de visita restringidísima. Así que los madrileños y visitantes -como ha dicho la alcaldesa- que quieran acercarse a ver el enterramiento, pueden quedarse a dos palmos de narices. Por dos fuentes me llega que se quieren ampliar los horarios de visita, pero nadie sabe decirme cuándo se aplicarán y cuántas horas estará abierto el hermoso templo. Conociendo el ritmo al que se toman decisiones en la iglesia Católica, me temo que la lápida, como los restos cervantinos, dormirá el sueño de los justos. O de los olvidados.

Pero, al salir el templo, me sumerjo en el Barrio de las Letras, corazón histórico del Madrid del Siglo de Oro. Y topo con la cruda realidad: a este Ayuntamiento la Historia le importa un comino. Mientras emplean bombos y platillos para anunciar lo que todos sabían (que Cervantes está enterrado ahí) miran para otro lado la degradación estética y funcional que padece este barrio. Como ya ha pasado en el Madrid de los Austrias, se está permitiendo la implantación de una estética atroz, desde mi punto de vista, que desvirtúa un entorno urbano del siglo XVII. Sobre todo en la calle de las Huertas hay ya varios establecimientos hosteleros plagados de plásticos, neones, plantas artificiales y cartelones de todo tipo al peor estilo de chiringuitos playeros. Sé que hay un grupo de personas, encabezado por Pablo Batllé, que se empeña en dignificar este entorno para que sea uno de los centros más atractivos de Madrid. Por historia, por urbanismo y por edificios significativos, puede y debe serlo. También me consta que el director del Español busca que el teatro más antiguo de Europa tenga mayor presencia en la vida cotidiana del barrio.

Yo tenía la vana ilusión de que el circo montado en torno a Cervantes, fuera parte de un ambicioso programa de actuaciones para el Barrio de las Letras. Pero ya sabemos que aquí se funciona a golpe de ocurrencias. Recuerden a Villapalos buscando -sin conseguirlo- los restos de Velázquez.

Mientras llevamos meses hablando de los huesos de la cripta, en las calles vecinas las estrechas aceras están llenas de motos o terrazas sumamente invasivas. Las fachadas se transforman en chiringuitos y nadie parece acordarse de que por ahí están la Academia de la Historia, la casa de Lope de Vega, la iglesia de San Sebastián (donde está enterrado Lope) y tantos puntos con referencias incuestionables en la historia de Madrid.

Hace unos días leí que la multinacional Apple ha conseguido del Ayuntamiento que se prohíba aparcar delante de su comercio en Sol. ¡Qué afortunada! Los atrios de teatros como el Español, la Zarzuela, el Pavón o el Nuevo Apolo son grandes aparcamientos de motocicletas, incluso durante las representaciones, con el consiguiente peligro en caso de evacuación. Las prioridades para el Ayuntamiento son claras: las multinacionales primero. Al teatro, ni agua.

Siento escribir esto el día en que se recuerda a Cervantes. Pero el teatro y la ciudad están vivos y merecen más atención que los muertos. Aunque eso tenga menos promoción.

Antonio Castro

Cronista Oficial de la Villa

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