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Nino Olmeda

Sus abandonos generan cañadas conflictivas

Sus abandonos generan cañadas conflictivas

domingo 21 de octubre de 2007, 00:00h
La Cañada Real Galiana es una vía pecuaria que pasa por varios pueblos de la Comunidad de Madrid, cuyo Gobierno regional tiene competencias y obligaciones para preservarla como manda la ley. Existe hace mucho pero lo poco que sabemos de ella es que está siendo noticia por la batalla campal -con bajas en todos los bandos implicados- que se provocó durante el desalojo de unas viviendas ilegales, en cumplimiento de una sentencia judicial.

Los chicos de la porra fueron mandados allí para sacar las castañas del fuego por los que mandan ahora en unas administraciones que se han caracterizado por pasar de puntillas por un problema que viene de hace más de 30 años, haciendo dejación de su obligación de cumplir y hacer cumplir las leyes en lo relativo a las vías pecuarias,  y abandonando a su suerte unos corredores ecológicos por los que pasa cada año el recuerdo de la trashumancia.

Ahora todos señalan con el dedo al otro. La Policía Nacional no dice nada, el Ayuntamiento de Madrid calla y otorga, el de Rivas-Vaciamadrid recuerda que sufre hace muchos años las inseguridades de algunos de los pobladores de zonas prohibidas para traficar con todo lo vendible amparándose en el deterioro. Deterioro provocado por los que miraron para otro lado cuando la ilegalidad no alteraba mucho sus poblaciones.

El Gobierno autonómico echa la culpa a sus antecesores, su presidenta, Esperanza Aguirre, mantiene silencio en vez de ponerse “pico y  pala” a dar soluciones inmediatas, con independencia del porcentaje de culpa de cada uno porque la Cañada Real está en su territorio y por que también es presidenta de los moradores de esta conflictiva vía pecuaria.

Y los Partidos Políticos exigen soluciones inmediatas a las administraciones gobernadas por sus contrarios, intentando hacer olvidar a los demás que todos, sin exclusiones, son responsables de no intervenir cuando el problema era sólo un pequeño problemilla.

Hace décadas unos pocos levantaron por necesidad unos ladrillos y se hicieron unas construcciones ilegales, en espera de mejores  tiempos; más tarde llegaron otros, que se animaron al comprobar que los que deben defender la legalidad estaban ocupados en otras cuestiones más interesantes,  y después siguieron llegando personas y personajes de todo tipo de pelaje: unos buscando un techo y otros el abandono de la Cañara Real,  por parte de las autoridades nacionales, regionales, municipales y de las otras, para trapichear, organizar golferíos y todo tipo de tratos.

Los que siempre han pasado de este asunto  (al asumir con naturalidad la ilegalidad y sus consecuencias y acostumbrarse a ello y verlo tan  inevitable como las colas de espera para que te vea el médico, los atascos o las listas cerradas en las candidaturas electorales de los partidos) ¿creyeron alguna vez que los moradores de una zona protegida de la construcción se iban a amoldar tan rápidamente a sus nuevas necesidades?

Durante muchos años, los habitantes de la zona actuaron sin que nadie les impidiese hacerlo, gastaron ahorrillos en mejorar el chamizo, la casita o el chalet con cámara de seguridad vigilando el exterior y ahora, convencidos de que la antigüedad devenga derechos, se resisten. Su violencia para impedir los desalojos tuvo una respuesta tan violenta como la que vimos reflejada en las imágenes de las teles.

Toda la culpa no puede recaer en los chicos de la porra, mandados para reprimir una manifestación que nunca debería haberse producido de haber actuado en tiempo y forma los que tenían la  responsabilidad de impedir edificaciones en una Cañada Real. A éstos habrá que señalar con el dedo si este follón además de no  resolverse se faveliza. Entonces de nada servirá lamentarse ni escupir en la cara de los otros con la saliva cómplice de los que también abandonaron durante tantos años la Cañada Real Galiana.
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