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Lavapiés, un vertedero incontrolado

miércoles 16 de julio de 2014, 19:55h
Actualizado: 04/11/2015 12:52h

Madrid está muy sucio, cada día más. En este ambiente general de abandono, el barrio de Lavapiés y aledaños se han convertido en un vertedero incontrolado de todo tipo de basuras, desperdicios y residuos orgánicos e inorgánicos. Ahora que el calor es sofocante, no serían extraños problemas de salubridad a la vista de los ingentes montones de desperdicios.

Hay varias circunstancias que provocan esta situación que los habitantes del barrio viven con angustia cada vez mayor. La retirada de los iglús de reciclado se hace muy espaciadamente. Estos puntos son auténticos vertederos de todo tipo de materiales, reciclables o no. A su alrededor se forman montañas de cartones, bolsas de basura, muebles, vidrios, colchones... Hay varios de estos puntos especialmente conflictivos: Embajadores, 10 y 58; Tirso de Molina, esquina Mesón de Paredes; plaza de Cabestreros; calle Mira el Sol con Ribera de Curtidores...

Las papeleras pueden estar más de una semana sin vaciarse, formándose a su alrededor alfombras de desperdicios cada día más extensas. En el último año una actividad comercial contribuye a la extrema suciedad: las fruterías. Se cuentan por decenas en el barrio y de 10 de la mañana a 10 de la noche están sacando todo tipo de embalajes y restos a las aceras. No todas, obviamente, pero sí un buen número de ellas. Los alcorques de los árboles han ido perdiendo tierra.

Son decenas de agujeros con más de un palmo de profundidad, que son depósitos ciegos de basuras, raramente vaciados. Este problema se solucionaría rellenando los huecos para que quedaran al ras de las aceras y pudieran barrerse -cuando se haga...- con el resto de desperdicios.

Sorprende la cantidad de muebles viejos, electrodomésticos y colchones -recuerden el problema de los chinches- que se acumulan en las calles. Habiendo un servicio de retirada gratuito llamando al 010, no se entiende esta aglomeración y cantidad. Se tiene la sensación de que vienen de otros barrios a dejar los trastos en las aceras de Lavapiés y Embajadores.

Miles de bolsas de plástico, procedentes de las tiendas mayoristas de ropa, revolotean durante días por todos los rincones. No debemos olvidar las decenas de cacas de perro que, mañana y noche, se quedan sin recoger en las aceras. Ni a los vecinos que sacan a la calle las bolsas de basura, sin cubo, durante todo el día y toda la noche.

Los vecinos apenas ven últimamente a los barrenderos de a pie. Tampoco suelen verse inspectores de control de la situación para denunciar a la empresa adjudicataria de la recogida y limpieza. Ni se ven agentes de la policía municipal controlando a los vecinos y comerciantes que contribuyen con su incivismo a incrementar la suciedad. Lavapiés es cada día más, un punto atractivo para el turismo internacional. La imagen que se llevarán de Madrid no puede ser más deplorable y vergonzosa. Y, lo peor, es que no se aprecia voluntad de remediar este caos de limpieza.

Antonio Castro.
Cronista de la Villa de Madrid.

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