www.madridiario.es

Escuela de Minas: un palacio de Velázquez para formar ingenieros

martes 06 de mayo de 2014, 08:00h

La Escuela de Minas, en la calle Ríos Rosas 21, no solo es un artístico edificio en el que la arquitectura del hierro y los murales cerámicos adquieren el mismo protagonismo que en otras obras de Ricardo Velázquez, tales como los palacios de Cristal y Velázquez o el ministerio de Agricultura. Es también un complejo educativo centenario en el que todas sus paredes, sus vitrinas y sus salas muestran pedazos de la historia de la minería española desde lápidas que recuerdan a los profesores muertos en excavaciones hasta llamativos fósiles o curiosas lámparas para bajar a las entrañas de la Tierra.

  • Edificio de la Escuela de Minas, en la calle Ríos Rosas

    Edificio de la Escuela de Minas, en la calle Ríos Rosas
    Juan Luis Jaén

  • Patio central de la Escuela de Minas

    Patio central de la Escuela de Minas
    Juan Luis Jaén

  • Museo D. Felipe de Borbón con la colección de minerales y fósilescól al segundo piso

    Museo D. Felipe de Borbón con la colección de minerales y fósilescól al segundo piso
    Juan Luis Jaén

  • Biblioteca de la Escuela de Minas

    Biblioteca de la Escuela de Minas
    Juan Luis Jaén

En 1777, diez años después de que fuera creada en la localidad sajona de Freiberg la primera academia de minas de Europa, Carlos III ponía en marcha la española y decidía instalar su sede en Almadén, cuyas minas eran propiedad de la Corona. Eran los años en los que investigadores españoles como Fausto y Juan José de Elhúyar descubrían el wolframio (1783) y Andrés Manuel del Río, conseguía aislar el vanadio (1801).

La situación cambió radicalmente cuando en 1835 el Gobierno ordenó el traslado de la escuela a Madrid lo que obligó a esta institución a iniciar un periplo por diversos edificios alquilados en la calle Fernanflor, con vuelta a Carrera de San Jerónimo, la plaza del Conde de Barajas y la calle Atocha. A medida que pasaban los años, la situación se iba complicando porque la colección de mineralogía, que había tenido sus orígenes en 1831, cuando la Dirección General de Minas le compró a la Real Academia de Freiberg 309 ejemplares de minerales, se había ido incrementando con nuevas colecciones por lo que, a mediados del siglo XIX, el museo contaba ya con 4.228 minerales procedentes de minas europeas o americanas. A ello se sumó el impulso que dio a la escuela la Ley de Instrucción Pública de 1857 que supuso la creación del título de ingeniero y la llegada de más alumnos.

Era preciso, por tato, dotar a la Escuela de Minas de un edificio. En el año 1862, el Ministerio de Fomento decidió por fin levantar una sede destinada a una escuela en la que inicialmente se iban a impartir cursos de ingenierías de Caminos, Minas e Industriales, aunque finalmente quedó en exclusiva para Minas. El proyecto le fue encargado a Ricardo Velázquez, que diseñó un edificio con la idea de levantarlo en el Retiro, cerca del Palacio de Velázquez y el Palacio de Cristal, que él mismo había proyectado como Pabellón para la Exposición Nacional de Minería de 1883 y como Estufa para la exposición de Filipinas de 1887, respectivamente. En ambas obras, Velázquez contó con la colaboración del ceramista Daniel Zuloaga que se encargó de realizar los murales.

Tras descartarse el Retiro, el ministerio eligió finalmente la calle Ríos Rosas ya que estos terrenos del ensanche eran más asequibles al estar menos habitados. Las obras concluyeron en agosto de 1893. De planta rectangular (48 de ancho por 35 metros de lado) y dos plantas de altura, el edificio resultante fue proyectado con un ala dedicada a biblioteca y otro a museo. "Velázquez cegó la parte central de las dos fachadas este y oeste, precisamente para apoyar en los muros todos los armarios expositores", explica José Luis Parra, director de la Escuela de Minas en la que actualmente cursan sus estudios 1.600 alumnos. Ello le permitió a Velázquez proyectar en el exterior dos murales cerámicos que fueron realizados por Zuloaga y su familia sobre cartones de Manuel Domínguez y Vicente Oms, en las que se representan, respectivamente, las ciencias y la minería.

Se da la circunstancia de que estos murales fueron, junto al pórtico de entrada, los dos únicos elementos ornamentales con que contaba el edificio cuando se inauguró en 1893. Los cuatro torreones, uno en cada esquina, se añadieron a comienzos del siglo XX. "En ellos se colocaron esculturas de mineros en torno a esfinges aladas, guardianas del conocimiento, y grifos, guardianes de las entrañas de la tierra", explica Parra. Las figuras mitológicas fueron realizadas por Eduardo Barrón y Vallcells, y los mineros por Ángel García Díaz, escultor que, precisamente con estas figuras, ganó la medalla de oro en la Exposición Nacional de 1906.

Cuando se inauguró el edificio tampoco estaba levantada la verja que se colocó unos años después, tras ser urbanizada la calle Ríos Rosas. Velázquez diseñó una reja con un tratamiento parecido al que había utilizado en el ministerio de Fomento (hoy Medio Ambiente, en la glorieta del Emperador Carlos V), aunque en esta ocasión la decoró con figuras de fósiles. La ornamentación exterior se completó en 1925 cuando, en la entrada, se colocaron sobre unos pedestales de granito las estatuas de bronce de los ingenieros Luis de la Escosura y Luis Guillermo Schulz, obras del escultor Fructuoso Orduna.

Patio, museo y biblioteca

En el interior del edificio, tres espacios diferentes concitan el interés del visitante: el patio central, el museo y la biblioteca histórica. El patio central posee una cubierta de vidrio sustentada por ménsulas de hierro fundido y correas de hierro laminado fabricadas en Bilbao y Bélgica y está formado por dos pisos de arquerías sobre columnas de hierro fundido que recuerda a las del palacio de Cristal. Es mucho más que un lugar de paso o un distribuidor, pues, en la planta superior, donde los alumnos disponen de mesas de estudio, las paredes están llenas de vitrinas con material de extracción o muestras de minerales y en su planta baja se exponen varias maquetas que se ven rodeadas los primeros domingos por el mercadillo de minerales que se celebra cada mes.

Desde la galería de la primera planta se accede, además de a la sala del claustro, al museo y a la biblioteca. El museo Don Felipe de Borbón -el príncipe aceptó en 1988 tal designación coincidiendo con el bicentenario de la muerte de Carlos III, fundador de la escuela- es, sin duda, una de las joyas del edificio. La sala principal, de forma rectangular, está iluminada con luz cenital y forrada por vitrinas de madera de nogal que no solo ocupan las paredes sino todo el espacio central. Lo mismo pasa en las dos salas cuadradas laterales situadas bajo los torreones, en las que la única diferencia es que cuentan con ventanas. A pesar de esta distribución, en estas salas no caben más que los minerales, los fósiles y las piezas arqueológicas. Las lámparas de mina, las maquetas y los instrumentos han tenido que repartirse por las galerías, los pasillos y los despachos "El museo está repartido por toda la escuela", constata su director.

Pero es en estas salas donde se muestran las piezas más singulares. "El museo nació como un gabinete naturalista en el XIX. A las piezas que aportaban los profesores encontradas en las excavaciones se fueron sumando las adquisiciones y las donaciones", dice Prada. "Tenemos, entre otros, el llamado cráneo verde encontrado en la mina El Milagro, de Asturias, perteneciente al periodo calcolítico (4.000 años de antigüedad) impregnado de carbonatos de cobre; la plata nativa procedente de la localidad noruega de Kongsber que fue regalada a mediados del siglo XIX por el embajador de Dinamarca, la freieslebenita, procedente de Hiendelaencina (Guadalajara) o la colección de más de 400 gemas cedida por el Instituto Gemológico Español", dice Prada.

Entre las donaciones destaca las piezas procedentes de las excavaciones de Guillermo Schulz y Casiano de Prado, y las colecciones del marqués de Elduayen -compuesta por 2.841 ejemplares- y de Lorenzo Gómez Pardo. "En los más de dos siglos de historia de la escuela nos han llegado numerosas piezas, incluidos unos restos del cardenal Cisneros que, supongo, fueron muestras tomadas de la urna para su análisis", indica el director.

Durante la guerra civil, el edificio, que fue utilizado como cuartel de los guardias de Asalto, apenas sufrió daños. Tampoco se vio afectada la colección que fue retirada y almacenada en los sótanos para que no resultara dañada por los bombardeos. Lo mismo pasó con los 7.000 volúmenes pertenecientes al periodo comprendido entre 1501 y el año 1830 que forman la biblioteca histórica, situada en el ala contraria al museo. "Más daños sufrió la fachada a raíz del atentado de ETA que destruyó el edificio de Telefónica situado frente a la escuela, al otro lado de la calle Ríos Rosas", dice Prada. Y es que, el 18 de abril de 1982, ETA colocó una bomba que convirtió en escombros dos de las plantas del edificio de la Dirección Regional Centro de la Compañía Telefónica Nacional de España, causó daños superiores a los mil millones de pesetas y dejó casi aislado telefónicamente a Madrid del resto de España. "Parte de la estructura del edificio de Telefónica cruzó la calle y alcanzó la fachada de la escuela", asegura Prada. En 1985, tras una restauración general -a los efectos del atentado se suma el hecho de que la fachada del edificio es de piedra de Novelda que es calcárea- el inmueble fue declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento Histórico.

Un complejo educativo

Recorrido el edificio, podría pensarse que la visita a la Escuela de Minas ha terminado pero aún faltan sorpresas. En la parte trasera del inmueble y separado de él por un jardín donde se plantaron árboles, se levanta el segundo edificio de la escuela. Fue Alonso Martínez como ministro de Fomento el que presupuestó en 1904 las 100.000 pesetas que costaba el solar en el que el mismo Ricardo Velázquez proyectó un edificio que no pudo ver completado pues murió dos años antes de que se inaugurara, razón por la que, según parece, se ocupó de su conclusión Francisco Luque, autor del proyecto que, en esos mismos años, se desarrollaba en el solar colindante a la escuela (Ríos Rosas 23) para dotar de sede al Instituto Geominero cuyas obras finalizaron en 1926.

Tal proximidad y el hecho de que se tratara de la sede para el Instituto Geominero, tan relacionado con la Escuela -personal el Instituto ha dado clases en la escuela y becarios de la escuela han trabajado en el Instituto- son las causas de que muchos madrileños -incluidas algunas guías- no tengan claro que son dos edificios diferentes, que ni siquiera dependen del mismo organismo pues el Instituto Geominero pertenece al ministerio de Economía y la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas y Energía, como se denomina desde 2011, pasó a depender en 1971 de la Universidad Politécnica de Madrid.

Lamentablemente, de este segundo edificio de la Escuela, terminado en 1925, solo nos ha llegado la planta baja ya que el resto fue demolido en 1959 para levantar cuatro pisos con aulas y laboratorios. Afortunadamente se preservaron el salón de actos y las naves industriales que lo flanquean. "El salón de actos, dotado con vidrieras, cuenta con 250 asientos que, en los actos de entrega de diplomas, no son suficientes", dice el director mientras repasa las biografías de los personajes ilustres de la minería cuyos nombres decoran las paredes. De los talleres destacan las cubiertas de cristal muy parecidas a las del palacio de Velázquez. En una de estas naves sorprende la presencia de una escultura de gran tamaño dedicada al penitente, personaje que en la minería, encarnaban condenados a muerte a los que en los siglos XVII al XIX, en Inglaterra -aunque se conocen casos en Francia y España- se conmutaba la sentencia a cambio de entrar en las minas antes de cada turno con una lámpara y una pértiga con la que debían quemar las bolsas de grisú que pudiera haber. Ante las posibles llamaradas que tal acción podía desencadenar y que causaban la muerte de muchos, el condenado iba cubierto de sacos de la cabeza a los pies, lo que le daba un aspecto de penitente de Semana Santa.

El complejo educativo no acaba tampoco ahí ya que la escuela cuenta con un tercer edifico situado a pocos metros, en la calle Alenza, que fue adquirido en 1975, los laboratorios de orientación industrial del Parque Científico y Tecnológico de Getafe y la fundación Gómez Pardo, adscrita a la escuela, que se creó en 1915 gracias al testamento realizado en 1873 por el industrial platero José Gómez-Pardo en recuerdo de su hermano Lorenzo que había sido ingeniero de minas. La fundación construyó en 1969 su actual sede en la calle Cristóbal Bordiú, muy cerca de la escuela.

Y qué mejor forma de acabar este recorrido por la historia de la escuela que bajar a las profundidades de una mina de carbón. Pues ello es posible sin salir de la calle Ríos Rosas. El acceso a la mina Marcelo Jorissen, así llamada en recuerdo del director de la escuela que ordenó construirla entre 1963 y 1967, se encuentra en el jardín que separa el edificio de la escuela del que alberga el salón de actos. Allí fue construido un pozo vertical de cuatro metros de diámetro y 15 de profundidad, capaz para dos jaulas que se dejaron desmontadas; se colocó un castillete que se trajo del pozo Mirador, perteneciente a las minas jienenses del Centenillo y se abrió una galería hormigonada de 50 metros de largo -no fue posible hacer más ya que estaban los túneles del metro- en la que alumnos y curiosos pueden ver los distintos sistema de entibación utilizados, junto a elementos reales cedidos por varias explotaciones mineras. Allí entre vagonetas, vías, martillos perforadores, ventiladores o desagües, la mayor parte de los 7.500 visitantes que bajan cada año tienen una impresión muy parecida: se sienten muy lejos del Madrid que bulle sobre sus cabezas.

GALERÍA FOTOGRÁFICA: 'Un recorrido por la Escuela de Minas'

Otros edificios de Madrid publicados

T4 de Barajas: Una 'ciudad' diseñada para volar
Galería de fotos

Buenavista: Cuartel General de la Historia
Galería de fotos

Banco de España: El palacio del tesoro
Galería de fotos

Cerralbo: la casa museo de un coleccionista reciclador
Galería de fotos

El Congreso de Diputados: arte e historia en el palacio de las leyes
Galería de fotos

El Centro de Arte Reina Sofía: arquitectura en dos tiempos
Galería de fotos

Vuelta al ruedo de la plaza monumental de Las Ventas
Galería de fotos

Lázaro Galdiano: el palacio-museo de un buscador de arte
Galería de fotos

El edificio del Banco de Bilbao: arte vasco en Madrid
Galería de fotos

La Academia de Bellas Artes de San Fernando, oculta por la sombra del Prado
Galería de fotos  

Telefónica: el rascacielos que modernizó la Gran Vía
Galería de fotos

El Casón del Retiro: la sala napolitana que se salvó por su bóveda
Galería de fotos 

Godoy y Juan de la Cosa conviven en el Cuartel General de la Armada
Galería de fotos

San Francisco el Grande: un museo bajo la mayor cúpula de España
Galería de fotos

El palacio de la SGAE: la joya modernista de Madrid
Galería de fotos 

Bolsa de Madrid: el palacio de las cotizaciones
Galería de fotos

El Senado: dos siglos de arte e historia parlamentaria
Galería de fotos

Matadero Madrid: un foco cultural junto a Madrid Río
Galería de fotos


 

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

Foro asociado a esta noticia:

  • Escuela de Minas: un palacio de Velázquez para formar ingenieros

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    13295 | Rosendo - 04/03/2019 @ 21:42:04 (GMT+1)
    Da gusto leer este artículo, tanto por lo que tiene de interesante como de bien escrito. Saludos desde Buenos Aires

  • Normas de uso

    Esta es la opinión de los internautas, no de Madridiario

    No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

    La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

    Tu dirección de email no será publicada.

    Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.