A finales de los años ochenta tuve la oportunidad de
aprender el trabajo periodístico en la redacción de El Nuevo Lunes, situada en
la planta 31 de la Torre
de Madrid. Recuerdo aquellas vistas que me distraían del trabajo y añoro los cafés
en la Casa de
Cantabria sobre los tejados de Madrid. También recuerdo la terraza con el
jardín de Haydée y Fernando Díaz-Plaja, a
la que acudiría de visita años más tarde. Pero una sensación ha
permanecido por encima de aquellas otras y es el vacío que te envolvía cuando
se rehicieron algunas plantas de la
Torre que llegó a ser la más alta de España. Si subías entre
dos plantas sentías que caminabas por un vacío con vistas. Así siento hoy
Madrid: un edificio de 21 distritos como aquellas plantas vacías de la Torre de Madrid por las que sólo
circulaba el aire entre escombros de obra.
¡Qué solos deben de estar los edificios vacíos de la Plaza de España! ¡Qué solos
deben de estar todos los auditorios de los barrios! ¡Qué solos deben de estar
los edificios vacíos del Ayuntamiento de Madrid! ¡Qué solos deben de estar los
cines cerrados como los de la plaza del Carmen y los cines Luna y todos los de
Bravo Murillo! ¡Qué solas las bibliotecas de Cajamadrid cerradas en toda la Comunidad! ¡Qué solos el
Palacio de la Música,
el Teatro Albéniz y el Teatro de Madrid! ¡Qué solos los edificios vacíos cuyos
dueños son bancos! Y qué solos estamos los madrileños sin poder disfrutar de
sus espacios ni participar en ellos.
El reciente ejemplo de la Torre 13 en París demuestra
que el Ayuntamiento sí puede intervenir en decisiones sobre edificios vacíos
para devolvérselos a la ciudad. En este caso un galerista tuvo la genial idea
de invitar a artistas de todo el mundo a colaborar de forma gratuita en
"redecorar" a su manera los apartamentos de las nueve plantas y la fachada de
un edificio cuya demolición estaba prevista y sus propietarios expropiados. El
Ayuntamiento de París entendió y propició la propuesta. Hoy quiero invitar
desde esta ventana a todos -en especial a Ana Botella y su equipo- a admirar la Torre 13, cuyos videos están
en la red. http://www.tourparis13.fr/#/fr/tour-paris-13/rdc
Se trata de un proyecto artístico visitado por miles de viajeros y parisinos, con
participación de artistas de todo el mundo. Nació como arte efímero y se ha
mantenido fiel a sus principios. Y ha sido visto en todo el mundo a través de
unos fantásticos vídeos en los que se invitaba a salvar virtualmente el arte,
idea secundada inmediatamente por cientos de miles de espectadores fascinados
con el resultado del trabajo artístico en el que toda la creación se sabía
destinada a su desaparición inmediata.
Sabemos que otra ciudad es posible si el Ayuntamiento
de Madrid quiere hacerla posible. Otra ciudad es posible si el Ayuntamiento
publica una lista con los edificios públicos sin uso, vacíos, abandonados y en
cualquier caso, sin plan. Animo al Ayuntamiento a que devuelva a los vecinos el
uso de instalaciones que fueron construidas para ellos y que sean ellos quienes
puedan definir sus propuestas, llenar nuestros vacíos, dar vida al patrimonio y
la riqueza de Madrid antes de que la riqueza sea declarada ruina y procedan a
su demolición para convertir el solar en una tienda.
Respecto a los edificios públicos, no hay duda de que
se trata de una necesidad urgente dado que se multiplican los casos: desde el
Teatro de Madrid, que lleva cerrado y abandonado por el Ayuntamiento dos años y
medio (por lo que terminarán vendiéndolo) hasta los numerosos auditorios
olvidados por los alcaldes del PP, algunos con posibilidades de uso inmediato
como el excepcional auditorio de Barajas, a los que hay que sumar el de la Casa de Campo, entre otros.
Pero son muchos más, muchos más, y los hay en el parque de El Retiro y en un
distrito con tanta población universitaria como Moncloa, con tantas
instalaciones sin uso que es preciso censarlas: El Faro, el Arco de Triunfo
-que tiene salas-, entre otros. Los vecinos de Madrid tenemos el derecho a
conocer cuáles son nuestros edificios, esos que deben de estar muy solos mientras
las necesidades crecen.
Pero también es una necesidad hacer un mapa-inventario
de los edificios privados vacíos, cerrados. Los edificios de la Plaza de España representan este
ejemplo, como también los muchos cines cerrados y las bibliotecas de Cajamadrid.
Y así se lo hemos dicho al Ayuntamiento, que se niega a establecer contactos
para propiciar en los cines cerrados otros usos culturales diversos y
complementarios (como podría ser la música aprovechando la insonorización). Ese
Madrid es también nuestro Madrid y el que tratamos de exportar. Y así es
imposible vivirlo, disfrutarlo, participar y mostrar. E incluso venderlo, como
parece la pretensión general. Ese cambio en la mirada que pedimos al equipo de
Gobierno debe llegar a todos los distritos.
Pedimos públicamente al equipo de Ana Botella ese
plano del vacío para desnudar la riqueza de Madrid aunque se trate de sus
paredes vacías. Y no aceptamos excusas como las de que no hay presupuesto
público. Las ideas las pondrán otros. Lo único que le pedimos al Ayuntamiento
es que facilite el listado de edificios y escuche las propuestas. Y después que
deje hacer.
Que se visualice Madrid como ese edificio de 21
plantas cuyas obras están paralizadas y sentirán el vacío que sentí en la Torre de Madrid cuando se
procedió a su vaciado. Tal vez entonces sólo se presentía lo que hoy sería la Plaza de España: un conjunto
de edificios cerrados en un momento en el que en Madrid un 24 % de la población
activa está en el paro y muchas familias tratan de sobrevivir con 400 euros.
Es más, la
Torre de Madrid simboliza también la desigualdad exagerada
con sus apartamentos de lujo terminados y otros sin terminar. Y con las vistas
de otros edificios vacíos, como el Edificio España. Y los desalojos del
edificio de Telefónica muestran nuestra más cruda realidad, la ocupación para
vivir de quienes han quedado excluidos hasta de la atención sanitaria.
La Plaza de España muestra en el siglo XXI el vacío de Madrid.
Un vacío de vértigo, aún más abismal y con menor visibilidad, en los 21
distritos de la ciudad.