El Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Comandancia de la Guardia Civil de la Comunidad de Madrid investiga cada año más de un centenar de
incendios. Los agentes son capaces de 'leer' en la superficie quemada cuáles son las causas de cada fuego.
El agente acudió a la finca cargando con una maleta. El suelo estaba calcinado. Hacía apenas unas horas que los bomberos habían controlado un incendio en Tres Cantos
que había arrasado cientos de hectáreas. "
Hay que llegar cuanto antes para poder recoger pruebas sin alteraciones", se dijo. La superficie quemada de los árboles y las
piedras le decían de dónde procedía el fuego. La investigación y las declaraciones de los testigos habían acotado el origen del fuego en esa pequeña cabaña de campo.
Midió la velocidad, la dirección y la humedad del aire, coincidían con los datos meteorológicos de los que disponía. El círculo se fue cerrando y, finalmente, un cubo
lleno de cenizas desveló el misterio. Un joven había estado quemando documentos al aire libre y las pavesas provocaron el desastre.
Este podría ser el resumen de la investigación que realizó la Guardia Civil sobre
el incendio que el 22 de agosto de 2013 arrasó 300 hectáreas en Tres Cantos. Con las
pruebas recogidas por la Benemérita, el juzgado tiene que decidir si el imputado, un chico de 28 años, es culpable de una imprudencia grave. Más allá de la literatura,
todos los agentes del Seprona, tanto los que patrullan como los equipos de investigación, especialmente en la temporada estival, analizan los incendios forestales que
se producen en la región para conocer sus causas y su evolución. Para ello,
reciben formación especial que les permite seguir las huellas que deja el fuego.Cuando se produce un incendio, la Guardia Civil envía un equipo de respuesta rápida al lugar del fuego. "Es muy importante hablar cuanto antes con los testigos para
empezar a trazar las causas personales que han provocado el incendio. Esas declaraciones se ponen en común con la investigación de indicios materiales", explica José
Luis Duarte, investigador del Seprona. Su trabajo empieza cuando se extingue el fuego. Mientras se habla con los testigos, la Guardia Civil se hace con datos
meteorológicos como la dirección y velocidad del viento, la humedad relativa del aire y del elemento vegetal combustible, o la temperatura. Si la situación lo
requiere, también se piden imágenes aéreas de la evolución del incendio. A su vez, se va acotando el núcleo del que procede la combustión. La naturaleza es el mejor
aliado del agente, ya que el fuego deja huellas. Los árboles, las piedras, las gramíneas, los animales y otras señales facilitan la inspección ocular. "En pleno campo
es más sencillo, pero en cuanto hay actividad humana, todo se complica", añade Duarte.
Una vez delimitada la zona de inicio del incendio, el agente señala con banderolas rojas la dirección del viento y con banderolas blancas los elementos extraños,
principalmente acelerantes del fuego (combustibles, mechas, etcétera). Se recogen pruebas que se analizan en el laboratorio. Con todo ello, trata de llegarse a
conclusiones. La investigación se dificulta cuando hay varios focos, indicio inequívoco de acción humana en el fuego. En estos casos se crea una zona de indecisión que
complica la tarea de conocer el origen del fuego.
Según datos de la Guardia Civil, en la temporada estival de 2013 se han producido 87 conatos y 45 incendios en la región. El resultado ha sido de 1.3005,3 hectáreas
quemadas y de 12 detenidos o imputados por causas relacionadas con el fuego. Estos datos contrastan con los de 2012, en los que hubo 38 conatos (apenas un tercio) y 29
incendios, que arrasaron 752,85 hectáreas. 11 personas fueron detenidas. Alrededor del 70 por ciento de los casos, las llamas se producen por imprudencias, como quemas
incontroladas (como los fuegos de la Cañada Real Galiana, provocados para extraer metal), trabajos sin seguridad (por ejemplo, la chispa de una radial en el incendio
de Valdemorillo) o barbacoas ilegales (afortunadamente, prácticamente extintas en la Comunidad de Madrid). En los últimos años, se han reducido los incendios
accidentales que provocaban tiempo atrás las redes eléctricas y los trenes gracias a las políticas de seguridad de las empresas. Los pirómanos y los que incendian por
motivos económicos (por uso de suelo o venta de madera) son una minoría. Sin embargo, la Guardia Civil insiste en la necesidad de educar a los ciudadanos en la lucha
contra el fuego para prevenir peligros sobre las personas, las propiedades y el medio ambiente.
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