¡Piensa
Sol, piensa...!
Que
falta hace poner en común ideas para hacer ciudad. Que importante es saber
dónde y cómo ubicar el mobiliario urbano para que lejos de estorbar se
convierta en útil e imprescindible. Que importante que el Sol se evite en la
ciudad con la sombra de esos árboles que ya casi no existen en las grandes
ciudades.
Por
eso en Madridiario celebramos que alguien desde hoy, y hasta primeros de 2014 piense en Sol, casi
como si el Km. O de este País fuera más importante que simbólico. Y lo
celebramos tanto que entre los decisores del futuro de sol está el director de este periódico, que humildemente sigue creciendo en lectores, día a día y que
desde el minuto uno apoyo la recuperación del luminoso de Don José, "el Tío
Pepe", en Sol.
PP:
Encuestas invisibles
Dicen,
cuentan, se rumorea que las encuestas del PP no son buenas. De hecho se
perdería Madrid, Comunidad y Ayuntamiento y Valencia de forma idéntica. Dicen
que sería el fin del Gobierno nacional del PP. Pero dicen también que en
presencia de María Dolores de Cospedal, el sociólogo Pedro Arriola, gurú del PP
también en materia estadística dijo que se está remontando ya, y estamos ante un descenso coyuntural y pasajero.
Dicen
que casi nadie le creyó, pero dicen también que los inquilinos de las plazas de
Madrid y Valencia se han 'mosqueado' y mucho porque como siempre en Génova,
nadie conoce de forma cierta, ni presenta de forma real esas encuestas que son
siempre externas al propio PP.
PSM:
Frotar de manos
Y
claro en el PSM ya se escucha el sonar de tambores de guerra. Aunque tambores
lejanos ciertamente que frotándose las manos piensan que el momento de ganar
Madrid ha llegado. Y eso que faltan un par de años, pero hablan de modelo
obsoleto del PP para Madrid y de candidatos agotados.
Ciertamente
Tomás Gómez es el más optimista y entiende que pactar con IU será no solo
necesario, que lo sería porque las encuestas del PSOE también están a la baja,
sino obligado e imprescindible en defensa de un giro 'radical' a la izquierda
del socialismo madrileño. A Lissavetsky
no le gusta mucho que le cuenten esto, aunque sus más cercanos cuentan que
también lo tiene muy claro.