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¡A reinventarse!

¡A reinventarse!

domingo 08 de septiembre de 2013, 11:00h

Se desvaneció el sueño olímpico; se derrumbó el castillo de naipes al primer soplo; el cántaro de la lechera derramó hasta la última gota. Y Madrid, que había fiado su futuro inmediato al olimpismo, amanece estupefacta, noqueada.

Creo que es hora de abandonar el paletismo, que ha estado presente en esta candidatura, de pensar que "mi pueblo es el mejor, que las fiestas de mi pueblo son las más divertidas y que como en mi pueblo no se come en ninguna parte". Ese despliegue de buen rollito y simpatía a raudales no ha convencido al COI. Ni tan poco el proyecto de reciclaje de instalaciones que hemos ofrecido. Con nuestra situación económica está claro que no podíamos diseñar otro faraónico. Pero, tal vez, cuando decidimos ser aspirantes por tercera vez debimos reflexionar, mirar las arcas y decidir que con cuatro cuartos no merecía presentarnos. El COI ha optado por un proyecto multimillonario, espectacular. Nosotros ofrecíamos transformar la plaza de toros de las Ventas, secar el estante del retiro y hacer del estafermo de la Peineta un estadio olímpico. Y no ha colado. Supongo que tras el golpe de Buenos Aires diremos definitivamente adiós a esta aventura.

Y ahora ¿qué? Ahora toca reinventarse, empezar a diseñar la imagen de una gran capital del siglo XXI enterrando definitivamente el XIX. Creo que la inversión realiza en los tres intentos de ser sede olímpica han sido rentables para Madrid. El espectacular incremento del turismo en una década lo confirma. Pero ese patrimonio intangible, que tanto dinero y puestos de trabajo crea, está desapareciendo aceleradamente. Madrid empieza a no gustar a los foráneos nacionales e internacionales. Y yo, que vivo en el centro y lo recorro todos los días, lo entiendo. La capital española -bueno, los barrios alrededor de Sol- se degradan exponencialmente. Y es en ellos donde se mueven los visitantes.

El eje de la mierda -Montera, Sol, Carretas, Benavente, Cortezo y Tirso de Molina- es inaudito. La degradación social y medioambiental es de no creérsela. Hace un par de semanas una pareja de amigos de Nueva York me comentaban su incredulidad por el paisaje de puterio, mendicidad, suciedad y manteros que vieron en los alrededores de Sol. Solo pude avergonzarme porque tenían razón. Como la tienen quienes se quejan de las toneladas de mierda que tiene el centro de la Capital de España. He leído en los últimos días que la suciedad es la siempre. Mentira. Es muy superior a la de años anteriores y aumentando.

Hay que forjar de una vez el Madrid del siglo XXI utilizando el enorme potencial que tenemos. Desde el Prado al Palacio Real; desde el Auditorio Nacional al estadio Santiago Bernabeu; desde el Retiro al Madrid Rio. También el de las terrazas, el flamenco y la discoteca. Pero la fórmula alcohol y juerga que estamos ofreciendo empieza a no colar. Hemos perdido miles de turistas en los últimos meses, cuando España registra un incremento histórico de los mismos. Algo estamos haciendo mal. Pero estoy seguro que acabaremos concluyendo, como los paletos, que "ellos se lo pierden". No. Lo pierde nuestra hostelería, nuestro comercio, nuestra restauración, nuestros museos, nuestros teatros y los miles de trabajadores de estos sectores.

Nuestras autoridades fiaron el futuro al milagro de los Juegos Olímpicos mientras el pavimento de la ciudad se resquebraja en miles de puntos. Creyeron que con los Juegos nos transformaríamos en un paraje deslumbrante. Y, mientras, los manteros se han hecho dueños del centro de la ciudad, demostrando la inutilidad de la policía municipal contra ellos. Y lo mismo con la banda de rumanos pedigüeños, de niños ladrones, de carteristas, de cochambrosas estatuas humanas que dan grima con la mugre de sus disfraces. Hemos consentido que las aceras se llenen de terrazas, cachivaches, mobiliario publicitario, contenedores de escombros, tele-saco, haciéndolas impracticables para los paseantes. Se está permitiendo la degradación del centro histórico con establecimientos chirriantes que rompen el paisaje de los siglos XVIII y XIX. Ahí está la Plaza Mayor para demostrarlo.

Mañana mejor que pasado tenemos que sentarnos a intentar frenar este hundimiento, a ponerle remedio, a pensar cómo podemos hacer para que Madrid siga siendo un destino turístico final y no la ciudad en la que, tradicionalmente, se hacía noche camino de Toledo y Segovia.

Pero la imagen de Madrid no depende exclusivamente del Consistorio. Todos y cada uno de nosotros contribuimos a ella. Cuando dejamos la mierda de nuestro perro en plena acera, estamos degradando la ciudad; cuando sacamos la bolsa de basura a las once de la mañana dejándola en cualquier esquina, estamos haciendo Madrid más sucio; cuando meamos o escupimos en cualquier rincón, arruinamos un poco más Madrid; cuando el comerciante siembra su acera con decenas de cajas y cientos de bolsas hace una ciudad más asquerosa. Podría extenderme mucho más hablando de carteles, pegatinas, anuncios en farolas, cabinas, escaparates... Si empezáramos por ensuciar menos tendríamos otro paisaje. Y estaríamos, entonces, más legitimados para denunciar al Ayuntamiento si las calles seguían mal.

Debemos exigir a la Policía Municipal la persecución y sanción de los infractores. Nos agreden a todos. Siempre me sorprende el respeto que los buenos ciudadanos tenemos hacia quienes nos hacen la vida peor. Nadie quiere denunciarlos. Es de chivatos, dicen. Y nos están robando la cartera. Y la oposición política debe dejar de amparar a los infractores con el argumento de que las sanciones son para recaudar. La oposición política debe abandonar su posición de que "cuando peor (esté la ciudad), mejor para nosotros". Los ciudadanos somos los perjudicados y no vamos a votarles por eso. Queremos que TODOS se pongan de acuerdo para recuperar Madrid, para ponerla en la ruta del siglo que vivimos. Ya no vale que nos dejen a nuestra perra suerte y que, cuando haya elecciones, nos digan que ellos lo harán mejor. Queremos que lo hagan mejor aquí y ahora.

Y al Olimpismo, decirle que adiós y que encantado de habernos conocido. Madrid puede ser mucho más.

Antonio Castro

Cronista Oficial de la Villa

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