Los expertos ya preveían un verano duro en materia de incendios, después de un invierno y una primavera con muchas lluvias. Las plantas y el pasto han crecido más de la cuenta y, tras secarse, son la presa perfecta para las llamas. La temporada de fuego se extenderá hasta bien entrado el mes de septiembre. Sin embargo, son las características de los fuegos y no la cantidad lo que está poniendo las cosas difíciles. De hecho, según fuentes de Protección Civil ha habido menos incendios de lo habitual en la región en lo que va de verano. Según fuentes técnicas de Bomberos de la Comunidad de Madrid la altura y continuidad del pasto hacen que una lengua de fuego corra como la pólvora y escale a las copas de los árboles muy rápido. A esta situación ayudan los factores de viento, temperatura y topografía, así como la falta de limpieza de algunas zonas de la región.
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La Comunidad de Madrid posee 1.338 efectivos operativos y 183 vehículos para combatir el fuego. Como novedad, este verano el Cuerpo ha alquilado un hidroavión, ubicado en el aeródromo de Cuatro Vientos, para apoyar operaciones de gran envergadura. Todos los expertos consultados coinciden en que la región cuenta con un equipo humano y material más que suficiente para garantizar la seguridad ante el fuego. De hecho, las grandes intervenciones que han tenido que realizar los bomberos en época estival, exceptuando Valdemorillo, han sido en las comunidades limítrofes con Madrid, que han sido las grandes afectadas por las llamas este año.
Según Mercedes Martín, especialista en investigación de incendios de la Guardia Civil, lo normal es que los grandes fuegos se provoquen por negligencia. En un 72 por ciento de los casos en los que se conoce la causa, es el argumento esgrimido por los incendiarios, según un informe de Greenpeace. Solo el 13 por ciento está producido por pirómanos o personas conflictivas y despechadas. Cabe señalar que no se conoce el origen o la intencionalidad del 47 por ciento de los incendios que se producen en España. Cada año son detenidos una media de tres o cuatro personas por causar incendios. En lo que llevamos de temporada estival, ya han sido detenidos dos pirómanos (el guardia civil que supuestamente provocó las llamas arrasaron cuatro hectáreas de Navas del Rey y se investiga si es responsable de más actos similares; y la gitana que quemaba zonas de rastrojos y basuras en la Cañada Real) y tres obreros que trabajaban con una sierra radial sin la seguridad debida y provocaron la catástrofe de Valdemorillo.
Impacto dominó
Al final, el problema es el coste que tiene el fuego. El último informe ministerial sobre el sector forestal cifra las pérdidas económicas en 3.000 euros por hectárea quemada. Pero la influencia es mucho más profunda. Para Theo Oberhuber, coordinador de Ecologistas en Acción, "el impacto de los incendios es difícilmente cuantificable porque afecta a la actividad relacionada con el ecosistema y a la red natural que sustenta esa actividad". Pérdida de biodiversidad, eliminación de la cobertera de materia orgánica, desertización, mayor emisión de dióxido de carbono a la atmósfera, esterilidad del suelo, pérdida de capacidad de retención de aguas... Un impacto en dominó que se extiende a los humanos. Lourdes Hernández, portavoz del programa forestal de WWF/Adena España, añade los efectos económicos y sociales. "Los incendios atacan a las comunidades que viven del aprovechamiento de los bosques, destruyen el valor paisajístico y turístico de determinados espacios, y destruyen el vínculo de la gente con su entorno. Hay aspectos que ni siquiera son recuperables. La prevención de incendios nos ahorra todo eso. Es una inversión, no un gasto".
En ese sentido, el director general de Medio Ambiente, Ricardo Riquelme, asegura que los tratamientos preventivos de desbroce y mantenimiento de los espacios forestales públicos no se han visto afectados por los recortes. "Están garantizados unos niveles mínimos de tratamiento selvícola que hemos respetado. A su vez, mantenemos las políticas de educación ambiental para mantener los espacios verdes de nuestra región en buenas condiciones. No obstante, siempre hay negligencias y malos usos que hay que perseguir", continúa. Desde el Seprona concluyen que la sensibilización ciudadana está a años luz de la de hace unos años: "La gente es más responsable al proteger el campo y al denunciar. Ya no hay apenas barbacoas ni hogueras. Son conscientes de lo que supone el fuego".
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