La semana pasada la concejala Marisa Ybarra, del Grupo Socialista en el Ayuntamiento de Madrid, denunció el abandono que sufre el distrito Centro de la capital. Un recorrido por algunos puntos del entorno de la Plaza Mayor, Sol y Gran Vía -los más transitados, visitados y fotografiados- muestra un resultado demoledor. Toneladas de escombro, montañas de basura, mobiliario urbano destrozado, abandono de edificios emblemáticos... Unas imágenes que, recogidas por los turistas, proyectarán una visión deplorable sobre nuestra ciudad.
El centro de Madrid está arruinándose a pasos agigantados y no parece que se adopte ninguna medida, salvo parchear el pavimento en zonas como Sol o Carretas. Pero en la plaza Mayor, la misma casa de la Carnicería (municipal) muestra una fachada muy deteriorada. En el arco de la calle Toledo los escombros de una obra proporcionan una imagen poco favorecedora. Claro que es poco comparado con las toneladas de escombros depositadas en contenedores abiertos, en calles tan céntricas como Esparteros, Hortaleza o Pontejos. Y hay fachadas que producen auténtica repugnancia por la acumulación de carteles pegados y chorretones de la cola que se usa para ello. Y qué decir de los árboles secos no retirados, de los destrozos en el pavimento, de los cientos de excrementos de perro, de las pintadas, de los iglus de reciclaje rodeados por toneladas de basura. Si a este panorama de suciedad, escombro y ruina añadimos la invasión de aceras por motos (en anchura menor a tres metros), caballetes de los hosteleros, cientos de mesas de terrazas, decenas de manteros, cubos de basura sacados a cualquier hora o residuos de comercios dejados en la vía pública a cualquier hora también, el panorama echa por tierra cualquier promoción turística o la imagen idílica de una ciudad que aspira a sede olímpica.