Información, deformación y escasa formación ética
viernes 15 de marzo de 2013, 00:00h
Actualizado: 25/03/2013 08:33h
La formación ética persigue la reflexión de los individuos sobre dilemas relacionados con su persona, su práctica profesional y su entorno. En esto pensé cuando estaba sentado en la sala donde el portavoz del Gobierno de la Comunidad de Madrid, Salvador Victoria, da cuenta de lo aprobado en la reunión de cada jueves del Consejo de Gobierno presidido por Ignacio González. Escuchaba las palabras de la consejera de Educación, Lucía Figar, que explicaba la decisión de cambiar los criterios de baremación de las listas de profesores interinos y destacaba que el 86% de los aspirantes a una plaza docente no pasó la prueba de conocimientos. Según seguía exponiendo las razones de esta iniciativa cada vez me sonaba más lo que decía, que se parecía a lo leído horas antes, en la Asamblea de Vallecas, en varios diarios. Parece ser que los asesores habían aconsejado filtrar dicha noticia sólo a los periódicos de papel, dejando fuera agencias prensa, emisoras de radio o canales de televisión. Lo aprobado era información para todos, pero la exclusiva se convirtió en un cuchillo lanzado al corazón de los que se tragaron las explicaciones de Figar, las mismas que ya estaban en las páginas de los diarios escritos en papel. Su dignidad profesional, la de los informadores, y la mía, sufrió al sentirnos menospreciados por acudir a una rueda de prensa con la careta de gilipollas colocada sin saberlo. Lo que me pedía el cuerpo era levantarme y marcharme como tirón de orejas a quien corresponda por algo deformado y con escasa formación ética. Si deformar es hacer que algo pierda su forma regular o natural, nosotros los ‘plumillas’ hemos perdido, con este pasote estratégico, nuestra natural manera de ejercer nuestra actividad. Dicen que filtran a quien les da la gana. Es verdad, cada uno puede repartir con quien camele, pero esto no es la iniciativa de un informador que se adelanta a lo que será aprobado y consigue una exclusiva, sino la decisión de los que reparten de una manera peculiar la información institucional, deformando el derecho de todos a dar cuenta de lo que se sabe y discriminado ante la aprobación de una iniciativa para mejorar la formación de los que forman a nuestros estudiantes que ya había sido publicada por los periódicos. Éramos una docena de informadores y menos los que ya lo habían publicado, el resto no supimos reaccionar dejando constancia de nuestro mosqueo. Yo tampoco me levanté, pero no he podido aguantar más y ahora grito a favor del derecho a la información y expongo mi rechazo a la deformación y mi amor por la formación ética de los ciudadanos.